El discurso de la imposibilidad es hoy aplastante, por eso ahora más que nunca tenemos que ir hacia todas esas experiencias del siglo y de los siglos anteriores en los que hubo hombres que supieron decidir qué era un hombre, es decir, ir contra aquello que siempre se declaraba imposible. Somos nosotros mismos los que tenemos que decidir lo que es posible y lo que es imposible, no tenemos que permitir que ningún poder decida esto en nuestro lugar. La gran cuestión de la política es saber de qué es capaz un sujeto y en todos los grandes episodios de la política se ven sujetos que se muestran capaces de mucho más que de lo que ellos mismos se creían capaces. Es esta capacidad suplementaria que nosotros tenemos que poder despertar y, antes que nada, despertarla en nosotros mismos, porque con frecuencia todos nosotros estamos sometidos y dormidos. El enemigo de la libertad es el cansancio y la apatía.
Alain Badiou, "La ética y los derechos humanos"
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miércoles, 10 de mayo de 2017
jueves, 15 de diciembre de 2016
Tarántula de Guillermo Samperio
Para recordar a un gran escritor y maestro.
Tarántula
Guillermo Samperio
Por la ventana de la habitación entra una luz grisácea que pega contra la pared, pero antes da en la mitad del rostro de Mateo, un hombre ya entrado en años, que viste un overol azul marino sucio y una camisa blanca. La otra parte de su cara está a oscuras, pero de cualquier manera sus ojos tienen un leve brillo, lo cual es lo único que logra tener un poco de luminosidad en aquel recinto. Mateo mira el muro sombrío de enfrente y, aunque no logre distinguir nada, sabe que allí hay signos que otros hombres antes que él han ido marcando en su tránsito por esa habitación. Debería estar dormido, pero prefirió aguardar despierto hasta que viniera el amanecer y, de esta forma, insomne y cansado, enfrentar tal vez el último acontecimiento de su vida. De pronto, una luz más potente, que gira fuera del edificio, entra por la ventana y hace posible ver por un instante que las mangas de la camisa dan vuelta hacia la espalda del hombre y que están atadas al frente.
Mateo no podía tener remordimientos porque lo que le había sucedido en su vida él no lo eligió, más bien, supone, él fue elegido por un destino que no supo cómo llegó hasta el extremo de sus brazos. Mucha gente piensa que Mateo no tiene responsabilidad, en especial los religiosos, pero hay muchos otros que sólo miran el lado negro de las cosas y lo señalan sin ningún miramiento, construyendo su propia ley. Mateo mira hacia el muro de enfrente como si lo atravesara, como si quisiera proyectar sus recuerdos más allá del recinto y que el mundo se enterara, paso a paso, de cómo vino a dar a este sitio.
Siendo adolescente, se fue dando cuenta de cómo su cuerpo se iba transformando. Los vellos que iban surgiendo en su cuerpo y, en especial, la parte baja de sus genitales. Luego el acné que le invadió, por fortuna, la espalda y las nalgas; la pelusa que fue cubriendo la parte superior de la boca y sus mejillas que luego se convertiría en bigote y barba. De entre los de su escuela, era de los más altos; y cuando sus miembros lograron gran longitud, ya no cabía en la cama de niño que le tenían sus padres y una buena temporada se volvió torpe en tanto que no calculaba bien sus movimientos. Se golpeaba las rodillas, daba manotazos y tiraba el plato de sopa o el vaso de agua de limón que su madre preparaba. Pero lo que llegó a confundirlo más fue que al lado de los dedos meñiques sentía una comezón insoportable; notó que al mismo tiempo se le iban abultando esas partes de las manos, como si le estuvieran brotando pequeños tumores y observó que la piel se le iba adelgazando. Una mañana de invierno, antes de salir hacia la escuela, mientras se bañaba, le extrañó que la comezón hubiera disminuido; bajo el chorro de agua miró sus manos y se percató de que junto a los dedos meñiques asomaban otros dedos meñiques. Para no equivocarse se contó los dedos y sí, en total sumaban doce; volvió a hacer la cuenta y de nuevo doce y nada más y nada menos que doce dedos, seis en cada mano.
Al salir del baño, lo primero que se le ocurrió fue ponerse unos guantes tejidos que no había querido ponerse antes, a pesar del ruego de su madre. En la cocina, se comió un pan de dulce y una taza de chocolate y así salió hacia la escuela. En el salón de clases, siguió con los guantes puestos, pero se le dificultaba agarrar bien el lápiz y escribir. No le importó porque había otros muchachos, no muchos, que no se habían quitado los guantes. Al salir de la escuela, no pudo evitar que sus dos hermanos lo acompañaran y le dijeran que se quitara los guantes, que no fuera ridículo, pero como Mateo era el mayor, simplemente los amenazó; levantó un brazo para darle un golpe al más chico, pero al ver su puño en alto, sintió un cosquilleo en el nuevo dedo meñique. Su hermano se había arrinconado contra la pared, pero el brazo seguía quieto a punto de caer; Mateo percibió que los otros cinco dedos no querían golpear, pero el meñique tendía a caer. Finalmente, logró bajar poco a poco la mano, la extendió y le brindó una caricia al hermano, quien de inmediato se incorporó, dibujando una media sonrisa en el rostro. Siguieron su camino.
Ya en casa, tanto su padre como su madre le pidieron que se quitara los guantes, pero el argumentó que imitaría a los superhéroes y a los artistas que siempre usaban guantes y que no lo obligarían a desnudar sus manos. Ya en la noche, a la luz de la lámpara de su buró, examinó sus nuevos meñiques: eran idénticos a los otros, con uña pequeña y rosaditos. Los padres se acostumbraron a ver a su hijo enguantado a toda hora. Al comenzar la primavera, Mateo volvió a sentir comezón junto a los dedos de los meñiques y en pocas semanas le salieron dos nuevos dedos, pero esta vez más grandes. Aunque ya la familia, incluyendo abuelos, tíos y primos, le decían El Hombre Araña, Mateo siguió utilizando guantes; el sobrenombre también se lo aplicaban en la escuela y en la calle donde vivía. Sólo una muchacha vecina, de nombre Delia, lo llamaba por su nombre. Mateo agradecía la delicadeza de Delia.
Una tarde, Federico, el más burlón de la colonia, se había estado mofando de Mateo, llamándolo el Manotas; éste, sabiendo que Federico era bueno para la pelea, guardaba silencio, pero luego de un rato empezó a sentir cosquillas en los cuatro nuevos dedos y, sin pensarlo más, se enfrentó al burlón. Se pusieron en guardia, Federico quiso sorprender con un campanazo de derecha, pero Mateo lo desvió con facilidad y de inmediato mandó un recto de izquierda a la mandíbula de Federico quien con una mirada de incredulidad, voló un par de metros para atrás. Mateo se le fue encima, se sentó a horcajadas sobre su contrincante y lo bombardeó con ambas manos, hasta que los demás muchachos lo detuvieron y se llevaron a Federico, semiinconsciente y deforme del rostro. Cuando Mateo se puso en pie, tuco sentimientos encontrados: por un lado, le daba lástima el burlón y, por otro, se sentía eufórico. Vio sus manos y se dio cuenta de que del guante izquierdo brotaban sus dos dedos extras; se los cubrió con la derecha y sin decir nada se fue hasta su casa.
Esa noche, ya en su cama, sintió que lo atenazaba una profunda tristeza que no había sentido antes. Pero la tristeza se fue diluyendo cuando empezó a sentir comezón al lado de los últimos dedos, señal de que pronto vendrían más dedos. Y así fue, al empezar el verano, Mateo presenció, ante la lámpara de su buró, cómo le brotaba un dedo más en cada mano, mayores que los anteriores, como si tuviera una media mano más en cada mano. Supo en ese momento que ya sería imposible ocultar lo que le estaba sucediendo y, fue hasta la recámara de sus padres; despertó a su papá y, encendiendo la luz, le mostró las manos a su progenitor, mientras su madre también se desperezaba. Los señores no sabían qué decir, guardaron silencio un buen rato mirándose uno al otro. “Fueron esas pastillas anticonceptivas raras que me diste”, dijo ella a su marido. “Estás loca”, respondió él “seguramente es una malformación genética; con tantos experimentos que hacen hoy en día”. Miraron hacia la cara de su hijo y notaron un gesto de súplica. “Venga, mi niño”, dijo la madre y lo abrazó; su padre le pasó la mano sobre la cabeza y le dijo: “Así te vamos a querer, sin importar los dedos que tengas; hay personas que tienen seis dedos en los pies y nadie les dice nada. No se preocupe, m’ijo”. Esa noche, Mateo se quedó a dormir con ellos y, al otro día, ante la familia entera pidieron respeto por Mateo y de esa forma las cosas siguieron como si nada.
Sin embargo, Mateo no pudo evitar que le siguieran diciendo El Hombre Araña, pues ahora sí sus manos parecían patas de araña. Pero la gente del barrio se acostumbró a Mateo, como se había habituado a Pancho, el loco que fumaba colillas en la esquina de la cuadra. Pero vino el otoño y le salieron dos dedos más a Mateo y cuando comenzaba de nuevo el invierno le salieron dos dedos gordos, con lo cual Mateo tenía dos manos idénticas en cada mano. Vino la primavera y ya no le salió ningún dedo más; pasaron otras estaciones del año y sus manos se quedaron con dos manos para siempre.
Durante toda esta transformación, Mateo nunca se quitó de la mente a Delia, su joven vecina, quien nunca le había dicho Hombre Araña. Como todos los muchachos de la colonia respetaban al joven, después de varias golpizas que habían recibido los más gallitos, él se sentía orgulloso. No dudo entonces de invitar a salir a Delia, fueron a varias cafeterías, luego a una que otra discoteca; hasta que empezaron a ser novios. En los momentos en que se acariciaban, Delia era una de las mujeres más felices del mundo, pues sentía cómo recorrían su cuerpo esas cuatro manos de Mateo; además a su lado, ella se sentía segura, ya que sabía que un hombre de verdad, que casi equivalía a dos, la protegería.
Un fin de semana se les ocurrió ir al bosque y el padre de Mateo les prestó el automóvil. Fueron hasta las orillas de la ciudad, se internaron por la carretera custodiada de pinos, eligieron un claro del bosque y ahí hicieron su día de campo. Corretearon y Mateo la tomaba con las cuatro manos, la lanzaba al aire y la recogía con habilidad y ligereza. Llegó la tarde húmeda, eligieron refugiarse bajo un árbol de fronda enorme y ahí empezaron a acariciarse; cuando Mateo la tenía abrazada, de pronto sintió un cosquilleo en las manos extras, la empezó a apretar con fuerza hasta que la muchacha perdió el sentido y se le desmadejó en las cuatro manos. Mateo estaba feliz y no se daba cuenta de lo que estaba sucediendo, pero cuando sintió el cuerpo de Delia deshilachado, detuvo sus caricias y vio, con sorpresa, lo que había pasado.
Sin pensarlo más, Mateo arrancó el carro y se dirigió al primer hospital que encontró.* Atendieron de inmediato a la muchacha y encontraron que tenía dos costillas rotas. Mateo llamó a ambas familias, que llegaron de inmediato. Delia recuperó el conocimiento y estuvo unas cuantas horas en el hospital; los familiares de Mateo se hicieron cargo de los gastos, aunque estaban limitados económicamente, y la familia de Delia fue tolerante. Desde ese momento, Mateo no volvió a ver a Delia y se mantenía encerrado en su casa, atenazado por el terror; se miraba las cuatro manos y maldecía al mundo por haberle dado un castigo que no había pedido. Ni él ni su familia sabían qué hacer.
Luego de un par de años de encierro, Mateo decidió pedir ayuda a una congregación de misioneros para que lo mantuvieran en un calabozo a agua y pan; no pedía más. El padre Agustín lo aceptó y lo mandó a un monasterio de retiro en uno de los lugares más apartados de la civilización, en lo alto de una montaña. Allí estuvo Mateo recluido por más de 10 años, hasta que se hizo adulto; su única tarea consistía, durante las noches, en tanto todos los monjes estaban recluidos, en cortar la leña para calentar el monasterio; siempre había leña de sobra.
