El color de mi piel es gris oscuro
y me encanta.
Me gustan también todos los colores del arco iris.
Pero a la gente no, a la gente no le gusta mi color.
Muchas veces he pensado que ni siquiera es gris oscuro
que "gris oscuro" es un concepto, un nombre,
pero que mi color es más incómodo para ellos que el gris oscuro.
El punto es que sé desde hace muchos años que a nadie le va a gustar.
Tal vez les agrade mi compañía o si bien resulta, mi forma de pensar,
tal vez no encontraron a nadie más agradable en ese momento,
pero cuando ven las cosas que hago,
es muy probable que prefieran voltear a otra parte.
Eso es una buena señal.
También lo he aprendido.
Si a nadie le gustas, significa que no estás tan hundido en la vulgaridad,
que tal vez tengas una propuesta nueva o en verdad diferente.
Por supuesto, no me cambiaría de color sólo para ser como alguien más,
porque sería un suicidio.
Sin embargo, no puede uno dejar de pensar a veces
que es un poco injusto recibir ese trato de rechazo,
y de querer impugnar.
En el fondo sé que eso casi siempre también será inútil.
jueves, 26 de mayo de 2011
lunes, 23 de mayo de 2011
Cuando veo a una pareja mirándose, besándose, tocándose con amor
(algo raro, por cierto),
me acuerdo de lo feliz que soy son ella.
Me alegro por nosotros: por ella y por mí, y por ellos dos,
y les deseo felicidad y largo amor inmortal.
Eso es lo mejor de la humanidad.
Eso debe pervivir y crecer,
en lugar de tanto miedo, odio, vanidad, ignorancia.
Basta de tanques, de miseria, de lujo.
Amor.
Palabra crucificada y vendida.
Amor.
Acción ignorada por muchos.
Amor.
Vida. Alegría. Rescate.
(algo raro, por cierto),
me acuerdo de lo feliz que soy son ella.
Me alegro por nosotros: por ella y por mí, y por ellos dos,
y les deseo felicidad y largo amor inmortal.
Eso es lo mejor de la humanidad.
Eso debe pervivir y crecer,
en lugar de tanto miedo, odio, vanidad, ignorancia.
Basta de tanques, de miseria, de lujo.
Amor.
Palabra crucificada y vendida.
Amor.
Acción ignorada por muchos.
Amor.
Vida. Alegría. Rescate.
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miércoles, 11 de mayo de 2011
Fragmentos del Eclesiastés
A continuación unos fragmentos del libro del Eclesiastés, perteneciente a la Biblia. Este libro, como varios más de la Biblia, tiene influencia de la filosofía griega, en este caso posiblemente estoica y epicúrea.
1:4 Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece.
1:7 Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.
1:10 ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.
1:11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.
2:10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena.
2:11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.
2:12 Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho.
2:13 Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas.
2:24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios.
3:1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
3:2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
3:3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;
3:4 tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
3:5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;
3:6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;
3:7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
3:8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
3:9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?
3:10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.
3:11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.
3:12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;
3:13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.
4:6 Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.
4:7 Yo me volví otra vez, y vi vanidad debajo del sol.
4:8 Está un hombre solo y sin sucesor, que no tiene hijo ni hermano; pero nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se sacian de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.
4:9 Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.
4:10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.
4:11 También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo?
4:12 Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.
4:13 Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio que no admite consejos;
4:14 porque de la cárcel salió para reinar, aunque en su reino nació pobre.
4:15 Vi a todos los que viven debajo del sol caminando con el muchacho sucesor, que estará en lugar de aquél.
4:16 No tenía fin la muchedumbre del pueblo que le seguía; sin embargo, los que vengan después tampoco estarán contentos de él. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu.
5:5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.
7:9 No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.
9:7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.
9:8 En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.
9:9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.
9:10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.
9:11 Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.
9:12 Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.
9:13 También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande:
9:14 una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes;
9:15 y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre.
9:16 Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.
9:17 Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del señor entre los necios.
9:18 Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien.
12:11 Las palabras de los sabios son como aguijones
1:4 Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece.
1:7 Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo.
1:10 ¿Hay algo de que se puede decir: He aquí esto es nuevo? Ya fue en los siglos que nos han precedido.
1:11 No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.
2:10 No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena.
2:11 Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.
2:12 Después volví yo a mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; porque ¿qué podrá hacer el hombre que venga después del rey? Nada, sino lo que ya ha sido hecho.
2:13 Y he visto que la sabiduría sobrepasa a la necedad, como la luz a las tinieblas.
2:24 No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma se alegre en su trabajo. También he visto que esto es de la mano de Dios.
3:1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
3:2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
3:3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;
3:4 tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
3:5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;
3:6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;
3:7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
3:8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
3:9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?
3:10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.
3:11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.
3:12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;
3:13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.
4:6 Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.
4:7 Yo me volví otra vez, y vi vanidad debajo del sol.
4:8 Está un hombre solo y sin sucesor, que no tiene hijo ni hermano; pero nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se sacian de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.
4:9 Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.
4:10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.
4:11 También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo?
4:12 Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.
4:13 Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio que no admite consejos;
4:14 porque de la cárcel salió para reinar, aunque en su reino nació pobre.
4:15 Vi a todos los que viven debajo del sol caminando con el muchacho sucesor, que estará en lugar de aquél.
4:16 No tenía fin la muchedumbre del pueblo que le seguía; sin embargo, los que vengan después tampoco estarán contentos de él. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu.
5:5 Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas.
7:9 No te apresures en tu espíritu a enojarte; porque el enojo reposa en el seno de los necios.
9:7 Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios.
9:8 En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.
9:9 Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.
9:10 Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.
9:11 Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.
9:12 Porque el hombre tampoco conoce su tiempo; como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se enredan en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.
9:13 También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande:
9:14 una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes;
9:15 y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre.
9:16 Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.
9:17 Las palabras del sabio escuchadas en quietud, son mejores que el clamor del señor entre los necios.
9:18 Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien.
