Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta educación. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de mayo de 2017

El discurso de la imposibilidad

El discurso de la imposibilidad es hoy aplastante, por eso ahora más que nunca tenemos que ir hacia todas esas experiencias del siglo y de los siglos anteriores en los que hubo hombres que supieron decidir qué era un hombre, es decir, ir contra aquello que siempre se declaraba imposible. Somos nosotros mismos los que tenemos que decidir lo que es posible y lo que es imposible, no tenemos que permitir que ningún poder decida esto en nuestro lugar. La gran cuestión de la política es saber de qué es capaz un sujeto y en todos los grandes episodios de la política se ven sujetos que se muestran capaces de mucho más que de lo que ellos mismos se creían capaces. Es esta capacidad suplementaria que nosotros tenemos que poder despertar y, antes que nada, despertarla en nosotros mismos, porque con frecuencia todos nosotros estamos sometidos y dormidos. El enemigo de la libertad es el cansancio y la apatía.

Alain Badiou, "La ética y los derechos humanos"

jueves, 15 de diciembre de 2016

Chomsky: escuela y control

Permítanme que les cuente una historia personal. Mi amigo más antiguo e íntimo es un tipo que vino a Estados Unidos procedente de Letonia cuando tenía quince años, huyendo de Hitler. Escapó a Nueva York con sus padres y fue al Instituto de Enseñanza Media George Washington, que al menos en aquella época era la escuela de los chicos listos judíos de la ciudad de Nueva York. En una ocasión me dijo que lo primero que le chocó de las escuelas americanas era que si sacabas un suspenso en un curso, a nadie le importaba, pero si llegabas tres minutos tarde a la escuela, te enviaban al despacho del director, y ésa era la tónica general. Pronto se dio cuenta de que lo que esto significa es que lo que aquí se valora es la capacidad de trabajar en una cadena de montaje, incluso si es una cadena de montaje intelectual. Lo importante es ser capaz de obedecer órdenes, hacer lo que te dicen y estar donde se supone que tienes que estar. Los valores son éstos: en un lugar u otro —quizá lo llamen universidad— vas a ser un obrero de fábrica, vas a cumplir las órdenes de otro y hacer tu trabajo en régimen de obediencia. Y lo que importa es la disciplina, y no pensar por sí mismo o comprender las cosas que te interesan; ésas son cosas marginales, lo que hay que hacer es asegurarse de que uno cumple las exigencias de una fábrica.
Bien, creo que las escuelas son más o menos así: recompensan la disciplina y la obediencia, y castigan la independencia de espíritu. Si eres un poco innovador, o quizá te olvidaste de ir un día a la escuela porque estabas leyendo un libro o algo así, eso es una tragedia, un crimen, porque se supone que no piensas, que obedeces, y que simplemente tratas el material de la manera en que te lo exigen.
Y de hecho, la mayoría de las personas que pasan por el sistema educativo y llegan a las universidades de élite pueden hacerlo porque se han mostrado dispuestas a obedecer muchas órdenes estúpidas durante años y años, como por ejemplo hice yo. Así, un profesor estúpido te dice: “haz esto”, algo que sabes que no tiene ningún sentido pero lo haces, y entonces pasas al siguiente escalafón, entonces obedeces la siguiente orden y, finalmente, consigues terminar y te dan el título: ésta es una educación espantosa desde sus mismos comienzos. Algunas personas la pasan diciendo: “muy bien, haré cualquier cosa estúpida que diga este imbécil porque quiero seguir adelante”; otros lo hacen porque han interiorizado los valores, pero al cabo de un tiempo, ambas cosas tienden a fusionarse. Sin embargo, tienes que hacerlo, o de lo contrario te excluyen: si haces demasiadas preguntas, vas a tener problemas.