Una de esas noches, mientras el silencioso Mateo daba hachazos certeros a los troncos, escuchó ladridos; de inmediato pensó, como ya había sucedido otras veces, que llegaban los lobos; pero él no se inmutó, siguió con su tarea. De pronto, una sombra saltó hacia él y, con un movimiento rápido de brazos, sostuvo con sus cuatro manos al animal por el cuello, dio un ligero apretón y éste cayó al suelo; pero ya otro le estaba mordisqueando una pierna y, de un manotazo doble, el animal fue a caer a algún lugar de la oscuridad; cuando se vio rodeado por otros, en cuestión de minutos terminó con ellos y se hizo el silencio. Sin embargo, a sus espaldas escuchó ruidos sobre la hierba, se protegió en un árbol y cuando los ruidos estuvieron cerca saltó sobre el animal, tomándolo del cuello y haciéndolo trizas; pero cuando apretaba se dio cuenta de que no había pelambre y que lo que estaba entre sus manos era el cuello de un hombre, al cual sintió como muñeco desmadejado. Tentaleó el cuerpo en la oscuridad y confirmó que había asesinado a un ser humano, lo que tanto había querido evitar en su reclusión de tantos años.
Entre enardecido y sufriendo, empezó a caminar entre las sombras, alejándose del monasterio. Caminó a un monte y otro hasta que el cansancio lo venció; buscó un lugar de hierbajos y allí se recostó. Los primeros resplandores del amanecer lo pusieron alerta, se desperezó y reemprendió el camino hacia no sabía donde. En su mente se armaba la escena del hombre desnucado y los perros hechos trizas, y ese espectáculo sangriento lo hacía caminar más. En esa rutina de remordimiento y gozo inexplicable, caminando hasta el cansancio durante cuatro días, se detuvo.
Cuando supo que se había adentrado demasiado en la sierra, buscó árboles secos y se le ocurrió castigar a sus manos extras, y las utilizó a manera de hachas; pero para su sorpresa las manos añadidas fungían como filos eficaces y los árboles fueron cayendo uno tras otro; en cuestión de un par de días obtuvo los maderos suficientes parta armarse de una cabaña. Hizo sillas, una mesa, su cama y se encerró por varios días. Cuando le venía el hambre, salía a cazar animales rastreros del bosque y, en ocasiones, aves que sus manos extrañas tomaban al vuelo. No supo cuántos años pasaron, el cabello y la barba le habían crecido bastante y semejaba un gurú o un ermitaño.
Mientras dormía, una noche, escuchó movimientos fuera de la cabaña; se levantó y estuvo a la expectativa tras la puerta. Se había jurado no abrirla pasara lo que pasara. Pero de pronto un tronco enorme tumbó la puerta, lo golpeó en un hombro y penetró al fondo de la cabaña. De inmediato, lámparas sordas alumbraron el interior y varios hombres que vestían chamarras a cuadros lo apuntaban con escopetas. Mateo intentó levantarse, pero un culatazo en la cabeza lo dejó tirado en el piso de su cabaña. Despertó, al atardecer siguiente, en una habitación de una sola ventana; en los muros había una serie de signos que otros hombres, antes de él, habían marcado. Intentó mover los brazos, pero los tenía atados por delante a las mangas de una camisa de fuerza blanca bajo su overol azul sucio.
Dos hombres, semejantes a los que habían irrumpido en su cabaña, le hablaron a través de los barrotes de una ventanilla de la puerta:
―Esta noche ―dijo uno de ellos―, el pueblo te va a juzgar, Tarántula.
A Mateo solo se le ocurrió decir:
―Harán bien, que buena falta me hace.
Otro de los hombres dijo:
―No seas cínico, Tarántula, que hay gente, como los misioneros, que no quieren colgarte.
Mateo no sintió esperanza ni desesperanza, se encontraba en un estado de ánimo de indiferencia, como si los pensamientos se le hubieran detenido.
El primero de los hombres agregó:
―Mañana por la mañana vas a saber; aquí las autoridades somos nosotros.
Pronto vino la noche y Mateo decidió que esperaría el resultado despierto. Se recargó en la pared, miró hacia el muro de enfrente.
*A partir del asterisco anterior el relato se interrumpió para que otros autores propusieran otros finales.
Desenlace a “Tarántula” de Guillermo Samperio,
por Abraham Sánchez Guevara.
Corría por largos corredores hasta que atendieron a Delia. Tuvo que ser internada. Mateo olvidó aquella semana, quedó como un hueco que dividía el temor de perder a Delia con la proclamación del definitivo rechazo hacia él. Recordaba las miradas de repulsión del jurado cuando era llevado hacia un auto para transportarlo a un sanatorio mental a consecuencia de la reciente muerte de Delia en el hospital. No se resignaba a quedar preso en nombre de su salud, pensaba que en realidad lo que importaba a la gente era ver que alguien pagara por una muerte, aun cuando hubiese sido accidental. El pretexto de recuperación psicológica convenció hasta a sus padres, y muchos lo veían como un ser perdido que debería estar agradecido por no haber sido condenado a morir. Lo más doloroso era no ver más la brillante luz de los ojos de Delia. Creía que quizá ella le envió un mensaje por medio del médico, el cual no se lo había querido transmitir. Tenía una esperanza contemplando al pasado, el deseo de que al menos Delia no hubiera sufrido en algún despertar o en algún sueño y que su recuerdo hubiese quedado en el momento en que la acariciaba. Supuso que su desmayo llegó casi imperceptiblemente como el sueño… Mas nada lo sabría con certeza.
Iba en el pasillo acompañado de dos guardias, se dirigían hacía fuera cuando de pronto soltó un manotazo al guardia de su izquierda y sintió sus manos extras llenándose de energía y fuerza. A los pocos minutos corría como una bestia en fuga rumbo al bosque y con el rostro de Delia en su mente, mientras soltaba algunas lágrimas fugándose a su vez de sus ojos y secándose por el viento. Corrió hasta llegar a las afueras, donde con más ahínco fue hasta la carretera, de la cual salió para meterse entre los arbustos. Llegó al claro, miró al gran árbol y cayó exhausto; se arrastró hasta que vio una caverna, en la que se refugió. ¡Era todo tan oscuro!, pese a estar a tan sólo unos pasos de la luz primaveral, que no pudo evitar dormir. Quién sabe cuánto tiempo estuvo dentro, despertó con hambre y salió a ver qué comería, tomó unas frutillas rojas pues no quiso penetrar mucho en el bosque porque le temía, aunque sabía que debía adaptarse a su nuevo hogar… Al regresar a la cueva, se colaba una luz intensa y dorada, y vio una gran telaraña en cuyo centro refulgía como gema una tarántula. Entonces notó todo lo que había cambiado su vida, de ser un niño apacible a un joven a menudo apasionado y ahora un hombre completamente solo. «Ya nadie aparte del cielo me abrazará», pensó. La tarántula supo que Mateo estaba ahí y caminó hacia la pared. Mateo la seguía con la mirada y vio cómo pasó sobre unos caracteres tallados que no entendía y se metió luego en un agujero. Mateo durmió allí, soportando el frío, la oscuridad y el miedo. Pasó el tiempo, adaptándose al bosque y éste a Mateo, decorando un par de árboles viejos con tallados y con nichos donde puso estatuas, varias burdas y una parecida a Delia, hechas por su espátula de piedra y su navaja china. Se había acostumbrado a sus manos extras y las usaba con mayor destreza. Un día sintió otro cosquilleo en el cuerpo, como escalofrío, y vio que sus cabellos emblanquecían y entonces miró varias arrugas entre las venas pronunciadas de sus manos.
Al ver gente se escondía y si se acercaban rugía desde la cueva. Pero un día vio unos policías con el guardabosques buscando algo; traían linternas y armas, y entraron en la cueva escrutando cada rincón hasta que vieron a Mateo encorvado entre el piso y la pared, mirándolos a los ojos. Le pidieron explicaciones que no les dio y, apuntándole, lo hicieron salir y lo llevaron a la patrulla. Con una mirada triste se despidió de sus amigos y se fue con los uniformados. De la comisaría pasó al hospital, y fue llevado ante el médico que había atendido a Delia. Fue enviado de inmediato al sanatorio, y para las primeras horas del siguiente día se hallaba ya en el recinto con su camisa de fuerza. Muchos reporteros lo han visitado y fotografiado, pero ninguno lo ha entrevistado. Oyó que su caso asombró mucho a la gente y a investigadores serios y no tan serios, y que en Internet se hacían encuestas a las personas y se había hecho una página web que hablaba de él como un ente paranormal; los verdaderos tejetrampas virtualizaban los anhelos de millones de moscas, chupando su sangre sabor moneda con un perceptible olor a humano.
Su corazón ya late lento, sabe que morirá al amanecer, cuando el alba llame a los gallos y casi lo ciegue de luz mientras los faros del recinto se apagan con un gemido, cuando la gente empiece a salir de sus casas y haga ruido, y los padres lleven a los niños a la escuela.
Descubrió al poco rato a una muchacha que lo miraba y se fue corriendo, tropezó y sola se perdió entre un parque.
Lo han arrojado a abrazarse a sí mismo dentro de esa camisa, soltando apenas un murmullo de lluvia por su boca. Con sus dedos que rozan la fibra del overol y su voz bajita, toca melodías que se oyen a sí mismas y quizá formen parte de las marcas a veces, a veces recordadas en aquellos muros.
Texto con ambos finales publicado en la antología:
Terminemos el cuento. III Premio Internacional de Literatura, Unión Latina-Alfaguara, “Serie Roja”, Madrid, 2001.
Tarántula
Guillermo Samperio
Por la ventana de la habitación entra una luz grisácea que pega contra la pared, pero antes da en la mitad del rostro de Mateo, un hombre ya entrado en años, que viste un overol azul marino sucio y una camisa blanca. La otra parte de su cara está a oscuras, pero de cualquier manera sus ojos tienen un leve brillo, lo cual es lo único que logra tener un poco de luminosidad en aquel recinto. Mateo mira el muro sombrío de enfrente y, aunque no logre distinguir nada, sabe que allí hay signos que otros hombres antes que él han ido marcando en su tránsito por esa habitación. Debería estar dormido, pero prefirió aguardar despierto hasta que viniera el amanecer y, de esta forma, insomne y cansado, enfrentar tal vez el último acontecimiento de su vida. De pronto, una luz más potente, que gira fuera del edificio, entra por la ventana y hace posible ver por un instante que las mangas de la camisa dan vuelta hacia la espalda del hombre y que están atadas al frente.
Mateo no podía tener remordimientos porque lo que le había sucedido en su vida él no lo eligió, más bien, supone, él fue elegido por un destino que no supo cómo llegó hasta el extremo de sus brazos. Mucha gente piensa que Mateo no tiene responsabilidad, en especial los religiosos, pero hay muchos otros que sólo miran el lado negro de las cosas y lo señalan sin ningún miramiento, construyendo su propia ley. Mateo mira hacia el muro de enfrente como si lo atravesara, como si quisiera proyectar sus recuerdos más allá del recinto y que el mundo se enterara, paso a paso, de cómo vino a dar a este sitio.
Siendo adolescente, se fue dando cuenta de cómo su cuerpo se iba transformando. Los vellos que iban surgiendo en su cuerpo y, en especial, la parte baja de sus genitales. Luego el acné que le invadió, por fortuna, la espalda y las nalgas; la pelusa que fue cubriendo la parte superior de la boca y sus mejillas que luego se convertiría en bigote y barba. De entre los de su escuela, era de los más altos; y cuando sus miembros lograron gran longitud, ya no cabía en la cama de niño que le tenían sus padres y una buena temporada se volvió torpe en tanto que no calculaba bien sus movimientos. Se golpeaba las rodillas, daba manotazos y tiraba el plato de sopa o el vaso de agua de limón que su madre preparaba. Pero lo que llegó a confundirlo más fue que al lado de los dedos meñiques sentía una comezón insoportable; notó que al mismo tiempo se le iban abultando esas partes de las manos, como si le estuvieran brotando pequeños tumores y observó que la piel se le iba adelgazando. Una mañana de invierno, antes de salir hacia la escuela, mientras se bañaba, le extrañó que la comezón hubiera disminuido; bajo el chorro de agua miró sus manos y se percató de que junto a los dedos meñiques asomaban otros dedos meñiques. Para no equivocarse se contó los dedos y sí, en total sumaban doce; volvió a hacer la cuenta y de nuevo doce y nada más y nada menos que doce dedos, seis en cada mano.