12:11 Las palabras de los sabios son como aguijones
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lunes, 9 de mayo de 2011
Aceptar el dolor
En Occidente aceptar el dolor no es algo bien visto por lo general, ni en la mentalidad tradicional ni en la moderna. En la tradicional se confunde aceptar el dolor con ser resignado en la vida, lo que puede tener un valor positivo desde el punto de vista cristiano; en la mentalidad moderna, aceptar el dolor sencillamente es inadmisible, pues la vida pretende estar inserta siempre en el comfort. Sin embargo, aceptar el dolor cuando no se ha podido evitar resulta lo más adecuado. No es resignarse y ser sumiso, pues ya se hizo algo o todo para evitarlo, tampoco es evadirse con drogas diversas que en realidad no lo erradican. Aceptar el dolor cuando no se ha podido evitar es fortalecernos y saber que el dolor no es en realidad lo más terrible de la vida (hay cosas peores, como hacer algo que no se quiere, tener una vida indiferente para uno mismo o ser totalmente dependiente); se puede superar y se puede aprender del dolor. Esta enseñanza la han dejado varias filosofías orientales.
lunes, 2 de mayo de 2011
A nadie le gusta mucho lo que haces

Siguiendo la tradición de Michel de Montaigne, escribiré sobre mí mismo, como suelo hacer. Siendo muy pesimistas (como a veces soy), supongamos que a nadie le gusta, o a nadie le gusta mucho lo que uno hace. Lo ignoran o prefieren otras cosas y otras personas. No que eso suceda en todo o en lo más importante, pero sí quizá en algo. Puede surgir un sentimiento parecido a la envidia. No tanto que se envidie a otro por cómo es en sí, sino por la atención que recibe por x persona o personas. Si no surge la envidia, surge otra cosa igualmente nefasta, que es simplemente el enojo o la tristeza de no recibir la atención que uno consideraría necesaria. Por ejemplo este blog, que poquísima gente ha comentado jaja.
La otra cosa que podría suceder es que tal vez sí les guste, pero no reaccionan como nosotros creemos que deberían de reaccionar. Ahí el problema es querer adaptar la realidad a nuestra idea de lo que debe ser, y eso es ingenuo.
Aquí están presentes los 3 venenos del alma según los budistas: la ilusión, el ego y el enojo, como me decía mi amor el otro día.
La ilusión al darle importancia a algo que no debiera tenerla; el ego al querer llamar la atención; el enojo al no conseguirlo.
Dichas ideas y emociones deben entonces ser extinguidas si no se quiere sufrir más y aumentar los problemas.
Quizá no es fácil extinguirlas en el momento en que se presentan, pues por lo general son fuertes. Ayuda mucho el estar conscientes de ellas y de su maldad. Ayuda a evitar que crezcan, pero a veces no es suficiente para impedir del todo que surjan o para evitar que nos sintamos mal. Ayudaría no dejarlas hablar y tratar de ignorarlas, dejando que la emoción se vaya sola y recapacitar sobre eso en lugar de dejarse llevar.
Ayuda pensar en la soledad como algo positivo y en la indiferencia ajena como algo indiferente para uno. Esto tampoco es fácil, sobre todo cuando estamos hablando de la atención de un ser amado. Pero quizás hay que hacerlo en esos casos.
No sólo hay que hacer las cosas por convicción y gusto individuales, sino también sin mucha esperanza de que a alguien más le gusten.
Uno podría argumentar páginas sobre por qué lo nuestro es tan bueno o mejor que lo otro que les gusta, pero en el fondo es tonto, no porque no sea cierto, sino porque lo que mueve esa reflexión son los venenos.
Si nos gusta hacer algo, no deberíamos necesitar nada más para estar muy satisfechos. Deberíamos poder individualizar ese placer y no esperar que alguien más lo comparta (aunque pueda ser muy agradable que eso suceda), aunque seamos seres sociales.
Si tenemos en gran estima lo que hacemos y somos, no necesitamos que nadie lo reconozca, no debemos adoptar una postura lastimera ni tampoco una soberbia. A mí me gusta lo que hago, si a nadie le gusta o si le gusta a alguien más, a una persona en especial, a un grupo o a media humanidad, eso es en verdad secundario. No me interesa decir que lo que hago es mejor o peor que lo de otros, pues si pensara eso estaría compitiendo, además sobre algo absurdo y relativo, y le estaría dando importancia en el fondo al juicio de los demás, encubierto de la pseudo objetividad que determinaría qué es mejor. Es eso lo que debemos trabajar: la estima de lo que hacemos y somos, el andar alegre y despreocupado de esas nimiedades en las que nos han mal educado.
viernes, 29 de abril de 2011
Fragmentos de la Carta para Arias Montano
Los siguientes fragmentos de Francisco de Aldana (1537-1578) pertenecen al poema que le escribió a Benito Arias Montano (1527-1598), humanista, biblista y biólogo. No claudico de mi ateísmo a pesar de las referencias cristianas de este poema. Lo que para Aldana es Dios, para mí es la iluminación.
(...)
Pienso torcer de la común carrera
que sigue el vulgo y caminar derecho
jornada de mi patria verdadera;
entrarme en el secreto de mi pecho
y platicar en él mi interior hombre,
dó va, dó está, si vive, o qué se ha hecho.
Y porque vano error más no me asombre,
en algún alto y solitario nido
pienso enterrar mi ser, mi vida y nombre
y, como si no hubiera acá nacido,
estarme allá, cual Eco, replicando
al dulce son de Dios, del alma oído.
(...)
En tierra o en árbol hoja algún bullicio
no hace que, al moverse, ella no encuentra
en nuevo y para Dios grato ejercicio;
y como el fuego saca y desencentra
oloroso licor por alquitara
del cuerpo de la rosa que en ella entra,
así destilará, de la gran cara
del mundo, inmaterial varia belleza
con el fuego de amor que la prepara;
y pasará de vuelo a tanta alteza
que, volviéndose a ver tan sublimada,
su misma olvidará naturaleza,
cuya capacidad ya dilatada
allá verná do casi ser le toca
en su primera causa transformada.
(...)