Noam Chomsky, Obra esencial, Crítica, Barcelona, 2003, p. 285.

miércoles, 5 de octubre de 2016

El paternalismo en "Con ganas de triunfar"

Además de la crítica al racismo en las instituciones educativas y la épica del maestro comprometido con sus estudiantes, tan comentados ya en la película "Con ganas de triunfar" ("Stand and Deliver", 1988), vale la pena preguntarse por qué el profesor Jaime Escalante nunca cede su protagonismo en un proceso (la educación) en el que tendría que ser compañero de lucha y no solamente líder.
Sin duda ama su trabajo y eso le permite impactar en los jóvenes y buscar nuevas formas de enseñanza. Sin embargo, su entrega se ha vuelto obsesión y ha afectado su relación con su esposa e hijos, e incluso le ha provocado un ataque cardiaco por exceso de trabajo. Para el sistema esa abnegación es loable, sobre todo viniendo de un maestro, a quien se le quiere responsabilizar de todos los males de la educación (que se quiere privatizar), como si autoridades, gobierno, padres y medios masivos no tuvieran nada qué ver. Por eso no sorprende que el gobierno de la Ciudad de México haya proyectado esa película en las escuelas, cuando normalmente no proyectan nada ni apoyan a quienes lo hacen, a pesar de los obstáculos burocráticos y económicos.
El maestro abnegado que logra (sólo él) que sus alumnos progresen en términos del sistema (al poder ingresar a la universidad elitizada y, en consecuencia, a otro nivel socioeconómico) es también el empleado modelo que, de tanto trabajar y contagiar su empeño, logra que un país crezca... ¿Los reaizadores querían que los latinoamericanos aprendiéramos del modelo japonés, en el que los ciudadanos no tienen vida personal? Ni así ganaríamos lo mismo...
El paternalismo del profesor termina por dejar de enseñarle a los alumnos una importante lección: son ellos los que tienen que abrirse camino por sí mismos, no sólo académicamente (pues ya vimos que ahí también serán relegados), sino sobre todo políticamente.* Al final, las autoridades reconocen que aprobaron el examen. ¿Pero qué hubiera pasado de no ser así, como suele ocurrir en México, donde las autoridades prácticamente nunca cambian una resolución, por injusta e ilegal que sea?
Es ahí donde la organización de los estudiantes debe rebasar la gestión y el tesón del maestro, donde ellos como colectividad deben dialogar y actuar, pues como "minoría" tienen muchas cosas por qué luchar.


*Y aquí hay que recordar la cinta "La ola" ("Die Welle", 2008), en la que el docente-líder se convierte en un pequeño führer.

viernes, 1 de enero de 2016

Eduardo Galeano en Quijotes

"Yo siempre decía, discutiendo con mis amigos en Venezuela, que (Rafael) Vargas era un pintor realista porque uno no sólo es realista cuando pinta la realidad que conoce y padece, sino que también es realista cuando pinta la realidad que necesita, porque en la barriga de este mundo hay otro mundo posible."

Eduardo Galeano

Tesis "Lo salvaje en la poesía de Francisco Hernández"