Al salir del baño, lo primero que se le ocurrió fue ponerse unos guantes tejidos que no había querido ponerse antes, a pesar del ruego de su madre. En la cocina, se comió un pan de dulce y una taza de chocolate y así salió hacia la escuela. En el salón de clases, siguió con los guantes puestos, pero se le dificultaba agarrar bien el lápiz y escribir. No le importó porque había otros muchachos, no muchos, que no se habían quitado los guantes. Al salir de la escuela, no pudo evitar que sus dos hermanos lo acompañaran y le dijeran que se quitara los guantes, que no fuera ridículo, pero como Mateo era el mayor, simplemente los amenazó; levantó un brazo para darle un golpe al más chico, pero al ver su puño en alto, sintió un cosquilleo en el nuevo dedo meñique. Su hermano se había arrinconado contra la pared, pero el brazo seguía quieto a punto de caer; Mateo percibió que los otros cinco dedos no querían golpear, pero el meñique tendía a caer. Finalmente, logró bajar poco a poco la mano, la extendió y le brindó una caricia al hermano, quien de inmediato se incorporó, dibujando una media sonrisa en el rostro. Siguieron su camino.
Ya en casa, tanto su padre como su madre le pidieron que se quitara los guantes, pero el argumentó que imitaría a los superhéroes y a los artistas que siempre usaban guantes y que no lo obligarían a desnudar sus manos. Ya en la noche, a la luz de la lámpara de su buró, examinó sus nuevos meñiques: eran idénticos a los otros, con uña pequeña y rosaditos. Los padres se acostumbraron a ver a su hijo enguantado a toda hora. Al comenzar la primavera, Mateo volvió a sentir comezón junto a los dedos de los meñiques y en pocas semanas le salieron dos nuevos dedos, pero esta vez más grandes. Aunque ya la familia, incluyendo abuelos, tíos y primos, le decían El Hombre Araña, Mateo siguió utilizando guantes; el sobrenombre también se lo aplicaban en la escuela y en la calle donde vivía. Sólo una muchacha vecina, de nombre Delia, lo llamaba por su nombre. Mateo agradecía la delicadeza de Delia.
Una tarde, Federico, el más burlón de la colonia, se había estado mofando de Mateo, llamándolo el Manotas; éste, sabiendo que Federico era bueno para la pelea, guardaba silencio, pero luego de un rato empezó a sentir cosquillas en los cuatro nuevos dedos y, sin pensarlo más, se enfrentó al burlón. Se pusieron en guardia, Federico quiso sorprender con un campanazo de derecha, pero Mateo lo desvió con facilidad y de inmediato mandó un recto de izquierda a la mandíbula de Federico quien con una mirada de incredulidad, voló un par de metros para atrás. Mateo se le fue encima, se sentó a horcajadas sobre su contrincante y lo bombardeó con ambas manos, hasta que los demás muchachos lo detuvieron y se llevaron a Federico, semiinconsciente y deforme del rostro. Cuando Mateo se puso en pie, tuco sentimientos encontrados: por un lado, le daba lástima el burlón y, por otro, se sentía eufórico. Vio sus manos y se dio cuenta de que del guante izquierdo brotaban sus dos dedos extras; se los cubrió con la derecha y sin decir nada se fue hasta su casa.
Esa noche, ya en su cama, sintió que lo atenazaba una profunda tristeza que no había sentido antes. Pero la tristeza se fue diluyendo cuando empezó a sentir comezón al lado de los últimos dedos, señal de que pronto vendrían más dedos. Y así fue, al empezar el verano, Mateo presenció, ante la lámpara de su buró, cómo le brotaba un dedo más en cada mano, mayores que los anteriores, como si tuviera una media mano más en cada mano. Supo en ese momento que ya sería imposible ocultar lo que le estaba sucediendo y, fue hasta la recámara de sus padres; despertó a su papá y, encendiendo la luz, le mostró las manos a su progenitor, mientras su madre también se desperezaba. Los señores no sabían qué decir, guardaron silencio un buen rato mirándose uno al otro. “Fueron esas pastillas anticonceptivas raras que me diste”, dijo ella a su marido. “Estás loca”, respondió él “seguramente es una malformación genética; con tantos experimentos que hacen hoy en día”. Miraron hacia la cara de su hijo y notaron un gesto de súplica. “Venga, mi niño”, dijo la madre y lo abrazó; su padre le pasó la mano sobre la cabeza y le dijo: “Así te vamos a querer, sin importar los dedos que tengas; hay personas que tienen seis dedos en los pies y nadie les dice nada. No se preocupe, m’ijo”. Esa noche, Mateo se quedó a dormir con ellos y, al otro día, ante la familia entera pidieron respeto por Mateo y de esa forma las cosas siguieron como si nada.
Sin embargo, Mateo no pudo evitar que le siguieran diciendo El Hombre Araña, pues ahora sí sus manos parecían patas de araña. Pero la gente del barrio se acostumbró a Mateo, como se había habituado a Pancho, el loco que fumaba colillas en la esquina de la cuadra. Pero vino el otoño y le salieron dos dedos más a Mateo y cuando comenzaba de nuevo el invierno le salieron dos dedos gordos, con lo cual Mateo tenía dos manos idénticas en cada mano. Vino la primavera y ya no le salió ningún dedo más; pasaron otras estaciones del año y sus manos se quedaron con dos manos para siempre.
Durante toda esta transformación, Mateo nunca se quitó de la mente a Delia, su joven vecina, quien nunca le había dicho Hombre Araña. Como todos los muchachos de la colonia respetaban al joven, después de varias golpizas que habían recibido los más gallitos, él se sentía orgulloso. No dudo entonces de invitar a salir a Delia, fueron a varias cafeterías, luego a una que otra discoteca; hasta que empezaron a ser novios. En los momentos en que se acariciaban, Delia era una de las mujeres más felices del mundo, pues sentía cómo recorrían su cuerpo esas cuatro manos de Mateo; además a su lado, ella se sentía segura, ya que sabía que un hombre de verdad, que casi equivalía a dos, la protegería.
Un fin de semana se les ocurrió ir al bosque y el padre de Mateo les prestó el automóvil. Fueron hasta las orillas de la ciudad, se internaron por la carretera custodiada de pinos, eligieron un claro del bosque y ahí hicieron su día de campo. Corretearon y Mateo la tomaba con las cuatro manos, la lanzaba al aire y la recogía con habilidad y ligereza. Llegó la tarde húmeda, eligieron refugiarse bajo un árbol de fronda enorme y ahí empezaron a acariciarse; cuando Mateo la tenía abrazada, de pronto sintió un cosquilleo en las manos extras, la empezó a apretar con fuerza hasta que la muchacha perdió el sentido y se le desmadejó en las cuatro manos. Mateo estaba feliz y no se daba cuenta de lo que estaba sucediendo, pero cuando sintió el cuerpo de Delia deshilachado, detuvo sus caricias y vio, con sorpresa, lo que había pasado.
Sin pensarlo más, Mateo arrancó el carro y se dirigió al primer hospital que encontró.* Atendieron de inmediato a la muchacha y encontraron que tenía dos costillas rotas. Mateo llamó a ambas familias, que llegaron de inmediato. Delia recuperó el conocimiento y estuvo unas cuantas horas en el hospital; los familiares de Mateo se hicieron cargo de los gastos, aunque estaban limitados económicamente, y la familia de Delia fue tolerante. Desde ese momento, Mateo no volvió a ver a Delia y se mantenía encerrado en su casa, atenazado por el terror; se miraba las cuatro manos y maldecía al mundo por haberle dado un castigo que no había pedido. Ni él ni su familia sabían qué hacer.
Luego de un par de años de encierro, Mateo decidió pedir ayuda a una congregación de misioneros para que lo mantuvieran en un calabozo a agua y pan; no pedía más. El padre Agustín lo aceptó y lo mandó a un monasterio de retiro en uno de los lugares más apartados de la civilización, en lo alto de una montaña. Allí estuvo Mateo recluido por más de 10 años, hasta que se hizo adulto; su única tarea consistía, durante las noches, en tanto todos los monjes estaban recluidos, en cortar la leña para calentar el monasterio; siempre había leña de sobra.
Una de esas noches, mientras el silencioso Mateo daba hachazos certeros a los troncos, escuchó ladridos; de inmediato pensó, como ya había sucedido otras veces, que llegaban los lobos; pero él no se inmutó, siguió con su tarea. De pronto, una sombra saltó hacia él y, con un movimiento rápido de brazos, sostuvo con sus cuatro manos al animal por el cuello, dio un ligero apretón y éste cayó al suelo; pero ya otro le estaba mordisqueando una pierna y, de un manotazo doble, el animal fue a caer a algún lugar de la oscuridad; cuando se vio rodeado por otros, en cuestión de minutos terminó con ellos y se hizo el silencio. Sin embargo, a sus espaldas escuchó ruidos sobre la hierba, se protegió en un árbol y cuando los ruidos estuvieron cerca saltó sobre el animal, tomándolo del cuello y haciéndolo trizas; pero cuando apretaba se dio cuenta de que no había pelambre y que lo que estaba entre sus manos era el cuello de un hombre, al cual sintió como muñeco desmadejado. Tentaleó el cuerpo en la oscuridad y confirmó que había asesinado a un ser humano, lo que tanto había querido evitar en su reclusión de tantos años.
Entre enardecido y sufriendo, empezó a caminar entre las sombras, alejándose del monasterio. Caminó a un monte y otro hasta que el cansancio lo venció; buscó un lugar de hierbajos y allí se recostó. Los primeros resplandores del amanecer lo pusieron alerta, se desperezó y reemprendió el camino hacia no sabía donde. En su mente se armaba la escena del hombre desnucado y los perros hechos trizas, y ese espectáculo sangriento lo hacía caminar más. En esa rutina de remordimiento y gozo inexplicable, caminando hasta el cansancio durante cuatro días, se detuvo.
Cuando supo que se había adentrado demasiado en la sierra, buscó árboles secos y se le ocurrió castigar a sus manos extras, y las utilizó a manera de hachas; pero para su sorpresa las manos añadidas fungían como filos eficaces y los árboles fueron cayendo uno tras otro; en cuestión de un par de días obtuvo los maderos suficientes parta armarse de una cabaña. Hizo sillas, una mesa, su cama y se encerró por varios días. Cuando le venía el hambre, salía a cazar animales rastreros del bosque y, en ocasiones, aves que sus manos extrañas tomaban al vuelo. No supo cuántos años pasaron, el cabello y la barba le habían crecido bastante y semejaba un gurú o un ermitaño.
Mientras dormía, una noche, escuchó movimientos fuera de la cabaña; se levantó y estuvo a la expectativa tras la puerta. Se había jurado no abrirla pasara lo que pasara. Pero de pronto un tronco enorme tumbó la puerta, lo golpeó en un hombro y penetró al fondo de la cabaña. De inmediato, lámparas sordas alumbraron el interior y varios hombres que vestían chamarras a cuadros lo apuntaban con escopetas. Mateo intentó levantarse, pero un culatazo en la cabeza lo dejó tirado en el piso de su cabaña. Despertó, al atardecer siguiente, en una habitación de una sola ventana; en los muros había una serie de signos que otros hombres, antes de él, habían marcado. Intentó mover los brazos, pero los tenía atados por delante a las mangas de una camisa de fuerza blanca bajo su overol azul sucio.
Dos hombres, semejantes a los que habían irrumpido en su cabaña, le hablaron a través de los barrotes de una ventanilla de la puerta:
―Esta noche ―dijo uno de ellos―, el pueblo te va a juzgar, Tarántula.
A Mateo solo se le ocurrió decir:
―Harán bien, que buena falta me hace.
Otro de los hombres dijo:
―No seas cínico, Tarántula, que hay gente, como los misioneros, que no quieren colgarte.
Mateo no sintió esperanza ni desesperanza, se encontraba en un estado de ánimo de indiferencia, como si los pensamientos se le hubieran detenido.
El primero de los hombres agregó:
―Mañana por la mañana vas a saber; aquí las autoridades somos nosotros.