No tiene que buscar los resplandores
del sol quien de su luz anda cercado,
ni el rico abril pedir hierbas y flores;
pues no mejor el húmedo pescado
dentro del abismo está del oceano,
cubierto del humor grave y salado,
que el alma, alzada sobre el curso humano,
queda, sin ser curiosa o diligente,
el íntimo calor que en él se siente.
Digo que puesta el alma en su sosiego
espere a Dios, cual ojo que cayendo
se va sabrosamente al sueño ciego,
que al que trabaja por quedar durmiendo,
esa misma inquietud destrama el hilo
del sueño, que se da no le pidiendo.
Ella verá, con desusado estilo,
toda regarse, y regalarse junto,
de un salido de Dios sagrado Nilo;
recogida su luz toda en un punto,
aquella mirará de quien es ella
indignamente imagen y trasunto
y, cual de amor la matutina estrella
dentro del abismo del eterno día,
toda se cubrirá luciente y bella.
Como la hermosísima judía
que, llena de doncel, novicio espanto,
viendo Isaac que para sí venía,
dejó cubrir el rostro con el manto,
y descendida presto del camello
recoge humilde al novio casto y santo,
disponga el alma así con Dios hacello
y de su presunción descienda altiva,
cubierto el rostro y reclinado el cuello,
y aquella sacrtosanta virtud viva,
única, creadora y redentora,
con profunda humildad en sí reciba.
(...)
Un monte dicen que hay sublime y alto,
tanto que, al parecer, la excelsa cima
al cielo muestra dar glorioso asalto
y que el pastor, con su ganado, encima,
debajo de sus pies correr el trueno
ve dentro el nubiloso, helado clima,
y en el puro, vital aire sereno
va respirando allá, libre y exento,
casi nuevo lugar, del mundo ajeno,
sin que le impidael desmandado viento,
el trabado granizo, el suelto rayo,
ni el de la tierra grueso, húmedo aliento.
Todo es tranquilidad de fértil mayo,
purísima del sol templada lumbre,
de hielo o de calor sin triste ensayo
Pareces tú, Montano, a la gran cumbre
deste gran monte, pues vivir contigo
es muerte de la misma pesadumbre,
es un poner debajo a su enemigo:
de la soberbia el trueno estar mirando
cuál va descomponiendo al más amigo,
las nubes de la envidia descargando
ver, de murmuración duro granizo,
de vanagloria el viento andar soplando,
y de lujuria el rayo encontradizo,
de acidia el grueso aliento y de avaricia,
con lo demás que el padre antiguo hizo;
y desta turba vil que el mundo envicia
descargado, gozar cuanto ilustrare
el sol en ti de gloria y de justicia.
El alma que contigo se juntare
cierto reprimirá cualquier deseo
que contra el propio bien la vida encare
(...)
Quiero también, Montano, entre otras cosas,
no lejos descubrir de nuestro nido
el alto mar, con ondas bulliciosas:
dos elementos ver, uno movido
del aéreo desdén, otro fijado,
sobre su mismo peso establecido;
ver uno desigual, otro igualado,
de mi colores éste, aquél mostrando
el claro azul del cielo no nublado.
Bajaremos allá de cuando en cuando,
altas y ponderadas maravillas
en recíproco amor juntos tratando.
Verás por ls marítimas orillas
la espumosa resaca entre el arena
bruñir mil blancas conchas y lucillas,
en quien hiriendo el sol con luz serena,
echan como de sí nuevos resoles
do el rayo visual su curso enfrena.
Verás mil retorcidas caracoles,
mil bucios istrïados, con señales
y pintas de lustrosos arreboles:
los unos del color de los corales,
los otros de la luz que el sol represa
en los pintados arcos celestiales,
de varia operación, de varia empresa,
despidiendo de sí como centellas,
en rica mezcla de oro y de turquesa.
Cualquiera especie producir de aquéllas
verás (lo que en la tierra no acontece)
pequeñas en extremo y grandes dellas,
donde el secreto, artificioso pece
pegado está, y en otros despegarse
suele y al mar salir, si le parece,
(por cierto, cosa dina de admirarse
tan menudo animal sin niervo y hueso
encima tan gran máquina arrastrarse,
crïar el agua un cuerpo tan espeso
como la concha, casi fuerte muro
reparador de todo caso avieso,
todo de fuera peñascoso y duro,
liso de dentro, que al salir injuria
no haga a su señor tratable y puro),
el nácar, el almeja y la purpuria
venera, con matices luminosos
que acá y allá del mar siguen la furia.
¡Ver los marinos riscos cavernosos
por alto y bajo en varia forma abiertos,
do encuentran mil embates espumosos;
los peces acudir por sus inciertos
caminos con agalla purpurina,
de escamoso cristal todos cubiertos!
También verás correr por la marina,
con sus airosas tocas, sesga y presta,
la nave, a lejos climas peregrina.
Verás encaramar la comba cresta
del líquido elemento a los extremos
de la helada región, al fuego opuesta;
los salados abismos miraremos
entre dos sierras de agua abrir cañada,
que de temor Carón suelta sus remos.
(...)
Pienso torcer de la común carrera
que sigue el vulgo y caminar derecho
jornada de mi patria verdadera;
entrarme en el secreto de mi pecho
y platicar en él mi interior hombre,
dó va, dó está, si vive, o qué se ha hecho.
Y porque vano error más no me asombre,
en algún alto y solitario nido
pienso enterrar mi ser, mi vida y nombre
y, como si no hubiera acá nacido,
estarme allá, cual Eco, replicando
al dulce son de Dios, del alma oído.
(...)
En tierra o en árbol hoja algún bullicio
no hace que, al moverse, ella no encuentra
en nuevo y para Dios grato ejercicio;
y como el fuego saca y desencentra
oloroso licor por alquitara
del cuerpo de la rosa que en ella entra,
así destilará, de la gran cara
del mundo, inmaterial varia belleza
con el fuego de amor que la prepara;
y pasará de vuelo a tanta alteza
que, volviéndose a ver tan sublimada,
su misma olvidará naturaleza,
cuya capacidad ya dilatada
allá verná do casi ser le toca
en su primera causa transformada.