http://132.248.9.195/pd2007/0616378/Index.html

miércoles, 8 de abril de 2015

El doctorado del conformismo

Cuando se ha llegado a un nivel considerable de desarrollo intelectual y de conocimiento (como lo implica una licenciatura o una maestría en una universidad pública o reconocida por el Estado), en lugar de mantenerse en ese nivel o de aumentarlo, he observado que en el doctorado la tendencia es regresar a un nivel básico. Por supuesto, he dicho la tendencia conforme a lo que yo he observado en varios estudiantes, profesores y políticas institucionales doctorales. Sería una mentira o una estupidez afirmar que todos los doctores o doctorantes padecen de esto, pues sin duda hay gente brillante, propositiva y crítica. Me explico.
¿Qué demuestra un título universitario y qué debería mostrar? ¿Conocimiento, capacidad de análisis y síntesis, capacidad de proponer soluciones? Cada vez he escuchado menos estas respuestas y más las de que un título de posgrado demuestra capacidad de investigación y de adaptación a los parámetros institucionales. Por un lado, es innegable que las primeras cualidades mencionadas se pueden desarrollar al margen de los estudios de posgrado y en ocasiones incluso al margen de la educación universitaria, pero por otro lado, ¿qué no eran y deberían ser también objetivos de la educación? En la carrera por la supervivencia y por el éxito en la sociedad burguesa estos objetivos se desdibujan desde los jóvenes estudiantes hasta las autoridades educativas, pues la mayoría parece buscar el beneficio personal que se traduce en un buen sueldo y la acumulación de capital simbólico o estatus. Si hay que hacer posgrados para obtener eso, pues hagámoslos, y si lo que se necesita ya no es una aportación social y ni siquiera intelectual, sino simplemente someterse a lo que digan los superiores para poder ascender, justo como en la jerarquía castrense, pues hagámoslo…
De este modo, el cinismo vulgar, de por sí rampante en nuestra sociedad, gana terreno y, como en un círculo o rueda de la fortuna, de estar en un punto elevado pasamos a un punto muy bajo: de aprender a formular hipótesis, a investigar, a dudar, a argumentar, a investigar según nuestras inquietudes, a generar nuestra propia metodología y conjuntarla con otras, a encontrar retos y aventuras intelectuales, pasamos a aprender a ejecutar lo que digan los asesores de tesis aunque se contradigan entre sí o incluso a sí mismos en cuestión de semanas, a investigar temas de moda o no muy polémicos, a seguir el machote de algún teórico de renombre, a venerar sumisamente a los doctores como queremos que lo hagan con nosotros cuando lo seamos, en una lógica perversa, a recurrir constantemente a las falacias, como la de autoridad o en las que se ejerce algún tipo de coacción como el retiro de becas o de apoyo para publicaciones. Sin embargo, como somos intelectuales, hombres o mujeres de ciencia, tenemos un velo de superioridad que nos justifica. Si los jóvenes no del todo convencidos de estudiar el bachillerato pudieran ver esto se preguntarían: “¿O sea que no es cierto que estudiar más me haga más crítico, propositivo y ético?” O quizá concluirían: “Ya veo que los posgrados y las especializaciones no son tan diferentes de dedicarse a cualquier otra cosa, buscando ganar más, sólo que estos tienen más prestigio”.
La crisis educativa y de conocimiento que vivimos en la actualidad a nivel mundial se debe también a que como humanistas y científicos, es decir, como gente que cultiva el intelecto, no hemos sabido defender nuestro quehacer con hechos, con congruencia, sino que, igual que cualquier capitalista o explotado sin estudio, hemos buscado sacar la mejor tajada. No nos hemos destacado mucho éticamente. Por eso también no creen en nosotros ni en la gran importancia de nuestra labor. Esto no es nuevo. Recordemos por ejemplo el Elogio de la locura de Erasmo. Sin embargo, en la sociedad del siglo XXI ya reventó. La exclusión para la mayoría de la población a los estudios preuniversitarios, universitarios y aún más de posgrado, ha llegado a cifras grotescas que superan el 90% de los solicitantes. De los pocos que quedan, muchas veces lejos de solidarizarse al menos empáticamente con los rechazados, legitiman la exclusión de la cual ellos, hasta ahora, no han sido víctimas, sino supuestos vencedores.
¿Por qué en los posgrados se les da preferencia (más bien habría que decir que son casi los únicos en ser aceptados) a quienes no trabajan y se dedican de tiempo completo al estudio? Esto ya suele implicar un evidente sesgo socioeconómico: quienes tengan que trabajar no tienen muchas posibilidades de estudiar un posgrado, a menos que oculten su empleo, lo que los pondría en una situación vulnerable. Por otro lado, a los trabajadores, sobre todo docentes, se les exige preparación, ¿pero cómo la van a obtener si los excluyen de los posgrados? No resulta sorprendente, pues, que un buen porcentaje de los estudiantes de posgrado sean personas de clase acomodada, con influencias y extranjeros, de quienes muchos creen que por el sólo hecho de tenerlos en la matrícula la institución gana prestigio.
Mención aparte merecen los distintos tipos de acoso, plagio y abuso de poder que abundan en las instituciones educativas que, con una fachada de universidad pública y de santuario del saber enmascaran una corrupción equiparable a la de cualquier otra institución gubernamental o privada, como denuncié hace un par de años en la UAM-Iztapalapa.
La única alternativa siempre ha estado en quienes se desempeñan con pleno respeto y vocación como profesores o estudiantes y alzan la voz individual o, mejor aún, colectivamente. El presente y el futuro de las humanidades y las ciencias dependen sólo de ellos.