Pronto vino la noche y Mateo decidió que esperaría el resultado despierto. Se recargó en la pared, miró hacia el muro de enfrente.
*A partir del asterisco anterior el relato se interrumpió para que otros autores propusieran otros finales.
Desenlace a “Tarántula” de Guillermo Samperio,
por Abraham Sánchez Guevara.
Corría por largos corredores hasta que atendieron a Delia. Tuvo que ser internada. Mateo olvidó aquella semana, quedó como un hueco que dividía el temor de perder a Delia con la proclamación del definitivo rechazo hacia él. Recordaba las miradas de repulsión del jurado cuando era llevado hacia un auto para transportarlo a un sanatorio mental a consecuencia de la reciente muerte de Delia en el hospital. No se resignaba a quedar preso en nombre de su salud, pensaba que en realidad lo que importaba a la gente era ver que alguien pagara por una muerte, aun cuando hubiese sido accidental. El pretexto de recuperación psicológica convenció hasta a sus padres, y muchos lo veían como un ser perdido que debería estar agradecido por no haber sido condenado a morir. Lo más doloroso era no ver más la brillante luz de los ojos de Delia. Creía que quizá ella le envió un mensaje por medio del médico, el cual no se lo había querido transmitir. Tenía una esperanza contemplando al pasado, el deseo de que al menos Delia no hubiera sufrido en algún despertar o en algún sueño y que su recuerdo hubiese quedado en el momento en que la acariciaba. Supuso que su desmayo llegó casi imperceptiblemente como el sueño… Mas nada lo sabría con certeza.
Iba en el pasillo acompañado de dos guardias, se dirigían hacía fuera cuando de pronto soltó un manotazo al guardia de su izquierda y sintió sus manos extras llenándose de energía y fuerza. A los pocos minutos corría como una bestia en fuga rumbo al bosque y con el rostro de Delia en su mente, mientras soltaba algunas lágrimas fugándose a su vez de sus ojos y secándose por el viento. Corrió hasta llegar a las afueras, donde con más ahínco fue hasta la carretera, de la cual salió para meterse entre los arbustos. Llegó al claro, miró al gran árbol y cayó exhausto; se arrastró hasta que vio una caverna, en la que se refugió. ¡Era todo tan oscuro!, pese a estar a tan sólo unos pasos de la luz primaveral, que no pudo evitar dormir. Quién sabe cuánto tiempo estuvo dentro, despertó con hambre y salió a ver qué comería, tomó unas frutillas rojas pues no quiso penetrar mucho en el bosque porque le temía, aunque sabía que debía adaptarse a su nuevo hogar… Al regresar a la cueva, se colaba una luz intensa y dorada, y vio una gran telaraña en cuyo centro refulgía como gema una tarántula. Entonces notó todo lo que había cambiado su vida, de ser un niño apacible a un joven a menudo apasionado y ahora un hombre completamente solo. «Ya nadie aparte del cielo me abrazará», pensó. La tarántula supo que Mateo estaba ahí y caminó hacia la pared. Mateo la seguía con la mirada y vio cómo pasó sobre unos caracteres tallados que no entendía y se metió luego en un agujero. Mateo durmió allí, soportando el frío, la oscuridad y el miedo. Pasó el tiempo, adaptándose al bosque y éste a Mateo, decorando un par de árboles viejos con tallados y con nichos donde puso estatuas, varias burdas y una parecida a Delia, hechas por su espátula de piedra y su navaja china. Se había acostumbrado a sus manos extras y las usaba con mayor destreza. Un día sintió otro cosquilleo en el cuerpo, como escalofrío, y vio que sus cabellos emblanquecían y entonces miró varias arrugas entre las venas pronunciadas de sus manos.
Al ver gente se escondía y si se acercaban rugía desde la cueva. Pero un día vio unos policías con el guardabosques buscando algo; traían linternas y armas, y entraron en la cueva escrutando cada rincón hasta que vieron a Mateo encorvado entre el piso y la pared, mirándolos a los ojos. Le pidieron explicaciones que no les dio y, apuntándole, lo hicieron salir y lo llevaron a la patrulla. Con una mirada triste se despidió de sus amigos y se fue con los uniformados. De la comisaría pasó al hospital, y fue llevado ante el médico que había atendido a Delia. Fue enviado de inmediato al sanatorio, y para las primeras horas del siguiente día se hallaba ya en el recinto con su camisa de fuerza. Muchos reporteros lo han visitado y fotografiado, pero ninguno lo ha entrevistado. Oyó que su caso asombró mucho a la gente y a investigadores serios y no tan serios, y que en Internet se hacían encuestas a las personas y se había hecho una página web que hablaba de él como un ente paranormal; los verdaderos tejetrampas virtualizaban los anhelos de millones de moscas, chupando su sangre sabor moneda con un perceptible olor a humano.
Su corazón ya late lento, sabe que morirá al amanecer, cuando el alba llame a los gallos y casi lo ciegue de luz mientras los faros del recinto se apagan con un gemido, cuando la gente empiece a salir de sus casas y haga ruido, y los padres lleven a los niños a la escuela.
Descubrió al poco rato a una muchacha que lo miraba y se fue corriendo, tropezó y sola se perdió entre un parque.
Lo han arrojado a abrazarse a sí mismo dentro de esa camisa, soltando apenas un murmullo de lluvia por su boca. Con sus dedos que rozan la fibra del overol y su voz bajita, toca melodías que se oyen a sí mismas y quizá formen parte de las marcas a veces, a veces recordadas en aquellos muros.
Texto con ambos finales publicado en la antología:
Terminemos el cuento. III Premio Internacional de Literatura, Unión Latina-Alfaguara, “Serie Roja”, Madrid, 2001.
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viernes, 1 de enero de 2016
Eduardo Galeano en Quijotes
"Yo siempre decía, discutiendo con mis amigos en Venezuela, que (Rafael) Vargas era un pintor realista porque uno no sólo es realista cuando pinta la realidad que conoce y padece, sino que también es realista cuando pinta la realidad que necesita, porque en la barriga de este mundo hay otro mundo posible."
Eduardo Galeano
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Tesis "Lo salvaje en la poesía de Francisco Hernández"
http://132.248.9.195/pd2007/0616378/Index.html
Reseña de "Cucos"
Elisa me preguntó qué pienso cuando oigo Cucos (Ficticia, México, 2015). Pienso en animalitos, como cucús, cuyos o cocuyos. Cada uno de estos cuentos cortos tiene vida propia, es tan orgánico que cada palabra, incluso cada letra (como cuando dice que las palab se las llev el…), tiene una función, mucho más que en la mayoría de los libros. Y es que las pocas y certeras palabras (que también debería aplicarse a los grandes discursos…), con el peso de un balín, con la intensidad de una granada, deben hacer estallar el lenguaje y la misma sociedad, derrumbando las ilusiones (particularmente las palabras ilusorias) o disparando instantáneas del momento en el que la realidad resplandece más, a través del acto ilusionista de la literatura.
La brevedad como negatividad nos acerca al vacío, el no ser, la muerte o el ser inacabado, malhecho, ya sea por el ego, el conformismo, la impostura, la crueldad, la misma vulnerabilidad humana, y que Elisa nos los muestra con dureza, pero también con humor, ternura y erotismo. Ese vacío e imperfección, señalados por Homero, Cervantes, Nietzsche, Rulfo, Samperio, entre otros que la autora invita, es precisamente lo que, si enfrentamos y valoramos debidamente, nos puede permitir transfigurarnos en cualquier aspecto.
No quisiera tropezar, más de lo que quizá ya hice, por lo que me despido recomendando la lectura de los Cucos.
La brevedad como negatividad nos acerca al vacío, el no ser, la muerte o el ser inacabado, malhecho, ya sea por el ego, el conformismo, la impostura, la crueldad, la misma vulnerabilidad humana, y que Elisa nos los muestra con dureza, pero también con humor, ternura y erotismo. Ese vacío e imperfección, señalados por Homero, Cervantes, Nietzsche, Rulfo, Samperio, entre otros que la autora invita, es precisamente lo que, si enfrentamos y valoramos debidamente, nos puede permitir transfigurarnos en cualquier aspecto.
No quisiera tropezar, más de lo que quizá ya hice, por lo que me despido recomendando la lectura de los Cucos.
viernes, 25 de septiembre de 2015
Booktrailer de novela Boceto de mar ennegrecido
https://youtu.be/ZnEm2BzAyyc
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miércoles, 8 de abril de 2015
Boceto de mar ennegrecido
Link de mi novela:
http://es.scribd.com/doc/261314809/Boceto-de-Mar-Ennegrecido#scribd
Boceto de mar ennegrecido es el hilarante esbozo de un absurdo paisaje detectivesco trazado desde la irónica lectura de la tradición literaria. Jonás Suárez, profesor de preparatoria y aspirante a novelista, desaparece misteriosamente. Carmen Garza, estudiante de sociología con experiencia en investigación académica, es contratada para encontrarlo. La pesquisa descubrirá los secretos vicios de un sistema: desde la cofradía del sindicato escolar hasta el sabotaje de una investigación científica sobre los búhos.
Jonás Suárez desafía la lógica artificiosa del género policial para exhibir una auténtica poética literaria que hace del escritor un “artista del vivir”. Si la novela policial pone de manifiesto la imposibilidad de descifrar el enigma que es la existencia, Boceto de mar ennegrecido demostrará, con humor descabellado, lo contrario: la posibilidad de perderse y encontrarse. Aquí, cada pista es el fragmento de un mundo inasible donde se articula improvisadamente la política, la literatura y la realidad. Jonás Suárez se pierde y, en el periplo de su búsqueda, los lectores encontramos, con un poco de astucia y ahogados en un mar de risa, a Abraham Sánchez.
ISAURA CONTRERAS RÍOS.
http://es.scribd.com/doc/261314809/Boceto-de-Mar-Ennegrecido#scribd
Boceto de mar ennegrecido es el hilarante esbozo de un absurdo paisaje detectivesco trazado desde la irónica lectura de la tradición literaria. Jonás Suárez, profesor de preparatoria y aspirante a novelista, desaparece misteriosamente. Carmen Garza, estudiante de sociología con experiencia en investigación académica, es contratada para encontrarlo. La pesquisa descubrirá los secretos vicios de un sistema: desde la cofradía del sindicato escolar hasta el sabotaje de una investigación científica sobre los búhos.
Jonás Suárez desafía la lógica artificiosa del género policial para exhibir una auténtica poética literaria que hace del escritor un “artista del vivir”. Si la novela policial pone de manifiesto la imposibilidad de descifrar el enigma que es la existencia, Boceto de mar ennegrecido demostrará, con humor descabellado, lo contrario: la posibilidad de perderse y encontrarse. Aquí, cada pista es el fragmento de un mundo inasible donde se articula improvisadamente la política, la literatura y la realidad. Jonás Suárez se pierde y, en el periplo de su búsqueda, los lectores encontramos, con un poco de astucia y ahogados en un mar de risa, a Abraham Sánchez.
ISAURA CONTRERAS RÍOS.
viernes, 19 de diciembre de 2014
Hoy y siempre es posible la revolución
El título del artículo "¿Por qué hoy no es posible la revolución?" es por de más tendencioso. Cualquiera que lo lea pensaría que es de un autor de derecha. Por lo que hemos visto, Byung-Chun Han no lo es, pero este artículo me hace sospechar de él como alguien más fashion que Zizek. Si bien es cierto que el concepto de revolución ha cambiado y tiene que hacerlo, también es cierto que es imprescindible desde la izquierda, o si ya tampoco se quiere usar "izquierda", desde el pensamiento crítico. Decir que no es posible la revolución es de una soberbia y además de una ingenuidad enormes, pues no se puede saber el presente ni el futuro con tanta certeza; es entonces propaganda neoliberal, aunque se analice y describa al monstruo del neoliberalismo, que necesita ideólogos que mantengan el mito de que es todopoderoso. Hasta la Hidra de cabezas que renacían tuvo un fin.