(...)
No tiene que buscar los resplandores
del sol quien de su luz anda cercado,
ni el rico abril pedir hierbas y flores;
pues no mejor el húmedo pescado
dentro del abismo está del oceano,
cubierto del humor grave y salado,
que el alma, alzada sobre el curso humano,
queda, sin ser curiosa o diligente,
el íntimo calor que en él se siente.
Digo que puesta el alma en su sosiego
espere a Dios, cual ojo que cayendo
se va sabrosamente al sueño ciego,
que al que trabaja por quedar durmiendo,
esa misma inquietud destrama el hilo
del sueño, que se da no le pidiendo.
Ella verá, con desusado estilo,
toda regarse, y regalarse junto,
de un salido de Dios sagrado Nilo;
recogida su luz toda en un punto,
aquella mirará de quien es ella
indignamente imagen y trasunto
y, cual de amor la matutina estrella
dentro del abismo del eterno día,
toda se cubrirá luciente y bella.
Como la hermosísima judía
que, llena de doncel, novicio espanto,
viendo Isaac que para sí venía,
dejó cubrir el rostro con el manto,
y descendida presto del camello
recoge humilde al novio casto y santo,
disponga el alma así con Dios hacello
y de su presunción descienda altiva,
cubierto el rostro y reclinado el cuello,
y aquella sacrtosanta virtud viva,
única, creadora y redentora,
con profunda humildad en sí reciba.
(...)
Un monte dicen que hay sublime y alto,
tanto que, al parecer, la excelsa cima
al cielo muestra dar glorioso asalto
y que el pastor, con su ganado, encima,
debajo de sus pies correr el trueno
ve dentro el nubiloso, helado clima,
y en el puro, vital aire sereno
va respirando allá, libre y exento,
casi nuevo lugar, del mundo ajeno,
sin que le impidael desmandado viento,
el trabado granizo, el suelto rayo,
ni el de la tierra grueso, húmedo aliento.
Todo es tranquilidad de fértil mayo,
purísima del sol templada lumbre,
de hielo o de calor sin triste ensayo
Pareces tú, Montano, a la gran cumbre
deste gran monte, pues vivir contigo
es muerte de la misma pesadumbre,
es un poner debajo a su enemigo:
de la soberbia el trueno estar mirando
cuál va descomponiendo al más amigo,
las nubes de la envidia descargando
ver, de murmuración duro granizo,
de vanagloria el viento andar soplando,
y de lujuria el rayo encontradizo,
de acidia el grueso aliento y de avaricia,
con lo demás que el padre antiguo hizo;
y desta turba vil que el mundo envicia
descargado, gozar cuanto ilustrare
el sol en ti de gloria y de justicia.
El alma que contigo se juntare
cierto reprimirá cualquier deseo
que contra el propio bien la vida encare
(...)
Quiero también, Montano, entre otras cosas,
no lejos descubrir de nuestro nido
el alto mar, con ondas bulliciosas:
dos elementos ver, uno movido
del aéreo desdén, otro fijado,
sobre su mismo peso establecido;
ver uno desigual, otro igualado,
de mi colores éste, aquél mostrando
el claro azul del cielo no nublado.
Bajaremos allá de cuando en cuando,
altas y ponderadas maravillas
en recíproco amor juntos tratando.
Verás por ls marítimas orillas
la espumosa resaca entre el arena
bruñir mil blancas conchas y lucillas,
en quien hiriendo el sol con luz serena,
echan como de sí nuevos resoles
do el rayo visual su curso enfrena.
Verás mil retorcidas caracoles,
mil bucios istrïados, con señales
y pintas de lustrosos arreboles:
los unos del color de los corales,
los otros de la luz que el sol represa
en los pintados arcos celestiales,
de varia operación, de varia empresa,
despidiendo de sí como centellas,
en rica mezcla de oro y de turquesa.
Cualquiera especie producir de aquéllas
verás (lo que en la tierra no acontece)
pequeñas en extremo y grandes dellas,
donde el secreto, artificioso pece
pegado está, y en otros despegarse
suele y al mar salir, si le parece,
(por cierto, cosa dina de admirarse
tan menudo animal sin niervo y hueso
encima tan gran máquina arrastrarse,
crïar el agua un cuerpo tan espeso
como la concha, casi fuerte muro
reparador de todo caso avieso,
todo de fuera peñascoso y duro,
liso de dentro, que al salir injuria
no haga a su señor tratable y puro),
el nácar, el almeja y la purpuria
venera, con matices luminosos
que acá y allá del mar siguen la furia.
¡Ver los marinos riscos cavernosos
por alto y bajo en varia forma abiertos,
do encuentran mil embates espumosos;
los peces acudir por sus inciertos
caminos con agalla purpurina,
de escamoso cristal todos cubiertos!
También verás correr por la marina,
con sus airosas tocas, sesga y presta,
la nave, a lejos climas peregrina.
Verás encaramar la comba cresta
del líquido elemento a los extremos
de la helada región, al fuego opuesta;
los salados abismos miraremos
entre dos sierras de agua abrir cañada,
que de temor Carón suelta sus remos.
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jueves, 28 de abril de 2011
Crítica a la poligamia y también al matrimonio
En varias ocasiones he expuesto mis ideas sobre estos temas (aunque también es cierto que han cambiado), por lo que esta vez lo haré de manera breve.
Crítica al matrimonio
El problema no es que dos sujetos decidan ser monógamos, sino que sean presionados para eso, y reciban la "bendición" de la iglesia, el Estado y la sociedad. También lo es que prometan algo que quién sabe si cumplirán, porque además el amor no se promete, es absurdo. El amor implica compromiso, con uno y con el otro, pero compromiso no es lo mismo que promesa. Además de esto, el matrimonio, en buena medida por todo lo dicho, suele convertirse en algo en mayor o menor medida empobrecedor de los sujetos, que se sienten encadenados por múltiples cosas.