Boceto de mar ennegrecido

Link de mi novela:

http://es.scribd.com/doc/261314809/Boceto-de-Mar-Ennegrecido#scribd

Boceto de mar ennegrecido es el hilarante esbozo de un absurdo paisaje detectivesco trazado desde la irónica lectura de la tradición literaria. Jonás Suárez, profesor de preparatoria y aspirante a novelista, desaparece misteriosamente. Carmen Garza, estudiante de sociología con experiencia en investigación académica, es contratada para encontrarlo. La pesquisa descubrirá los secretos vicios de un sistema: desde la cofradía del sindicato escolar hasta el sabotaje de una investigación científica sobre los búhos.
Jonás Suárez desafía la lógica artificiosa del género policial para exhibir una auténtica poética literaria que hace del escritor un “artista del vivir”. Si la novela policial pone de manifiesto la imposibilidad de descifrar el enigma que es la existencia, Boceto de mar ennegrecido demostrará, con humor descabellado, lo contrario: la posibilidad de perderse y encontrarse. Aquí, cada pista es el fragmento de un mundo inasible donde se articula improvisadamente la política, la literatura y la realidad. Jonás Suárez se pierde y, en el periplo de su búsqueda, los lectores encontramos, con un poco de astucia y ahogados en un mar de risa, a Abraham Sánchez.

ISAURA CONTRERAS RÍOS.

lunes, 17 de noviembre de 2014

El pueblo silencioso en "La dictadura perfecta"

En la película "La dictadura perfecta" dirigida por Luis Estrada aparecen, tan grotescos y cínicos como en la realidad, casi todos los poderes: representantes de diferentes partidos y grandes empresarios, entre los que se encuentran los de la industria de las telecomunicaciones, la droga y principalmente de los medios masivos, cuyo influjo en la vida nacional es para nuestra desgracia casi omnipresente. Casi todos los poderes aparecen representados, menos uno, el más importante y ciertamente el más difícil de representar: el pueblo.
Si bien es cierto que el pueblo es muy variado cultural y sobre todo políticamente, también es cierto que se ha hecho notar siempre, sobre todo en los últimos meses; tan es así que los otros poderes, que ejercen su dominación sobre él, siempre hacen todo lo posible por adormecerlo, como quien trata de controlar a una bestia salvaje. Pareciera incluso que el director tiene la misma intención al no mostrarlo nunca a pesar de que el abuso que sufre es el tema principal. Esta es sin duda otra razón por la cual Televisa colaboró intensamente en esta película: ellos son los grandes triunfadores y el pueblo el gran derrotado, cuya actitud es pasiva. Pero, aunque así parece haber sido, ¿realmente no puede cambiar la situación? Por supuesto que sí.
Ya han ocurrido cambios radicales en la historia del pueblo mexicano y de cualquier otro, y parece que nos encontramos en uno de esos momentos. Las reformas estructurales que los gobiernos y los partidos, obedeciendo a los grandes capitalistas nacionales y extranjeros, han aprobado y están aplicando con variada fortuna, a la par que la brutal represión a la gente organizada, en su mayoría estudiantes y profesores, ha generado una indignación inaudita que se manifiesta en cada vez más implacables protestas, protestas que pueden no sólo incomodar a estos poderes y a parte de la población, sino que incluso pueden derrocar el régimen. Esto no sale en el cine ni en la tele, pero está en las calles.