Por ejemplo, la falacia de decir que no existe enajenación sólo porque hay euforia, como si las drogas que provocan euforia no fueran enajenantes, y esto no es para defender a Marx, sino para defender el concepto de enajenación, fundamental para criticar al sistema. Otro argumento contra los más racionales antirrevolucionarios es que la revolución ni siquiera depende de la lógica de los intelectuales: suele tener muchas sorpresas, como la vida misma y la creatividad. La pueden aplastar y denigrar, pero tarde o temprano resurgirá.
Por ejemplo, la falacia de decir que no existe enajenación sólo porque hay euforia, como si las drogas que provocan euforia no fueran enajenantes, y esto no es para defender a Marx, sino para defender el concepto de enajenación, fundamental para criticar al sistema. Otro argumento contra los más racionales antirrevolucionarios es que la revolución ni siquiera depende de la lógica de los intelectuales: suele tener muchas sorpresas, como la vida misma y la creatividad. La pueden aplastar y denigrar, pero tarde o temprano resurgirá.
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viernes, 3 de octubre de 2014
El nacimiento de la tragedia, 17
F. Nietzsche
También el arte dionisíaco quiere convencernos del eterno placer de la existencia: sólo que ese placer no debemos buscarlo en las apariencias, sino detrás de ellas. Debemos darnos cuenta de que todo lo que nace tiene que estar dispuesto a un ocaso doloroso, nos vemos forzados a penetrar con la mirada en los horrores de la existencia individual — y, sin embargo, no debemos quedar helados de espanto: un consuelo metafísico nos arranca momentáneamente del engranaje de las figuras mudables. Nosotros mismos somos realmente, por breves instantes, el ser primordial, y sentimos su indómita ansia y su indómito placer de existir; la lucha, el tormento, la aniquilación de las apariencias parécennos ahora necesarios, dada la sobreabundancia de las formas innumerables de existencia que se apremian y se empujan a vivir, dada la desbordante fecundidad de la voluntad del mundo; somos traspasados por la rabiosa espina de esos tormentos en el mismo instante en que, por así decirlo, nos hemos unificado con el inmenso placer primordial por la existencia y en que presentimos, en un éxtasis dionisíaco, la indestructibilidad y eternidad de ese placer. A pesar del miedo y de la compasión, somos los hombres que viven felices, no como individuos, sino como lo único viviente, con cuyo placer procreador estamos fundidos.
También el arte dionisíaco quiere convencernos del eterno placer de la existencia: sólo que ese placer no debemos buscarlo en las apariencias, sino detrás de ellas. Debemos darnos cuenta de que todo lo que nace tiene que estar dispuesto a un ocaso doloroso, nos vemos forzados a penetrar con la mirada en los horrores de la existencia individual — y, sin embargo, no debemos quedar helados de espanto: un consuelo metafísico nos arranca momentáneamente del engranaje de las figuras mudables. Nosotros mismos somos realmente, por breves instantes, el ser primordial, y sentimos su indómita ansia y su indómito placer de existir; la lucha, el tormento, la aniquilación de las apariencias parécennos ahora necesarios, dada la sobreabundancia de las formas innumerables de existencia que se apremian y se empujan a vivir, dada la desbordante fecundidad de la voluntad del mundo; somos traspasados por la rabiosa espina de esos tormentos en el mismo instante en que, por así decirlo, nos hemos unificado con el inmenso placer primordial por la existencia y en que presentimos, en un éxtasis dionisíaco, la indestructibilidad y eternidad de ese placer. A pesar del miedo y de la compasión, somos los hombres que viven felices, no como individuos, sino como lo único viviente, con cuyo placer procreador estamos fundidos.
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martes, 10 de diciembre de 2013
Algo sobre la erótica en el Rgveda
"En el Rgveda no se encuentra ni gazmoñería ni pecado ni malicia ni pornografía, porque nadie ve con recelo el sexo si no se le enseña a verlo así, lo mismo que nadie ve con recelo la nariz porque a nadie se le ocurrió decir que la nariz fuera una cosa sucia y mala."
Juan Miguel de Mora, Estudio analítico del Rig Veda
Juan Miguel de Mora, Estudio analítico del Rig Veda
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sábado, 16 de noviembre de 2013
Haikus varios
Aire de invierno gris
Veo tus ojos
Sonrío con el calor
*
Baño de luz en la noche
Camino de aventura
Estar contigo
*
Todo es inseguro
Pero te amo
Y soy muy feliz
*
Tu pie se balancea
Lo quisiera besar
*
Ahora es primavera
Siento la luz del sol
Como en mi infancia
*
Haikus metaleros
I
La gente quiere cosas dulces
aunque sean falsas o empalagosas,
son niños pervertidos.
II
El metal es contundente,
un mazazo, volar rápido,
eso a muchos no les gusta.
En el corazón de la Tierra hay vientos de metal.
*
En la tarde gris de viento fuerte
la llama de nuestro amor arde con brío.
*
Un trazo de fuego en el cielo azul
y los árboles oscurecen.
*
No pude evitar mojarme
por la suave lluvia
Disfruto sus besos
*
Sor Juana
Faetón femenino
radiante renaces
cual ángel caído.
*
Oyendo heavy metal
Del tubo del rápido metrobús
El viento en mi rostro
*
Virginia, mi madre,
Es una niña sonriente
A la que quiero imitar
*
Se mueven las plantas
por el viento.
Niños de pelo alborotado.
Algunos de estos haikus se publicaron, algunos en versiones anteriores, aquí:
http://cuadrivio.net/2011/12/el-haiku-hispanoamericano-entre-la-iluminacion-y-la-banalidad/
Abraham Sánchez Guevara
Veo tus ojos
Sonrío con el calor
*
Baño de luz en la noche
Camino de aventura
Estar contigo
*
Todo es inseguro
Pero te amo
Y soy muy feliz
*
Tu pie se balancea
Lo quisiera besar
*
Ahora es primavera
Siento la luz del sol
Como en mi infancia
*
Haikus metaleros
I
La gente quiere cosas dulces
aunque sean falsas o empalagosas,
son niños pervertidos.
II
El metal es contundente,
un mazazo, volar rápido,
eso a muchos no les gusta.
En el corazón de la Tierra hay vientos de metal.
*
En la tarde gris de viento fuerte
la llama de nuestro amor arde con brío.
*
Un trazo de fuego en el cielo azul
y los árboles oscurecen.
*
No pude evitar mojarme
por la suave lluvia
Disfruto sus besos
*
Sor Juana
Faetón femenino
radiante renaces
cual ángel caído.
*
Oyendo heavy metal
Del tubo del rápido metrobús
El viento en mi rostro
*
Virginia, mi madre,
Es una niña sonriente
A la que quiero imitar
*
Se mueven las plantas
por el viento.
Niños de pelo alborotado.
Algunos de estos haikus se publicaron, algunos en versiones anteriores, aquí:
http://cuadrivio.net/2011/12/el-haiku-hispanoamericano-entre-la-iluminacion-y-la-banalidad/
Abraham Sánchez Guevara
sábado, 9 de noviembre de 2013
Cerezo y águila
En el interior de la oscura tierra germinó la semilla, tierna. Brotó lo que sería una rama verde brillante. Con el paso de los días y los años el cerezo deleitaba con su aroma, su belleza y su sombra.
Un águila joven se posó en el árbol una tarde. Le gustó tanto ese lugar que permaneció ahí muchos días. A pesar de no ser una cueva, por alguna extraña razón lo protegía del frío. El ave volaba, a veces cerca y a veces lejos, pero siempre regresaba al cerezo porque era su mejor compañero. El bello árbol también disfrutaba de que el águila se posara en sus ramas e incluso comiera de sus ricos frutos. Apenas sentían la cercanía del otro, uno aceleraba el vuelo y gritaba y el otro movía sus ramas como agitadas por el viento del aleteo, aún más que si fueran de la misma especie.
En otra leyenda, el Maestro Almendro dibujó con su uña un barco en la piel de la esclava que era el espíritu encarnado, para que pudiera escapar de toda cárcel. En esta historia el cerezo y el águila se marcaron, uno con las garras en las ramas, el otro con una tintura en la piel del pájaro, signos cuya descripción aquí sería inútil y cuyo significado es inefable.
El águila vuela grandes distancias, intentando no perder su ubicación, recordando una flor del cerezo que funge como rosa de los vientos.
El árbol va abriéndose camino en la tierra con sus raíces, que nunca olvida, y en el cielo con sus ramas, sólo para los ingenuos está inmóvil. En su exquisita delicadeza tiene también la fuerza que tendrían cientos de seres.
Un águila joven se posó en el árbol una tarde. Le gustó tanto ese lugar que permaneció ahí muchos días. A pesar de no ser una cueva, por alguna extraña razón lo protegía del frío. El ave volaba, a veces cerca y a veces lejos, pero siempre regresaba al cerezo porque era su mejor compañero. El bello árbol también disfrutaba de que el águila se posara en sus ramas e incluso comiera de sus ricos frutos. Apenas sentían la cercanía del otro, uno aceleraba el vuelo y gritaba y el otro movía sus ramas como agitadas por el viento del aleteo, aún más que si fueran de la misma especie.
En otra leyenda, el Maestro Almendro dibujó con su uña un barco en la piel de la esclava que era el espíritu encarnado, para que pudiera escapar de toda cárcel. En esta historia el cerezo y el águila se marcaron, uno con las garras en las ramas, el otro con una tintura en la piel del pájaro, signos cuya descripción aquí sería inútil y cuyo significado es inefable.
El águila vuela grandes distancias, intentando no perder su ubicación, recordando una flor del cerezo que funge como rosa de los vientos.
El árbol va abriéndose camino en la tierra con sus raíces, que nunca olvida, y en el cielo con sus ramas, sólo para los ingenuos está inmóvil. En su exquisita delicadeza tiene también la fuerza que tendrían cientos de seres.
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lunes, 1 de julio de 2013
Textos de la presentación del libro "Grietas" de Abraham Sánchez Guevara
28 de junio de 2013
Biblioteca Iberoamericana, México, D.F.
Laura Elisa Vizcaíno es doctorante en letras latinoamericanas en la UNAM, anteriormente realizó la maestría en letras mexicanas en la misma Universidad y la licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Sus tesis y trabajos académicos simpre la han llevado al estudio y reflexión del género de la minificción, lo que abarca la mitad de su cerebro y la otra mitad lo ocupa la creación de minificciones, las cuales ha publicado en páginas de internet y en algunas revistas y antologías de México y Sudamerica. Su tiempo libre también está dividido entre la danza, la alimentación del blog Ficción Mínima, y los talleres virtuales de Ficticia editorial.
Al hablar de una obra en conjunto, a mí me dan unas ganas enormes de desmenuzarla, de recorrerla, escudriñarla y entender el modo cómo está construida. Es así como me doy cuenta de algo muy interesante que tiene que ver con una construcción que habla de la Destrucción. Ahora que tengan el libro en sus manos se darán cuenta, primero, del título Grietas que ya alude a una hendidura, y para rematar está el epígrafe que parece un umbral incitando a la Destrucción, es de Vicente Huidobro y dice así:
“Destruir es fácil, lo difícil es construir. ¡Qué disparate! La verdad es que es más fácil construir que destruir; trata de destruir en el hombre la idea de patria, de religión, de familia, trata de destruir cualquiera idea, cualquier costumbre, y verás si hay algo más difícil”.
Además de esta provocación a la Destrucción hay un texto intermedio del mismo autor Sánchez Guevara, es sumamente breve y dice:
La perfección de los otros
Un día todo empezó a ir perfecto según yo-otros. Mi música de verdad les gustaba a otros, sobre todo a ella, al grado de que la ponía casi diario y se extasiaba al oírla. Mis textos se editaron en todo el mundo. Casi todos mis alumnos apreciaban mi clase y eran participativos y lectores. Etcétera. Entonces lo destruí todo. (32)
Es por estos aspectos que llego a la necesidad de preguntarme: ¿qué hace el autor para hablar de Destrucción, además del título y el epígrafe del libro? Para responderlo, me voy planteando varias hipótesis, y al final me quedaron cinco respuestas.