Crítica a la poligamia
Algunos han dicho que la poligamia es natural en el ser humano, otros lo han dicho de la monogamia, aunque últimamente ha cobrado más fuerza la primera idea. Lo cierto es que puede haber muchas cosas "naturales" que no por eso se deben seguir, pues por eso tenemos voluntad (aunque tampoco estoy diciendo que se deba artificializar todo). Los instintos son naturales, pero eso no significa que debamos seguirlos siempre, pues sería contraproducente en varios casos. ¿Qué pasa con la homosexualidad, por ejemplo, que los conservadores siempre han llamado "antinatural"? ¿Todos debemos ser heterosexuales para no contravenir la naturaleza? El argumento de la naturaleza no es natural..., y por otro lado, no es tampoco necesariamente libertario ni ecologista.
Michel Onfray y varios critican al matrimonio por razones como las arriba expuestas. El filósofo francés dice que es imposible ser monógamo siempre, que tarde o temprano todos dejaremos de serlo, o de otro modo la monogamia sería una cárcel, sería represión. Antes me parecía muy convincente, pero ahora creo que no toda la monogamia es como Onfray la pinta. Él, como muchos, es producto de una sociedad cristiana decadente y a la vez del 68 que luchaba por la liberación de todo... Pero creo que si pudiéramos pensar y vivir la monogamia de otra manera, lejos de la norma social y cristiana, podríamos juzgarla de manera más racional, menos impulsiva y más justa. No se trata de prohibir la poligamia. Entre adultos no se pueden prohibir esas cosas unos a otros, y si se intenta trae pésimos resultados.
Es una falacia que la monogamia es amor, pero es igualmente una falacia que la polgamia es libertad. Quizá poligamia y monogamia son dos caras de la misma moneda. La pregunta es, ¿el amor lleva a la monogamia cuando está en cierto grado de intensidad o de profundiad, sinceridad y valor?
Se dice que se debe ser valiente para ser polígamo, ¿pero no se debe ser valiente también, quizás aún más, para ser monógamo en una sociedad de consumo y desecho como la nuestra? Valiente para rechazar, valiente para llegar a cimas poco exploradas por el común de las personas, para decantar la carne y el espíritu.
Crítica al matrimonio
El problema no es que dos sujetos decidan ser monógamos, sino que sean presionados para eso, y reciban la "bendición" de la iglesia, el Estado y la sociedad. También lo es que prometan algo que quién sabe si cumplirán, porque además el amor no se promete, es absurdo. El amor implica compromiso, con uno y con el otro, pero compromiso no es lo mismo que promesa. Además de esto, el matrimonio, en buena medida por todo lo dicho, suele convertirse en algo en mayor o menor medida empobrecedor de los sujetos, que se sienten encadenados por múltiples cosas.
Crítica a la poligamia
Algunos han dicho que la poligamia es natural en el ser humano, otros lo han dicho de la monogamia, aunque últimamente ha cobrado más fuerza la primera idea. Lo cierto es que puede haber muchas cosas "naturales" que no por eso se deben seguir, pues por eso tenemos voluntad (aunque tampoco estoy diciendo que se deba artificializar todo). Los instintos son naturales, pero eso no significa que debamos seguirlos siempre, pues sería contraproducente en varios casos. ¿Qué pasa con la homosexualidad, por ejemplo, que los conservadores siempre han llamado "antinatural"? ¿Todos debemos ser heterosexuales para no contravenir la naturaleza? El argumento de la naturaleza no es natural..., y por otro lado, no es tampoco necesariamente libertario ni ecologista.
Michel Onfray y varios critican al matrimonio por razones como las arriba expuestas. El filósofo francés dice que es imposible ser monógamo siempre, que tarde o temprano todos dejaremos de serlo, o de otro modo la monogamia sería una cárcel, sería represión. Antes me parecía muy convincente, pero ahora creo que no toda la monogamia es como Onfray la pinta. Él, como muchos, es producto de una sociedad cristiana decadente y a la vez del 68 que luchaba por la liberación de todo... Pero creo que si pudiéramos pensar y vivir la monogamia de otra manera, lejos de la norma social y cristiana, podríamos juzgarla de manera más racional, menos impulsiva y más justa. No se trata de prohibir la poligamia. Entre adultos no se pueden prohibir esas cosas unos a otros, y si se intenta trae pésimos resultados.
Es una falacia que la monogamia es amor, pero es igualmente una falacia que la polgamia es libertad. Quizá poligamia y monogamia son dos caras de la misma moneda. La pregunta es, ¿el amor lleva a la monogamia cuando está en cierto grado de intensidad o de profundiad, sinceridad y valor?
Se dice que se debe ser valiente para ser polígamo, ¿pero no se debe ser valiente también, quizás aún más, para ser monógamo en una sociedad de consumo y desecho como la nuestra? Valiente para rechazar, valiente para llegar a cimas poco exploradas por el común de las personas, para decantar la carne y el espíritu.
martes, 26 de abril de 2011
Haikus de estudiantes 2
Amor profundo
como agua de río
llena los mares.
Jocelin García M.
Olas que retumban
sobre lo oscuro
de un coral
Diego Yobany Amaya Valencia
La princesa feliz
pensando eso
príncipe amoroso
Josué Eduardo De los Santos Cruz
Tu sonrisa es asombrosa
se parece a una rosa
Lissete Jazmín Padilla García
Con las hermosas aletas
nada contento el pez
dentro de la larga laguna
Fanny Huertas
El dragón sopla
el gran fuego
de la vida.
Gerardo Carmona
En un puente peatonal
pensando qué hice mal
cuando otro fue el animal.
Yatzareth Romero Olmos
El perro en la banqueta
orinando el poste.
Gerardo Torres Pineda
La lagartija
en la pared
haciendo lagartijas.
José Antonio Madrigal Zumano
En mis suspiros un latido
en mi latido un sufrir.
Melissa Madrigal Rodríguez
Las tortugas en la arena
haciendo carreras.
Maricruz Gómez Ortuño
como agua de río
llena los mares.
Jocelin García M.