viernes, 3 de octubre de 2014

El nacimiento de la tragedia, 17

F. Nietzsche

También el arte dionisíaco quiere convencernos del eterno placer de la existencia: sólo que ese placer no debemos buscarlo en las apariencias, sino detrás de ellas. Debemos darnos cuenta de que todo lo que nace tiene que estar dispuesto a un ocaso doloroso, nos vemos forzados a penetrar con la mirada en los horrores de la existencia individual — y, sin embargo, no debemos quedar helados de espanto: un consuelo metafísico nos arranca momentáneamente del engranaje de las figuras mudables. Nosotros mismos somos realmente, por breves instantes, el ser primordial, y sentimos su indómita ansia y su indómito placer de existir; la lucha, el tormento, la aniquilación de las apariencias parécennos ahora necesarios, dada la sobreabundancia de las formas innumerables de existencia que se apremian y se empujan a vivir, dada la desbordante fecundidad de la voluntad del mundo; somos traspasados por la rabiosa espina de esos tormentos en el mismo instante en que, por así decirlo, nos hemos unificado con el inmenso placer primordial por la existencia y en que presentimos, en un éxtasis dionisíaco, la indestructibilidad y eternidad de ese placer. A pesar del miedo y de la compasión, somos los hombres que viven felices, no como individuos, sino como lo único viviente, con cuyo placer procreador estamos fundidos.

miércoles, 22 de enero de 2014

El sabio peripatético no está exento de conturbaciones, pero las modera.
XII

Michel de Montaigne

martes, 10 de diciembre de 2013

Algo sobre la erótica en el Rgveda

"En el Rgveda no se encuentra ni gazmoñería ni pecado ni malicia ni pornografía, porque nadie ve con recelo el sexo si no se le enseña a verlo así, lo mismo que nadie ve con recelo la nariz porque a nadie se le ocurrió decir que la nariz fuera una cosa sucia y mala."

Juan Miguel de Mora, Estudio analítico del Rig Veda

domingo, 1 de diciembre de 2013

1968, resignación o resurrección‏

En mi experiencia, y creo que en la de muchos mexicanos, cuando se recuerda el 68 necesariamente se habla de la masacre del 2 de octubre y prácticamente sólo eso, sin ahondar mucho.
Esto nos genera, lógicamente, una actitud de enojo y tristeza que hace que mucha gente prefiera evadir el tema, como el de otras tragedias que se van olvidando. Otros salen a las calles o de diversas maneras expresan su repudio a la represión estudiantil siempre latente.
Sin embargo, ¿eso es todo?, ¿insultar a los poderosos de antes y ahora, hacer pintas y carteles, ponernos "de pechito" muy cristianamente, flagelarnos, hacer altares y tzompantlis, idolatrar a los sobrevivientes, despreciar a quienes no se unen a este ritual? ¿No hubo otra cosa en 1968 en México, como parte del clima que venía de Praga y París? ¿Qué querían las víctimas, lograron algo además de ser sacrificados? Más aún, ¿cómo podemos recuperar lo que dejaron inconcluso ahora y resucitar la revolución en este siglo?

jueves, 6 de junio de 2013

Al estudiante


Sé que a veces preferirías salir
o estar en tu casa jugando videojuegos.
Sé que no es fácil.
Tal vez falta amor
o no ha podido salir.
Quizá debes trabajar, mantener hijos,
una abuela enferma
o sobrevivir a padres tiranos.
Quizá caíste un día en un hoyo
que te llevó a otro mundo,
como Alicia.

Pero cuando te veo sonreír por una chispa,
provocada por un texto o un comentario,
cuando te veo esforzarte por escribir una frase,
superando la pereza y el tedio,
por expresar una idea,
por entender una metáfora o una oración rebuscada,
cuando veo que hay algo en ti que lucha para que crezcas,
que intenta romper yugos,
que desmiente las estadísticas de este infierno de Dante,
de crueldad, abuso y estupidez,
cuando eso ocurre
salgo alegre del salón
y sé que vale la pena luchar
contra los esbirros
que en la misma escuela tienen el poder.


Abraham Sánchez Guevara

jueves, 23 de mayo de 2013

Caminos

El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del Genio.