1.- Uno de los modos del autor para hablar de Destrucción es tratar ciertos temas de manera crítica y satírica, dejando en ridículo a la sociedad, la burocracia y cualquier tipo de convención. Por ejemplo, en el cuento “Anticenicienta” (empezando por el título), hay una burla, un ataque claro, y podría decir que una ganas de Destrucción hacia los roles mediocres de la mujer. Cito una pequeña parte: “En fin, después de algunos novios y muchas frustraciones, se casó. Logró salir de la casa donde su madrastra y hermanastras la oprimían. Ahora, bueno, seguiría haciendo el quehacer, pero al menos no la humillarían, y lo haría por alguien a quien amaba”. (23). Remarco esa parte cómica. Es chistoso el tono coloquial que utiliza el autor ante una situación ridícula e irremediable, que es seguir haciendo el quehacer cual Cenicienta. En el ridículo de la protagonista, está la intención de destruir esos roles arcaicos de la mujer.
2.- Otro modo que utiliza el autor para hablar de Destrucción son ciertos recursos de escritura, lejanos al canon y de toda convención literaria. Incluso, uno se pregunta si estarían permitidos en épocas antiguas. Por ejemplo el título del último cuento reza así: “Sesión apocalíptica muajaja”. O el final del cuento “Nacimiento”, cuya última línea dice: “aquí el lector que lo desee continuará el relato...” (14). O en “La conferencia de Pepito Pérez”: eghhhhhhhhhhhhhhiiiiiitooooooooooooooooooooo (61, ruido metalero). En estos casos, donde hasta la tipografía llama la atención, parece haber una forma de destruir y burlarse también de las formas rígidas de escritura, del acartonamiento que encarcela y no permite la libre expresión del autor, este acartonamiento es evidentemente destruido por el autor de Grietas.
3.- Otro modo de Destrucción que es demasiado claro es la crítica evidente hacia las religiones. La religión es vista como otra institución que acartona y aprisiona, por lo tanto también es atacada, burlada y satirizada. Por ejemplo, en el cuento “Las reliquias”:
“Como es sabido, las reliquias de los santos son muy apreciadas, por lo que varios del cristiano pueblo ansiaban la muerte del fraile, para así poder tener alguna parte de su cuerpo. Algunos de los frailes de su mismo convento fueron los primeros en emprender la labor de ayudar a este hombre a encontrarse con Dios. (16)
La sátira es entendida como un modo de mostrar las ineptitudes del ser humano. Y me parece que en este caso es claro y funcional el modo de reprobar e intentar destruir los errores de la sociedad y de la religión.
4. Otro aspecto que me hace percibir la Destrucción son los temas concretos de la muerte, lo oscuro, alimañas, vampiros (temas plásticos: seres desmembrados), pero también están los temas abstractos como la hipocresía, las mentiras y la violencia. No creo que estos temas busquen destruir, pero sí hablan de la Destrucción.
5.- Y por último, un asunto que también tiene que ver con romper los acartonamientos literarios y que tiene que ver con el lenguaje. El tono de estos cuentos utiliza un lenguaje natural y puro, un lenguaje neto sin pretensión alguna. Este último punto me interesa bastante. Y este tipo de lenguaje me ayuda a encontrar un narrador que juega, se divierte y se burla, de tantas leyes, instituciones, como del lenguaje o de la literatura en sí. Al final queda un sabor de boca de libertad y desfachatez. Y un narrador tan sincero y sencillo como un niño. Para explicar esto último quiero dar tres ejemplos:
-“Legada”: De pronto, cuando los vagones abren sus puertas en una estación, entra un olor a carne asada. Inevitablemente, empiezan a salivar. Sí, incluso las vegetarianas. (15)
-“Carta desde el futuro”: Hasta que llegaba el momento en que el agua les llegaba a la altura de la nariz y ya no podían respirar, o un tiburón se los comía, como de hecho le sucedió a un primo. (30)
-“Milagros de Nuestr@ Señor (A)”: Escuché metal y la ouija me dijo que efectivamente había un mensaje para mí: debía combatir el cristianismo, uno de los verdaderos males de esta tierra. Cené cereal con leche, me puse mi pijama y dormí, para al día siguiente emprender mi misión. (58)
Como lectora, no puedo evitar sonreír ante un personaje irónico y tan desenmascarado que escucha metal, juega la ouija, y después cena cereal con leche y se pone su pijama. Pero una vez más, se trata de un lenguaje que trata temas desagradables con sencillez y calma. Este tipo de lenguaje tan natural, construye personajes que a diferencia de lo que conocemos, aquí no usan máscara, aquí son libres y no pretenden ser otra cosa más que lo que son.
Por mi gusto personal hacia la brevedad encontré un texto que llamó mi atención no sólo por lo pequeñito, sino también por la contundencia de sus palabras. Lo leí varias veces porque la extensión me lo permitía, pero también porque encontraba algo fascinante en él. Y llegué a la conclusión de que éste es un ejemplo microscópico (desde mi punto de vista) de toda la obra de Grietas. Se titula “Fenómenos” y dice así:
Llegó el día en que, del mismo modo en que cualquiera podía tener acceso a un automóvil, internet y teléfono celular, muchísimos podían tener un cuerpo de modelo sin mayor esfuerzo. Pero él no quiso transformarse, aunque fuera fácil y aceptado: siguió con su cuerpo, bastante imperfecto. Llegó a conocer poquísima gente que no se hubiera sometido a esos cambios, y un día, conoció a una mujer así, y caminaron juntos, como dos fenómenos de debilidad y fealdad primitiva, en las calles pobladas de músculos. (22)
¿Por qué digo que este ejemplo es una muestra microscópica de toda la obra? Porque aquí encontré, por ejemplo, la crítica a la sociedad que es constante en todo el libro, y que en este caso critica a la masa que hace lo mismo que los otros. Después hay una variante que rompe con lo típico y monótono que en este caso son dos personajes fenómenos que se encuentran y van juntos, contracorriente. Por último un final, desde mi punto de vista muy literario, que termina en una estampa o una imagen sencilla, este modo de finalizar, también es muy común en todos los cuentos, pero además de la imagen, las palabras que la construyen son contundentes y fuertes: no dejan de criticar a la sociedad musculosa y no dejan de ser expresiones puras.
Y por supuesto, este también es un ejemplo de la Destrucción porque aquí no hay protagonistas heroicos ni musculosos, sino fenómenos. Los fenómenos que están al margen son los protagonistas ejemplares.
Por último, como lectora no me queda más que un antojo por la Destrucción, lo desacartonado y el desenmascaramiento.
*
Iliana Guajardo Sepúlveda estudió la licenciatura en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ejerció la docencia por 17 años y desarrolló los oficios de escritora y editora. Ha publicado libros de texto para diversos grados y niveles educativos, así como ensayo, relato, aforismo y notas de divulgación científica. Como músico ha participado en ensables de música barroca, sefardí, celta y grupos de trova.
Por su mediocridad, la humanidad no merece
a uno solo de sus héroes.
Pero, por sus grandes momentos, los merece a todos.
I. Sepúlveda
The old fashion way: speak the truth
and let the hurt feelings fall where they may.
Proverbio inglés
Desde Sesión apocalíptica, su anterior libro, Abraham Sánchez Guevara nos hizo partícipes de su habilidad para desmenuzar el instante y perseguir la interioridad de los personajes. Nos había invitado a ver atisbos del mundo, con mirada atenta y humor negro.
Ahora, en Grietas, asistimos de nuevo a ese espacio en su mente que, con excelente simultaneidad, observa desde palco y escena. Es común encontrar escritos donde lo relatado sea observado desde fuera (y generalmente desde arriba, pues comúnmente se acepta que el retratista es intelectual y espiritualmente superior al retratado, simplemente por haber notado el momento y haber elaborado dicho retrato –no quiere decir que el retratado no se percatara, sólo se sabe que no lo relató).
Pero en la obra de Abraham Sánchez no ocurre esto. Nuestro autor logra un delicado balance, consiguiendo la sensación de que, al menos en literatura, no sólo es válido ser juez y parte, sino que hay cierto imperativo ético en ello. No se le siente metafísicamente desligado de sus personajes, fundamentalmente porque, más allá de su capacidad de empatía, mantiene la plena conciencia de su irrenunciable humanidad.
De este modo, sin pretensiones narcisistas ni poses de visionario, nos hace sentir la cotidianidad y profunda normalidad que permean la existencia tanto de un vampiro como de un ama de casa que dilapida su vida mientras sueña que es un personaje de cuento. Seres en apariencia disímiles (al grado incluso de poder cuestionar la existencia de uno de ellos mientras no nos cabe la menor duda de la existencia del otro) nos muestran aspectos del ser humano. Esto nos hace comprender que, más allá de si podemos o no asimilar formalmente la existencia de un ser fantástico como el vampiro, o entidades que mantienen la incógnita de si son extraterrestres o deidades (como MROG o FNTAGN) todo lo retratado son aspectos del humano mismo, captados no sólo con el humor negro característico, sino con gran mordacidad y un fuerte, profundo eco, pues sin pena alguna nos deja ver cómo lo humano resuena en su interior, sea o no parte de su individualidad concreta.
Aún mucho más analítico y fluido en esta nueva obra, Sánchez Guevara nos señala tanto la necesidad de mantenernos en nuestros procesos vitales, sin ansiar necesariamente el punto de llegada (momento en que sólo quedaría destruir todo lo ganado, con tal de poder continuar viviendo, es decir, avanzando nuevamente), como la de deshacernos de patrones de comportamiento cuyo problema no es que nos hagan caer en errores, sino reincidir hasta la náusea.
Estudioso de múltiples culturas y amante de ciencias y artes, incorpora a su obra todo aquello con lo que entra en contacto. Puede sentirse el hálito tanto del Tao como de la sabiduría Lakota en su visión no del mundo sino de la Tierra, la naturaleza, el universo, el todo, y cómo la humanidad se ha divorciado y alejado de ello, es decir, de su propio ser.
No sataniza, por ejemplo, a la tecnología, sino que señala el triste uso al que la reducimos. Capta, como si fuera algo simple, cómo la humanidad no logra estar a la altura de sus propios avances, pues las carencias éticas, existenciales y espirituales la hunden hasta la verdadera estatura que tiene nuestra inteligencia. No es culpa de la especie humana, ella sólo es como es. Lo curioso es que se haya sentido tan superior a sí misma que, el alto contraste generado entre su autoimagen y su ser real, la haga caer en una severa depresión. Este estado de ánimo debería disiparse al aceptarnos tal cual somos (incluyendo nuestra inhabilidad para alcanzar nuestros propios ideales). Es tan estéril enojarse con la montaña porque no está en su naturaleza tener alas y volar como golondrina, como deprimirse porque la humanidad sea como es.
Abraham Sánchez nos recuerda que no somos la cúspide de la cadena evolutiva sino un eslabón más, y nos ayuda a querer desear que el próximo eslabón llegue a existir y sea más apto para coexistir consigo mismo y su ser natural.
Resulta, por tanto, no sólo interesante sino benéfico entrar en contacto con la obra aquí comentada. Nos señala tantos vicios de comportamiento, tanta costumbre nociva, esa mentalidad nuestra alienada hasta el absurdo, que funciona como una alarma. Seguramente el autor mantiene la esperanza de que dicha alarma active nuestras mentes, nos saque de la apatía, el ostracismo, el estatismo, el egocentrismo y la mediocridad… Y comencemos a hacer lo que haría todo ser vivo: moverse, aprender… vivir.
Pero, como señala elocuentemente en uno de sus relatos, desde el futuro que ha acontecido en nuestro presente, esa esperanza es una telita pequeña que no alcanza a cobijarnos. Posiblemente en un futuro cercano (dicen en la ONU que en menos de 30 años, vayamos nosotros a saber) la crecida del océano, mientras busca dónde acomodar toda el agua de los glaciares polares, se lleve lo que queda de esa telita… Y los tiburones nos coman a todos, mientras miramos absortos nuestro celular.
Biblioteca Iberoamericana, México, D.F.
Laura Elisa Vizcaíno es doctorante en letras latinoamericanas en la UNAM, anteriormente realizó la maestría en letras mexicanas en la misma Universidad y la licenciatura en la Universidad Iberoamericana. Sus tesis y trabajos académicos simpre la han llevado al estudio y reflexión del género de la minificción, lo que abarca la mitad de su cerebro y la otra mitad lo ocupa la creación de minificciones, las cuales ha publicado en páginas de internet y en algunas revistas y antologías de México y Sudamerica. Su tiempo libre también está dividido entre la danza, la alimentación del blog Ficción Mínima, y los talleres virtuales de Ficticia editorial.