Olas que retumban
sobre lo oscuro
de un coral
Diego Yobany Amaya Valencia
La princesa feliz
pensando eso
príncipe amoroso
Josué Eduardo De los Santos Cruz
Tu sonrisa es asombrosa
se parece a una rosa
Lissete Jazmín Padilla García
Con las hermosas aletas
nada contento el pez
dentro de la larga laguna
Fanny Huertas
El dragón sopla
el gran fuego
de la vida.
Gerardo Carmona
En un puente peatonal
pensando qué hice mal
cuando otro fue el animal.
Yatzareth Romero Olmos
El perro en la banqueta
orinando el poste.
Gerardo Torres Pineda
La lagartija
en la pared
haciendo lagartijas.
José Antonio Madrigal Zumano
En mis suspiros un latido
en mi latido un sufrir.
Melissa Madrigal Rodríguez
Las tortugas en la arena
haciendo carreras.
Maricruz Gómez Ortuño
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Algunos capítulos de Así hablaba Zaratustra
Federico Nietzsche
De las tres transformaciones
Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.
Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, de carga, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas.
¿Qué es pesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que lo carguen bien. ¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta el espíritu de carga, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije. ¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría?
¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador?
¿O acaso es: alimentarse de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad? ¿O acaso es: estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres?
¿O acaso es: sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de sí las frías ranas y los calientes sapos?
¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos miedo?
Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu de carga: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.
Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa y ser señor en su propio desierto.
Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria.
¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios?
«Tú debes» se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice «yo quiero».
«Tú debes» le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una de sus escamas brilla áureamente «¡Tú debes!».
Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: «todos los valores de las cosas - brillan en mí».
«Todos los valores han sido ya creados, y yo soy - todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún “Yo quiero!”» Así habla el dragón.
Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?
Crear valores nuevos - tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear - eso sí es capaz de hacerlo el poder del león.
Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león.
Tomarse el derecho de nuevos valores - ése es el tomar más horrible para un espíritu de carga y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.
En otro tiempo el espíritu amó el «Tú debes» como su cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de su amor: para ese robo se precisa el león.
Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?
Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.
Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.
Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.
Del amor al prójimo
Vosotros os apretujáis alrededor del prójimo y tenéis hermosas palabras para expresar ese vuestro apretujaros. Pero yo os digo: vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor a vosotros mismos.
Cuando huis hacia el prójimo huís de vosotros mismos, y quisierais hacer de eso una virtud: pero yo conozco vuestro «desinterés».
El tú es más antiguo que el yo; el tú ha sido santificado, pero el yo, todavía no: por eso corre el hombre hacia el prójimo.
¿Os aconsejo yo el amor al prójimo? ¡Prefiero aconsejaros la huida del prójimo y el amor al lejano!
Más elevado que el amor al prójimo es el amor al lejano y al venidero; más elevado que el amor a los hombres es el amor a las cosas y a los fantasmas.
Ese fantasma que corre delante de ti, hermano mío, es más bello que tú; ¿por qué no le das tu carne y tus huesos ? Pero tú tienes miedo y corres hacia tu prójimo.
No conseguís soportaros a vosotros mismos y no os amáis bastante: por eso queréis seducir al prójimo a que ame, y doraros a vosotros con su error.
Yo quisiera que no soportaseis a ninguna clase de prójimo ni a sus vecinos; así tendríais que crear, sacándolo de vosotros mismos, vuestro amigo y su corazón exuberante.
Invitáis a un testigo cuando queréis hablar bien de vosotros mismos; y una vez que lo habéis seducido a pensar bien de vosotros, también vosotros mismos pensáis bien de vosotros.
No miente tan sólo aquel que habla en contra de lo que sabe, sino ante todo aquel que habla en contra de lo que no sabe. Y así es como vosotros habláis de vosotros en sociedad, y, al mentiros a vosotros, mentís al vecino.
Así habla el necio: «el trato con hombres estropea el carácter, especialmente si no se tiene ninguno».
El uno va al prójimo porque se busca a sí mismo, y el otro, porque quisiera perderse.
Vuestro mal amor a vosotros mismos es lo que os trueca la soledad en prisión.
Los más lejanos son los que pagan vuestro amor al prójimo; y en cuanto os juntáis cinco, siempre tiene que morir un sexto.
Yo no amo tampoco vuestras fiestas: demasiados comediantes he encontrado siempre en ellas, y también los espectadores se comportaban a menudo como comediantes.
Yo no os enseño el prójimo, sino el amigo. Sea el amigo para vosotros la fiesta de la tierra y un presentimiento del superhombre.
Yo os enseño el amigo y su corazón rebosante. Pero hay que saber ser una esponja si se quiere ser amado por corazones rebosantes.
Yo os enseño el amigo en el que el mundo se encuentra ya acabado, como una copa del bien, - el amigo creador, que siempre tiene un mundo acabado que regalar.
Y así como el mundo se desplegó para él, así volverá a plegársele en anillos, como el devenir del bien por el mal, como el devenir de las finalidades surgiendo del azar.
El futuro y lo lejano sean para ti la causa de tu hoy: en tu amigo debes amar al superhombre como causa de ti.
Hermanos míos, yo no os aconsejo el amor al prójimo: yo os aconsejo el amor al lejano.
Así habló Zaratustra.
De las tres transformaciones
Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se convierte en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.
Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, de carga, en el que habita la veneración: su fortaleza demanda cosas pesadas, e incluso las más pesadas de todas.
¿Qué es pesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, igual que el camello, y quiere que lo carguen bien. ¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta el espíritu de carga, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije. ¿Acaso no es: humillarse para hacer daño a la propia soberbia? ¿Hacer brillar la propia tontería para burlarse de la propia sabiduría?
¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador?
¿O acaso es: alimentarse de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad? ¿O acaso es: estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres?
¿O acaso es: sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de sí las frías ranas y los calientes sapos?
¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian y tender la mano al fantasma cuando quiere causarnos miedo?
Con todas estas cosas, las más pesadas de todas, carga el espíritu de carga: semejante al camello que corre al desierto con su carga, así corre él a su desierto.
Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: en león se transforma aquí el espíritu, quiere conquistar su libertad como se conquista una presa y ser señor en su propio desierto.
Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, con el gran dragón quiere pelear para conseguir la victoria.
¿Quién es el gran dragón, al que el espíritu no quiere seguir llamando señor ni dios?
«Tú debes» se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león dice «yo quiero».
«Tú debes» le cierra el paso, brilla como el oro, es un animal escamoso, y en cada una de sus escamas brilla áureamente «¡Tú debes!».
Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: «todos los valores de las cosas - brillan en mí».
«Todos los valores han sido ya creados, y yo soy - todos los valores creados. ¡En verdad, no debe seguir habiendo ningún “Yo quiero!”» Así habla el dragón.
Hermanos míos, ¿para qué se precisa que haya el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia de carga, que renuncia a todo y es respetuosa?
Crear valores nuevos - tampoco el león es aún capaz de hacerlo: mas crearse libertad para un nuevo crear - eso sí es capaz de hacerlo el poder del león.
Crearse libertad y un no santo incluso frente al deber: para ello, hermanos míos, es preciso el león.
Tomarse el derecho de nuevos valores - ése es el tomar más horrible para un espíritu de carga y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.
En otro tiempo el espíritu amó el «Tú debes» como su cosa más santa: ahora tiene que encontrar ilusión y capricho incluso en lo más santo, de modo que robe el quedar libre de su amor: para ese robo se precisa el león.
Pero decidme, hermanos míos, ¿qué es capaz de hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?
Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí.
Sí, hermanos míos, para el juego del crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo.
Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se convirtió en camello, y el camello en león, y el león, por fin, en niño.
Del amor al prójimo
Vosotros os apretujáis alrededor del prójimo y tenéis hermosas palabras para expresar ese vuestro apretujaros. Pero yo os digo: vuestro amor al prójimo es vuestro mal amor a vosotros mismos.
Cuando huis hacia el prójimo huís de vosotros mismos, y quisierais hacer de eso una virtud: pero yo conozco vuestro «desinterés».
El tú es más antiguo que el yo; el tú ha sido santificado, pero el yo, todavía no: por eso corre el hombre hacia el prójimo.
¿Os aconsejo yo el amor al prójimo? ¡Prefiero aconsejaros la huida del prójimo y el amor al lejano!
Más elevado que el amor al prójimo es el amor al lejano y al venidero; más elevado que el amor a los hombres es el amor a las cosas y a los fantasmas.
Ese fantasma que corre delante de ti, hermano mío, es más bello que tú; ¿por qué no le das tu carne y tus huesos ? Pero tú tienes miedo y corres hacia tu prójimo.
No conseguís soportaros a vosotros mismos y no os amáis bastante: por eso queréis seducir al prójimo a que ame, y doraros a vosotros con su error.
Yo quisiera que no soportaseis a ninguna clase de prójimo ni a sus vecinos; así tendríais que crear, sacándolo de vosotros mismos, vuestro amigo y su corazón exuberante.
Invitáis a un testigo cuando queréis hablar bien de vosotros mismos; y una vez que lo habéis seducido a pensar bien de vosotros, también vosotros mismos pensáis bien de vosotros.
No miente tan sólo aquel que habla en contra de lo que sabe, sino ante todo aquel que habla en contra de lo que no sabe. Y así es como vosotros habláis de vosotros en sociedad, y, al mentiros a vosotros, mentís al vecino.
Así habla el necio: «el trato con hombres estropea el carácter, especialmente si no se tiene ninguno».
El uno va al prójimo porque se busca a sí mismo, y el otro, porque quisiera perderse.
Vuestro mal amor a vosotros mismos es lo que os trueca la soledad en prisión.
Los más lejanos son los que pagan vuestro amor al prójimo; y en cuanto os juntáis cinco, siempre tiene que morir un sexto.
Yo no amo tampoco vuestras fiestas: demasiados comediantes he encontrado siempre en ellas, y también los espectadores se comportaban a menudo como comediantes.
Yo no os enseño el prójimo, sino el amigo. Sea el amigo para vosotros la fiesta de la tierra y un presentimiento del superhombre.
Yo os enseño el amigo y su corazón rebosante. Pero hay que saber ser una esponja si se quiere ser amado por corazones rebosantes.
Yo os enseño el amigo en el que el mundo se encuentra ya acabado, como una copa del bien, - el amigo creador, que siempre tiene un mundo acabado que regalar.
Y así como el mundo se desplegó para él, así volverá a plegársele en anillos, como el devenir del bien por el mal, como el devenir de las finalidades surgiendo del azar.
El futuro y lo lejano sean para ti la causa de tu hoy: en tu amigo debes amar al superhombre como causa de ti.
Hermanos míos, yo no os aconsejo el amor al prójimo: yo os aconsejo el amor al lejano.
Así habló Zaratustra.
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lunes, 25 de abril de 2011
Algunos capítulos del Tao Te King
Lao-Tse
XLVI
Cuando el Tao reina en el mundo, los mejores caballos sirven para acarrear estiércol.
Cuando el Tao se ha perdido en el mundo, los caballos de la guerra se crían hasta en los arrabales.
No hay mayor error que el tener muchos deseos.
No hay mayor desgracia que el ser insaciable.
No hay mayor defecto que las ansias de poseer.
Por eso quien se basta con lo que tiene, tendrá siempre bastante.
XLVII
Se puede conocer el mundo sin salir por la puerta.
Sin mirar por la ventana se puede conocer el Camino del Cielo.
Cuanto más lejos se va, menos se aprende.
Por eso el sabio, para conocerlo todo, no necesita viajar.
Nombra las cosas sin mirarlas.
No actúa, y sin embargo, se realiza.
LXX
Mis palabras son fáciles de entender y fáciles de llevarlas a la práctica.
Pero nadie en el mundo entero las entiende, ni nadie las lleva a la práctica.
Mis palabras tienen un ancestro y mis acciones, un maestro.
Y precisamente porque nadie los conoce, nadie me comprende.
Pocos son los que me comprenden y esto es lo que hace mi gloria.
Por eso el sabio se viste con pobres ropajes y guarda en su pecho una joya.