William Blake


¿Se podrá buscar un perfeccionamiento genial, de forma que, obviamente, no siga caminos trazados por otros, pero construya a partir de la experiencia sin perder por ello la espontaneidad?

miércoles, 13 de marzo de 2013

Escuela

Escuela. Manicomio. Asilo. Reclusorio. Iglesia. Fábrica.
En alguno de estos lugares estaremos condenados hasta morir.
Los de arriba, desde la torre, vigilan los que consideran su propiedad, juegan al ajedrez sin saber muchas veces que son jugados a su vez por alguien más. Están fascinados por estar en la torre idolatrada y harían cualquier cosa, o casi, por permanecer ahí. Es la prioridad de su existencia. Son los más ingenuos porque, siendo igual de esclavos, creen que no lo son.
Los de en medio son considerados, igual que los de abajo, propiedad de los de arriba, pero deben creer que tienen muchas posibilidades de subir hasta la torre. Con esta promesa pueril se consigue que realicen el trabajo más sucio, que no es recoger basura o excremento, sino encargarse del sometimiento de los de abajo y desplazar a sus iguales para evitar que le den a otro su codiciado ascenso. Por este trabajo reciben algunos privilegios y migajas, que aumentan entre mejor lo realicen.
Algunos quieren ser redentores y, aunque su intención es noble, suelen caer muy pronto en la corrupción más grande: aparentar ser enemigos de los de arriba, aparentar, incluso ante sí mismos, querer derrocar la torre y las instalaciones de sometimiento e irse colocando en realidad en esa estructura o en otra, esencialmente igual.
Los de en medio pueden todavía hacer conciencia de que también están abajo y son utilizados, de que la torre no debe ser idolatrada, sino derrocada poco a poco y día con día, y aliarse con los de más abajo sin detentar el poder sobre ellos, sino apoyándolos con recursos, como la educación rebelde, y aprendiendo también de ellos muchas cosas que ni imaginaban.
Los de abajo son los despreciados de todos, hasta de sí mismos. Son los que mantienen el mundo como es. Todos sabemos que son las víctimas aunque muchos justifiquen su situación. Pero son también los peores verdugos al seguir manteniendo a los de arriba y a este sistema. Hace mucho que se dijo que de ellos depende el sistema de opresión (y por ende, la liberación): si ellos no sirvieran, los de arriba no tendrían ninguna riqueza ni poder. Hace mucho que se dijo que sólo de ellos (no de alguien de arriba o de un ser imaginario) depende su liberación.
También a los de abajo se les ha hecho creer que pueden ascender haciendo trabajos sucios, empezando por ser seres abyectos, siervos sumisos. Desprecian a los que son como ellos, temen participar en rebeliones con sus pares porque el castigo puede ser incluso la muerte suya o de sus seres queridos. Sin embargo hay quienes se rebelan con valor y astucia, no para ascender a una torre, sino para derrocarla, y en los hechos han logrado desmantelar muchas instalaciones e incluso crear espacios de libertad y prosperidad real y colectiva. Muchos de estos proyectos fracasan, sin embargo el solo hecho de haber logrado mermar al sistema, de haber logrado la solidaridad humana, hace de estas vidas las más valiosas de todas.



Por fortuna

Por fortuna
el conocimiento no se limita a las instituciones
la belleza no se puede ocultar siempre
el rock no es sólo rockstars
el amor no se rinde fácilmente.


Abraham Sánchez Guevara

jueves, 22 de noviembre de 2012

Asesores fascistoides

Asesores de tesis (y profesores) fascistas que practican interrogatorios en lugar de diálogos, que imponen formas de pensar en lugar de enseñarlas y aprender de otras, que se conciben a sí mismos como instrumentos de las instituciones y del sistema, al que le vendieron su vida a cambio de dinero, prestigio y poder, y no conciben que haya personas en una universidad que no hagan lo mismo.

jueves, 19 de julio de 2012

Producción industrial académica

Es absurdo creer que una tesis, más aún de doctorado, debe terminarse en dos años necesariamente. Algunos dicen que un profesional es el que hace las cosas bien y rápido, pero esto sólo refleja la ideología industrial de producir más y mejor en menos tiempo, no tiene mucho qué ver con el desarrollo de conocimiento. Es terrible que doctores se conviertan en capataces, aunque entiendo que es porque son a su vez presionados por otros.