Al hablar de una obra en conjunto, a mí me dan unas ganas enormes de desmenuzarla, de recorrerla, escudriñarla y entender el modo cómo está construida. Es así como me doy cuenta de algo muy interesante que tiene que ver con una construcción que habla de la Destrucción. Ahora que tengan el libro en sus manos se darán cuenta, primero, del título Grietas que ya alude a una hendidura, y para rematar está el epígrafe que parece un umbral incitando a la Destrucción, es de Vicente Huidobro y dice así:
“Destruir es fácil, lo difícil es construir. ¡Qué disparate! La verdad es que es más fácil construir que destruir; trata de destruir en el hombre la idea de patria, de religión, de familia, trata de destruir cualquiera idea, cualquier costumbre, y verás si hay algo más difícil”.
Además de esta provocación a la Destrucción hay un texto intermedio del mismo autor Sánchez Guevara, es sumamente breve y dice:
La perfección de los otros
Un día todo empezó a ir perfecto según yo-otros. Mi música de verdad les gustaba a otros, sobre todo a ella, al grado de que la ponía casi diario y se extasiaba al oírla. Mis textos se editaron en todo el mundo. Casi todos mis alumnos apreciaban mi clase y eran participativos y lectores. Etcétera. Entonces lo destruí todo. (32)
Es por estos aspectos que llego a la necesidad de preguntarme: ¿qué hace el autor para hablar de Destrucción, además del título y el epígrafe del libro? Para responderlo, me voy planteando varias hipótesis, y al final me quedaron cinco respuestas.
1.- Uno de los modos del autor para hablar de Destrucción es tratar ciertos temas de manera crítica y satírica, dejando en ridículo a la sociedad, la burocracia y cualquier tipo de convención. Por ejemplo, en el cuento “Anticenicienta” (empezando por el título), hay una burla, un ataque claro, y podría decir que una ganas de Destrucción hacia los roles mediocres de la mujer. Cito una pequeña parte: “En fin, después de algunos novios y muchas frustraciones, se casó. Logró salir de la casa donde su madrastra y hermanastras la oprimían. Ahora, bueno, seguiría haciendo el quehacer, pero al menos no la humillarían, y lo haría por alguien a quien amaba”. (23). Remarco esa parte cómica. Es chistoso el tono coloquial que utiliza el autor ante una situación ridícula e irremediable, que es seguir haciendo el quehacer cual Cenicienta. En el ridículo de la protagonista, está la intención de destruir esos roles arcaicos de la mujer.
2.- Otro modo que utiliza el autor para hablar de Destrucción son ciertos recursos de escritura, lejanos al canon y de toda convención literaria. Incluso, uno se pregunta si estarían permitidos en épocas antiguas. Por ejemplo el título del último cuento reza así: “Sesión apocalíptica muajaja”. O el final del cuento “Nacimiento”, cuya última línea dice: “aquí el lector que lo desee continuará el relato...” (14). O en “La conferencia de Pepito Pérez”: eghhhhhhhhhhhhhhiiiiiitooooooooooooooooooooo (61, ruido metalero). En estos casos, donde hasta la tipografía llama la atención, parece haber una forma de destruir y burlarse también de las formas rígidas de escritura, del acartonamiento que encarcela y no permite la libre expresión del autor, este acartonamiento es evidentemente destruido por el autor de Grietas.
3.- Otro modo de Destrucción que es demasiado claro es la crítica evidente hacia las religiones. La religión es vista como otra institución que acartona y aprisiona, por lo tanto también es atacada, burlada y satirizada. Por ejemplo, en el cuento “Las reliquias”:
“Como es sabido, las reliquias de los santos son muy apreciadas, por lo que varios del cristiano pueblo ansiaban la muerte del fraile, para así poder tener alguna parte de su cuerpo. Algunos de los frailes de su mismo convento fueron los primeros en emprender la labor de ayudar a este hombre a encontrarse con Dios. (16)
La sátira es entendida como un modo de mostrar las ineptitudes del ser humano. Y me parece que en este caso es claro y funcional el modo de reprobar e intentar destruir los errores de la sociedad y de la religión.
4. Otro aspecto que me hace percibir la Destrucción son los temas concretos de la muerte, lo oscuro, alimañas, vampiros (temas plásticos: seres desmembrados), pero también están los temas abstractos como la hipocresía, las mentiras y la violencia. No creo que estos temas busquen destruir, pero sí hablan de la Destrucción.
5.- Y por último, un asunto que también tiene que ver con romper los acartonamientos literarios y que tiene que ver con el lenguaje. El tono de estos cuentos utiliza un lenguaje natural y puro, un lenguaje neto sin pretensión alguna. Este último punto me interesa bastante. Y este tipo de lenguaje me ayuda a encontrar un narrador que juega, se divierte y se burla, de tantas leyes, instituciones, como del lenguaje o de la literatura en sí. Al final queda un sabor de boca de libertad y desfachatez. Y un narrador tan sincero y sencillo como un niño. Para explicar esto último quiero dar tres ejemplos:
-“Legada”: De pronto, cuando los vagones abren sus puertas en una estación, entra un olor a carne asada. Inevitablemente, empiezan a salivar. Sí, incluso las vegetarianas. (15)
-“Carta desde el futuro”: Hasta que llegaba el momento en que el agua les llegaba a la altura de la nariz y ya no podían respirar, o un tiburón se los comía, como de hecho le sucedió a un primo. (30)
-“Milagros de Nuestr@ Señor (A)”: Escuché metal y la ouija me dijo que efectivamente había un mensaje para mí: debía combatir el cristianismo, uno de los verdaderos males de esta tierra. Cené cereal con leche, me puse mi pijama y dormí, para al día siguiente emprender mi misión. (58)
Como lectora, no puedo evitar sonreír ante un personaje irónico y tan desenmascarado que escucha metal, juega la ouija, y después cena cereal con leche y se pone su pijama. Pero una vez más, se trata de un lenguaje que trata temas desagradables con sencillez y calma. Este tipo de lenguaje tan natural, construye personajes que a diferencia de lo que conocemos, aquí no usan máscara, aquí son libres y no pretenden ser otra cosa más que lo que son.
Por mi gusto personal hacia la brevedad encontré un texto que llamó mi atención no sólo por lo pequeñito, sino también por la contundencia de sus palabras. Lo leí varias veces porque la extensión me lo permitía, pero también porque encontraba algo fascinante en él. Y llegué a la conclusión de que éste es un ejemplo microscópico (desde mi punto de vista) de toda la obra de Grietas. Se titula “Fenómenos” y dice así:
Llegó el día en que, del mismo modo en que cualquiera podía tener acceso a un automóvil, internet y teléfono celular, muchísimos podían tener un cuerpo de modelo sin mayor esfuerzo. Pero él no quiso transformarse, aunque fuera fácil y aceptado: siguió con su cuerpo, bastante imperfecto. Llegó a conocer poquísima gente que no se hubiera sometido a esos cambios, y un día, conoció a una mujer así, y caminaron juntos, como dos fenómenos de debilidad y fealdad primitiva, en las calles pobladas de músculos. (22)
¿Por qué digo que este ejemplo es una muestra microscópica de toda la obra? Porque aquí encontré, por ejemplo, la crítica a la sociedad que es constante en todo el libro, y que en este caso critica a la masa que hace lo mismo que los otros. Después hay una variante que rompe con lo típico y monótono que en este caso son dos personajes fenómenos que se encuentran y van juntos, contracorriente. Por último un final, desde mi punto de vista muy literario, que termina en una estampa o una imagen sencilla, este modo de finalizar, también es muy común en todos los cuentos, pero además de la imagen, las palabras que la construyen son contundentes y fuertes: no dejan de criticar a la sociedad musculosa y no dejan de ser expresiones puras.
Y por supuesto, este también es un ejemplo de la Destrucción porque aquí no hay protagonistas heroicos ni musculosos, sino fenómenos. Los fenómenos que están al margen son los protagonistas ejemplares.
Por último, como lectora no me queda más que un antojo por la Destrucción, lo desacartonado y el desenmascaramiento.
*
Iliana Guajardo Sepúlveda estudió la licenciatura en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ejerció la docencia por 17 años y desarrolló los oficios de escritora y editora. Ha publicado libros de texto para diversos grados y niveles educativos, así como ensayo, relato, aforismo y notas de divulgación científica. Como músico ha participado en ensables de música barroca, sefardí, celta y grupos de trova.
Por su mediocridad, la humanidad no merece
a uno solo de sus héroes.
Pero, por sus grandes momentos, los merece a todos.
I. Sepúlveda
The old fashion way: speak the truth
and let the hurt feelings fall where they may.
Proverbio inglés
Desde Sesión apocalíptica, su anterior libro, Abraham Sánchez Guevara nos hizo partícipes de su habilidad para desmenuzar el instante y perseguir la interioridad de los personajes. Nos había invitado a ver atisbos del mundo, con mirada atenta y humor negro.
Ahora, en Grietas, asistimos de nuevo a ese espacio en su mente que, con excelente simultaneidad, observa desde palco y escena. Es común encontrar escritos donde lo relatado sea observado desde fuera (y generalmente desde arriba, pues comúnmente se acepta que el retratista es intelectual y espiritualmente superior al retratado, simplemente por haber notado el momento y haber elaborado dicho retrato –no quiere decir que el retratado no se percatara, sólo se sabe que no lo relató).
Pero en la obra de Abraham Sánchez no ocurre esto. Nuestro autor logra un delicado balance, consiguiendo la sensación de que, al menos en literatura, no sólo es válido ser juez y parte, sino que hay cierto imperativo ético en ello. No se le siente metafísicamente desligado de sus personajes, fundamentalmente porque, más allá de su capacidad de empatía, mantiene la plena conciencia de su irrenunciable humanidad.
De este modo, sin pretensiones narcisistas ni poses de visionario, nos hace sentir la cotidianidad y profunda normalidad que permean la existencia tanto de un vampiro como de un ama de casa que dilapida su vida mientras sueña que es un personaje de cuento. Seres en apariencia disímiles (al grado incluso de poder cuestionar la existencia de uno de ellos mientras no nos cabe la menor duda de la existencia del otro) nos muestran aspectos del ser humano. Esto nos hace comprender que, más allá de si podemos o no asimilar formalmente la existencia de un ser fantástico como el vampiro, o entidades que mantienen la incógnita de si son extraterrestres o deidades (como MROG o FNTAGN) todo lo retratado son aspectos del humano mismo, captados no sólo con el humor negro característico, sino con gran mordacidad y un fuerte, profundo eco, pues sin pena alguna nos deja ver cómo lo humano resuena en su interior, sea o no parte de su individualidad concreta.
Aún mucho más analítico y fluido en esta nueva obra, Sánchez Guevara nos señala tanto la necesidad de mantenernos en nuestros procesos vitales, sin ansiar necesariamente el punto de llegada (momento en que sólo quedaría destruir todo lo ganado, con tal de poder continuar viviendo, es decir, avanzando nuevamente), como la de deshacernos de patrones de comportamiento cuyo problema no es que nos hagan caer en errores, sino reincidir hasta la náusea.
Estudioso de múltiples culturas y amante de ciencias y artes, incorpora a su obra todo aquello con lo que entra en contacto. Puede sentirse el hálito tanto del Tao como de la sabiduría Lakota en su visión no del mundo sino de la Tierra, la naturaleza, el universo, el todo, y cómo la humanidad se ha divorciado y alejado de ello, es decir, de su propio ser.
No sataniza, por ejemplo, a la tecnología, sino que señala el triste uso al que la reducimos. Capta, como si fuera algo simple, cómo la humanidad no logra estar a la altura de sus propios avances, pues las carencias éticas, existenciales y espirituales la hunden hasta la verdadera estatura que tiene nuestra inteligencia. No es culpa de la especie humana, ella sólo es como es. Lo curioso es que se haya sentido tan superior a sí misma que, el alto contraste generado entre su autoimagen y su ser real, la haga caer en una severa depresión. Este estado de ánimo debería disiparse al aceptarnos tal cual somos (incluyendo nuestra inhabilidad para alcanzar nuestros propios ideales). Es tan estéril enojarse con la montaña porque no está en su naturaleza tener alas y volar como golondrina, como deprimirse porque la humanidad sea como es.