XLVI
Cuando el Tao reina en el mundo, los mejores caballos sirven para acarrear estiércol.
Cuando el Tao se ha perdido en el mundo, los caballos de la guerra se crían hasta en los arrabales.
No hay mayor error que el tener muchos deseos.
No hay mayor desgracia que el ser insaciable.
No hay mayor defecto que las ansias de poseer.
Por eso quien se basta con lo que tiene, tendrá siempre bastante.
XLVII
Se puede conocer el mundo sin salir por la puerta.
Sin mirar por la ventana se puede conocer el Camino del Cielo.
Cuanto más lejos se va, menos se aprende.
Por eso el sabio, para conocerlo todo, no necesita viajar.
Nombra las cosas sin mirarlas.
No actúa, y sin embargo, se realiza.
LXX
Mis palabras son fáciles de entender y fáciles de llevarlas a la práctica.
Pero nadie en el mundo entero las entiende, ni nadie las lleva a la práctica.
Mis palabras tienen un ancestro y mis acciones, un maestro.
Y precisamente porque nadie los conoce, nadie me comprende.
Pocos son los que me comprenden y esto es lo que hace mi gloria.
Por eso el sabio se viste con pobres ropajes y guarda en su pecho una joya.
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sábado, 23 de abril de 2011
Diálogo restringido
"Sócrates prefería ser considerado contundente y exquisito que preferir que sus compatriotas siguieran viviendo sin pensar."
Alain de Botton
Eso le costó la vida...
Y la gente sigue sin pensar.
El diálogo es una de las mejores formas de convivir y de mejorar las cosas, como observan, entre otros, Paulo Freire. El problema es que con mucha gente sólo se puede dialogar hasta cierto grado (hablar, por ejemplo del futbol o el clima), y eso si bien te va...
Alain de Botton
Eso le costó la vida...
Y la gente sigue sin pensar.
El diálogo es una de las mejores formas de convivir y de mejorar las cosas, como observan, entre otros, Paulo Freire. El problema es que con mucha gente sólo se puede dialogar hasta cierto grado (hablar, por ejemplo del futbol o el clima), y eso si bien te va...
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viernes, 22 de abril de 2011
Los 3 venenos
Tres son los venenos del alma humana: egoísmo, ilusión y enojo.
Boddhidharma
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Sabiduría y memoria
"Diógenes se inspiró (para escribir frases en muros) en una tesis epicúrea muy importante: la de que, para vivir con sabiduría, no basta leer un argumento filosófico una o dos veces. Necesitamos recordarlo constantemente, o lo olvidaremos. (...) Tenemos que combatir la influencia de la publicidad, creando anuncios que nos recuerden lo que en verdad necesitamos."
Alain de Botton
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jueves, 21 de abril de 2011
Schopenhauer contra Fromm sobre el amor
Alain de Botton explica en un video (http://www.youtube.com/watch?v=SwdNeeJJ-S0&NR=1) la idea de Arthur Schopenhauer sobre el amor: un impulso biológico perecedero (idea predarwiniana y prefreudiana). Afirma que el amor no tiene nada qué ver con la felicidad, aunque pueda traer muy buenos momentos.
Por su parte, Erich Fromm dice que el ser humano tiene efectivamente ese impulso animal, pero el amor es otra cosa. El sexo alimenta al amor, pero llega un momento en que el amor alimenta al sexo. El amor (en todas sus formas) es lo que da sentido a la existencia humana para este autor y está muy relacionado con la felicidad.
Así pues, ambos filósofos afirman ideas prácticamente opuestas. Schopenhauer invita a olvidarnos del amor, pues es una mentira (recordemos su pesimismo), es sólo un impulso biológico socializado y mitificado. De hecho también invita a rechazar el sexo (aunque eso no lo menciona Botton) porque al generar deseo, genera sufrimiento. Fromm, en cambio, invita a ver al amor como el centro de la existencia, especificando que es un arte que requiere esfuerzo pero lleva a la plenitud, de la cual el sexo es una faceta exquisita pero no su finalidad.
Me quedo con Fromm. Sin duda tenemos un origen evolutivo animal y un cuerpo, fundamental. Pero la mente es tan poderosa que puede incidir en el cuerpo mismo, y generar o dejar de generar sensaciones y posibilidades que a cualquier otra especie le resultarían imposibles. Podemos llegar a cimas o simas que serían imposibles si únicamente siguiéramos los dictados de la especie (aunque muchos hagan eso).
¿Qué piensa el lector?
Por su parte, Erich Fromm dice que el ser humano tiene efectivamente ese impulso animal, pero el amor es otra cosa. El sexo alimenta al amor, pero llega un momento en que el amor alimenta al sexo. El amor (en todas sus formas) es lo que da sentido a la existencia humana para este autor y está muy relacionado con la felicidad.
Así pues, ambos filósofos afirman ideas prácticamente opuestas. Schopenhauer invita a olvidarnos del amor, pues es una mentira (recordemos su pesimismo), es sólo un impulso biológico socializado y mitificado. De hecho también invita a rechazar el sexo (aunque eso no lo menciona Botton) porque al generar deseo, genera sufrimiento. Fromm, en cambio, invita a ver al amor como el centro de la existencia, especificando que es un arte que requiere esfuerzo pero lleva a la plenitud, de la cual el sexo es una faceta exquisita pero no su finalidad.
Me quedo con Fromm. Sin duda tenemos un origen evolutivo animal y un cuerpo, fundamental. Pero la mente es tan poderosa que puede incidir en el cuerpo mismo, y generar o dejar de generar sensaciones y posibilidades que a cualquier otra especie le resultarían imposibles. Podemos llegar a cimas o simas que serían imposibles si únicamente siguiéramos los dictados de la especie (aunque muchos hagan eso).
¿Qué piensa el lector?
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Nietzsche y el sufimiento
Excelente video con Alain de Botton sobre el pensamiento de Nietzsche. Esta es la primera parte de 3. Las demás se encuentran también en YouTube.
http://www.youtube.com/watch?v=bOxV3RnCrYI&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=bOxV3RnCrYI&feature=related
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