Deberían saber que del mismo modo que hay guisos que llevan muy diferentes cantidades de tiempo en su preparación, con las tesis ocurre lo mismo y que esas cantidades de tiempo no tienen qué ver necesariamente con la calidad. Es decir, una tesis terminada rápido no es mejor que una terminada lento o viceversa; sencillamente, cada proyecto tiene su tiempo, y muchas veces este no se puede conocer desde el principio.

De este modo, las universidades se convierten en fábricas, los directores y sinodales en inspectores, los estudiantes en obreros y las tesis o textos en productos. A las universidades, el Conacyt y la SEP lo que más les importa es que el dinero que invierten (nuestro dinero, por cierto) se refleje en números que les permitan seguir conservando puestos laborales y "prestigio" académico o político, sobre todo de los altos funcionarios.

¿En dónde queda el conocimiento científico, humanístico o artístico?, ¿la aportación a la sociedad? En muchas ocasiones el motor de la investigación o su objetivo real apenas es tomado en cuenta o ni siquiera eso. Así, el capitalismo condiciona y corrompe el estudio, como corrompe todo aquello que se deja o no es capaz de resistirlo.

jueves, 14 de junio de 2012

Breve reseña de Política del rebelde de Michel Onfray

Con el pensamiento integral característico que conjunta ética, estética y política, Michel Onfray presenta este Tratado de resistencia e insumisión. Describe la realidad social como el infierno de Dante, aunque dividido en menos círculos: condenados, réprobos y explotados, donde prácticamente todos los habitantes del planeta ocupamos un lugar, con la alta posibilidad de cambiar de círculo e incluso conocer los tres, por lo general hacia lo más profundo.

Esta cartografía infernal, ya en sí subversiva por eludir ilusiones capitalistas de supuesta libertad y privilegios (adquiridos o prometidos) de ciertos sectores, por ver la realidad como es en términos sociales y contra la amnesia dominante, antecede a sus propuestas, de las cuales distingo las siguientes.

1) El individuo como ser irreductible, que remite a un cuerpo y es capaz de ejercer una política subversiva, no enajenada por rechazar ser Hombre (con sus implicaciones eurocéntrica, adulta y masculina excluyentes), sujeto (que está sujeto a determinadas leyes y que puede actuar sólo en esos límites impuestos u "otorgados") y persona (máscara del individuo). El individuo es lo que las ideologías quieren controlar, son los que se organizan para rebelarse, por interés suyo y de otros, más allá de conceptos gregaristas negadores de individuos en aras de una mayoría abstracta o de un rebaño manipulable, como pueblo, raza, etc.

2) El individuo rebelde pratica la política hedonista porque no acepta ser privado del goce de vivir, hacer gozar, descansar, convivir, estar solo, pensar por cuenta propia, crear, etcétera. Dado que el capitalismo y otros sistemas de dominación imponen la ascesis y el sufrimiento por la fuerza y a través de propaganda (que opera en todos los lugares, en el trabajo, la escuela, la familia y la iglesia) para considerarlos estados virtuosos, el rebelde lucha de varias formas para acabar o disminuir este sufrimiento completamente innecesario.

Como hedonista, no está desencantado del mundo. Conoce el infierno, pero posee su jardín y sabe que puede hacerlo prosperar.

3) El individuo, por supuesto, se organiza con otros individuos para la lucha, pues sabe que es una experiencia vital y que muchas veces si actuara solo, sería derrotado rápidamente por la bestia del sistema. El rebelde puede verse obligado a trabajar, pero no colabora con el sistema cuando no es necesario para él, cuando sólo contribuiría al fortalecimiento de la dominación. Se mantiene en la izquierda, evadiendo izquierdas ilusorias y burguesas que sí colaboran y pactan con los explotadores (también eso ocurre con la caridad de alguna manera). No se deja engañar por promesas mezquinas de ascensos y puestos de dominación para ser criados más cercanos de tiranos. Y, aunque cuida su integridad, tampoco se deja amedrentar por figuras solemnes (en realidad ridículas) de autoridad, infiernos ficticios o por no poder acceder a los premios de las mascotas obedientes.

Al final habla de algunas formas de rebelión organizada, como el sindicalismo revolucionario, la huelga, el ludismo, el obstruccionismo, el boicot o el sabotaje.

4) El poder no se concentra en el soberano, el capitalista o sus funcionarios. Está diseminado, en un campo energizado. Por eso ejerce el fascismo como lo conocemos, pero también los microfascismos en todos los espacios y relaciones que puede. Por eso las fuerzas rebeldes no pueden esperar a tomar el gobierno del Estado o los medios capitalistas, aunque sin duda es deseable, siempre y cuando no se reestablezca una élite. Los rebeldes toman el poder, su poder, en toda oportunidad, socavan el funcionamiento del sistema y organizan pequeñas, medianas o grandes rebeliones.

5) Aunque ateo, Onfray describe una "mística de izquierda" (de hecho la mística ha sido marginada por las religiones oficiales, como pasó con Juan de la Cruz), que está en consonancia con la importancia vital de la ética y la estética. Invita a una estética generalizada, a una escultura de sí mismo, a hacer de la vida una obra de arte. La política, por supuesto, se mezcla en esta dinámica porque, de no hacerlo, concibe estos campos como separados, genera contradicciones y debilita a los individuos, volviéndolos sólo instrumentos eficaces. "La mística [dice] conviene a las ideas que, según el principio nietzscheano, habitan las cimas, donde el aire es frío, vivo y cortante, donde no se temen las virtudes del viento de invierno, el rigor y la rareza, es decir, los valores que importan." (p. 125) Lo humorístico que caracteriza al cinismo filosófico y a la crítica no niega lo sublime de un pensamiento que aspira a esas cumbres, de un esfuerzo que valga la pena.

6) Invita a los rebeldes del nuevo siglo a retomar al Mayo del 68, que tomó las calles y las universidades, que buscaba la democratización y la solidaridad de estudiantes con trabajadores y que fue reprimido, sancionado o trivializado por el sistema. De esa represión (que en México se padeció mucho más a pesar de haber sido menos radical el movimiento) e intento de desacreditación a partir de los errores y las mentiras, se reforzó el conservadurismo, y de esa trivialización, se gestó el pensamiento único, débil y banal de la sociedad de consumo que hoy impera pregonando un falso hedonismo de la insatisfacción. Contra esto y el colaboracionismo de "intelectuales" defensores del sistema, la continuación de la organización del 68. En México, a mi parecer, lo mismo que en otras partes del mundo, por fin esto está sucediendo, y con mayor fuerza a pesar de las "profecías" derrotistas del neoliberalismo.

Retoma las vidas e ideas de Blanqui, Nietzsche, Diógenes, Proudhon, Antelme, Foucault, Deleuze, Pelloutier, Bourdieu y Marx, entre otros, aunque criticando mucho a este último.



martes, 8 de mayo de 2012

La belleza de consumo

Umberto Eco, Historia de la belleza


Los que acuden a visitar una exposición de arte de vanguardia, compran una escultura “incomprensible” o participan de un happening van vestidos y peinados según los cánones de la moda, llevan vaqueros o ropa de marca, se maquillan según el modelo de belleza propuesto por las revistas de moda, por el cine, por la televisión, es decir, por los medios de comunicación de masas. Siguen los ideales de belleza del mundo del consumo comercial, contra el que el arte de las vanguardias ha luchado durante más de cincuenta años. ¿Cómo hay que interpretar esta contradicción? Sin pretender explicarla: es la contradicción típica del siglo XX.