Abraham Sánchez nos recuerda que no somos la cúspide de la cadena evolutiva sino un eslabón más, y nos ayuda a querer desear que el próximo eslabón llegue a existir y sea más apto para coexistir consigo mismo y su ser natural.
Resulta, por tanto, no sólo interesante sino benéfico entrar en contacto con la obra aquí comentada. Nos señala tantos vicios de comportamiento, tanta costumbre nociva, esa mentalidad nuestra alienada hasta el absurdo, que funciona como una alarma. Seguramente el autor mantiene la esperanza de que dicha alarma active nuestras mentes, nos saque de la apatía, el ostracismo, el estatismo, el egocentrismo y la mediocridad… Y comencemos a hacer lo que haría todo ser vivo: moverse, aprender… vivir.
Pero, como señala elocuentemente en uno de sus relatos, desde el futuro que ha acontecido en nuestro presente, esa esperanza es una telita pequeña que no alcanza a cobijarnos. Posiblemente en un futuro cercano (dicen en la ONU que en menos de 30 años, vayamos nosotros a saber) la crecida del océano, mientras busca dónde acomodar toda el agua de los glaciares polares, se lleve lo que queda de esa telita… Y los tiburones nos coman a todos, mientras miramos absortos nuestro celular.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Por fortuna
Por fortuna
el conocimiento no se limita a las instituciones
la belleza no se puede ocultar siempre
el rock no es sólo rockstars
el amor no se rinde fácilmente.
Abraham Sánchez Guevara
el conocimiento no se limita a las instituciones
la belleza no se puede ocultar siempre
el rock no es sólo rockstars
el amor no se rinde fácilmente.
Abraham Sánchez Guevara
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arte,
educación,
literatura,
Obra de Abraham S.G.
sábado, 6 de octubre de 2012
Guitarra
Guitarra
I
Un día te toco
Y danzas con las cuerdas de mi alma
No importa que hayan pasado siglos
Tu resonancia fluye en mi vacío
Agua que nace de las rocas
Madera que trae al bosque
II
Tocar
entre lo audible
y lo inaudible
Andar
entre el fuego y el viento rápido
y el adormecimiento
Sentir
entre la agilidad, la nota precisa y rica
y la torpeza de un simio conmovido
Soltar
y tomar
a la guitarra con los brazos y las piernas
Abraham Sánchez Guevara
I
Un día te toco
Y danzas con las cuerdas de mi alma
No importa que hayan pasado siglos
Tu resonancia fluye en mi vacío
Agua que nace de las rocas
Madera que trae al bosque
II
Tocar
entre lo audible
y lo inaudible
Andar
entre el fuego y el viento rápido
y el adormecimiento
Sentir
entre la agilidad, la nota precisa y rica
y la torpeza de un simio conmovido
Soltar
y tomar
a la guitarra con los brazos y las piernas
Abraham Sánchez Guevara
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Obra de Abraham S.G.,
rock y metal
jueves, 14 de junio de 2012
Breve reseña de Política del rebelde de Michel Onfray
Con el pensamiento integral característico que conjunta ética, estética y política, Michel Onfray presenta este Tratado de resistencia e insumisión. Describe la realidad social como el infierno de Dante, aunque dividido en menos círculos: condenados, réprobos y explotados, donde prácticamente todos los habitantes del planeta ocupamos un lugar, con la alta posibilidad de cambiar de círculo e incluso conocer los tres, por lo general hacia lo más profundo.
Esta cartografía infernal, ya en sí subversiva por eludir ilusiones capitalistas de supuesta libertad y privilegios (adquiridos o prometidos) de ciertos sectores, por ver la realidad como es en términos sociales y contra la amnesia dominante, antecede a sus propuestas, de las cuales distingo las siguientes.
1) El individuo como ser irreductible, que remite a un cuerpo y es capaz de ejercer una política subversiva, no enajenada por rechazar ser Hombre (con sus implicaciones eurocéntrica, adulta y masculina excluyentes), sujeto (que está sujeto a determinadas leyes y que puede actuar sólo en esos límites impuestos u "otorgados") y persona (máscara del individuo). El individuo es lo que las ideologías quieren controlar, son los que se organizan para rebelarse, por interés suyo y de otros, más allá de conceptos gregaristas negadores de individuos en aras de una mayoría abstracta o de un rebaño manipulable, como pueblo, raza, etc.
2) El individuo rebelde pratica la política hedonista porque no acepta ser privado del goce de vivir, hacer gozar, descansar, convivir, estar solo, pensar por cuenta propia, crear, etcétera. Dado que el capitalismo y otros sistemas de dominación imponen la ascesis y el sufrimiento por la fuerza y a través de propaganda (que opera en todos los lugares, en el trabajo, la escuela, la familia y la iglesia) para considerarlos estados virtuosos, el rebelde lucha de varias formas para acabar o disminuir este sufrimiento completamente innecesario.
Como hedonista, no está desencantado del mundo. Conoce el infierno, pero posee su jardín y sabe que puede hacerlo prosperar.
3) El individuo, por supuesto, se organiza con otros individuos para la lucha, pues sabe que es una experiencia vital y que muchas veces si actuara solo, sería derrotado rápidamente por la bestia del sistema. El rebelde puede verse obligado a trabajar, pero no colabora con el sistema cuando no es necesario para él, cuando sólo contribuiría al fortalecimiento de la dominación. Se mantiene en la izquierda, evadiendo izquierdas ilusorias y burguesas que sí colaboran y pactan con los explotadores (también eso ocurre con la caridad de alguna manera). No se deja engañar por promesas mezquinas de ascensos y puestos de dominación para ser criados más cercanos de tiranos. Y, aunque cuida su integridad, tampoco se deja amedrentar por figuras solemnes (en realidad ridículas) de autoridad, infiernos ficticios o por no poder acceder a los premios de las mascotas obedientes.
Al final habla de algunas formas de rebelión organizada, como el sindicalismo revolucionario, la huelga, el ludismo, el obstruccionismo, el boicot o el sabotaje.
4) El poder no se concentra en el soberano, el capitalista o sus funcionarios. Está diseminado, en un campo energizado. Por eso ejerce el fascismo como lo conocemos, pero también los microfascismos en todos los espacios y relaciones que puede. Por eso las fuerzas rebeldes no pueden esperar a tomar el gobierno del Estado o los medios capitalistas, aunque sin duda es deseable, siempre y cuando no se reestablezca una élite. Los rebeldes toman el poder, su poder, en toda oportunidad, socavan el funcionamiento del sistema y organizan pequeñas, medianas o grandes rebeliones.
5) Aunque ateo, Onfray describe una "mística de izquierda" (de hecho la mística ha sido marginada por las religiones oficiales, como pasó con Juan de la Cruz), que está en consonancia con la importancia vital de la ética y la estética. Invita a una estética generalizada, a una escultura de sí mismo, a hacer de la vida una obra de arte. La política, por supuesto, se mezcla en esta dinámica porque, de no hacerlo, concibe estos campos como separados, genera contradicciones y debilita a los individuos, volviéndolos sólo instrumentos eficaces. "La mística [dice] conviene a las ideas que, según el principio nietzscheano, habitan las cimas, donde el aire es frío, vivo y cortante, donde no se temen las virtudes del viento de invierno, el rigor y la rareza, es decir, los valores que importan." (p. 125) Lo humorístico que caracteriza al cinismo filosófico y a la crítica no niega lo sublime de un pensamiento que aspira a esas cumbres, de un esfuerzo que valga la pena.
6) Invita a los rebeldes del nuevo siglo a retomar al Mayo del 68, que tomó las calles y las universidades, que buscaba la democratización y la solidaridad de estudiantes con trabajadores y que fue reprimido, sancionado o trivializado por el sistema. De esa represión (que en México se padeció mucho más a pesar de haber sido menos radical el movimiento) e intento de desacreditación a partir de los errores y las mentiras, se reforzó el conservadurismo, y de esa trivialización, se gestó el pensamiento único, débil y banal de la sociedad de consumo que hoy impera pregonando un falso hedonismo de la insatisfacción. Contra esto y el colaboracionismo de "intelectuales" defensores del sistema, la continuación de la organización del 68. En México, a mi parecer, lo mismo que en otras partes del mundo, por fin esto está sucediendo, y con mayor fuerza a pesar de las "profecías" derrotistas del neoliberalismo.
Retoma las vidas e ideas de Blanqui, Nietzsche, Diógenes, Proudhon, Antelme, Foucault, Deleuze, Pelloutier, Bourdieu y Marx, entre otros, aunque criticando mucho a este último.
Esta cartografía infernal, ya en sí subversiva por eludir ilusiones capitalistas de supuesta libertad y privilegios (adquiridos o prometidos) de ciertos sectores, por ver la realidad como es en términos sociales y contra la amnesia dominante, antecede a sus propuestas, de las cuales distingo las siguientes.
1) El individuo como ser irreductible, que remite a un cuerpo y es capaz de ejercer una política subversiva, no enajenada por rechazar ser Hombre (con sus implicaciones eurocéntrica, adulta y masculina excluyentes), sujeto (que está sujeto a determinadas leyes y que puede actuar sólo en esos límites impuestos u "otorgados") y persona (máscara del individuo). El individuo es lo que las ideologías quieren controlar, son los que se organizan para rebelarse, por interés suyo y de otros, más allá de conceptos gregaristas negadores de individuos en aras de una mayoría abstracta o de un rebaño manipulable, como pueblo, raza, etc.
2) El individuo rebelde pratica la política hedonista porque no acepta ser privado del goce de vivir, hacer gozar, descansar, convivir, estar solo, pensar por cuenta propia, crear, etcétera. Dado que el capitalismo y otros sistemas de dominación imponen la ascesis y el sufrimiento por la fuerza y a través de propaganda (que opera en todos los lugares, en el trabajo, la escuela, la familia y la iglesia) para considerarlos estados virtuosos, el rebelde lucha de varias formas para acabar o disminuir este sufrimiento completamente innecesario.
Como hedonista, no está desencantado del mundo. Conoce el infierno, pero posee su jardín y sabe que puede hacerlo prosperar.
3) El individuo, por supuesto, se organiza con otros individuos para la lucha, pues sabe que es una experiencia vital y que muchas veces si actuara solo, sería derrotado rápidamente por la bestia del sistema. El rebelde puede verse obligado a trabajar, pero no colabora con el sistema cuando no es necesario para él, cuando sólo contribuiría al fortalecimiento de la dominación. Se mantiene en la izquierda, evadiendo izquierdas ilusorias y burguesas que sí colaboran y pactan con los explotadores (también eso ocurre con la caridad de alguna manera). No se deja engañar por promesas mezquinas de ascensos y puestos de dominación para ser criados más cercanos de tiranos. Y, aunque cuida su integridad, tampoco se deja amedrentar por figuras solemnes (en realidad ridículas) de autoridad, infiernos ficticios o por no poder acceder a los premios de las mascotas obedientes.
Al final habla de algunas formas de rebelión organizada, como el sindicalismo revolucionario, la huelga, el ludismo, el obstruccionismo, el boicot o el sabotaje.
4) El poder no se concentra en el soberano, el capitalista o sus funcionarios. Está diseminado, en un campo energizado. Por eso ejerce el fascismo como lo conocemos, pero también los microfascismos en todos los espacios y relaciones que puede. Por eso las fuerzas rebeldes no pueden esperar a tomar el gobierno del Estado o los medios capitalistas, aunque sin duda es deseable, siempre y cuando no se reestablezca una élite. Los rebeldes toman el poder, su poder, en toda oportunidad, socavan el funcionamiento del sistema y organizan pequeñas, medianas o grandes rebeliones.
5) Aunque ateo, Onfray describe una "mística de izquierda" (de hecho la mística ha sido marginada por las religiones oficiales, como pasó con Juan de la Cruz), que está en consonancia con la importancia vital de la ética y la estética. Invita a una estética generalizada, a una escultura de sí mismo, a hacer de la vida una obra de arte. La política, por supuesto, se mezcla en esta dinámica porque, de no hacerlo, concibe estos campos como separados, genera contradicciones y debilita a los individuos, volviéndolos sólo instrumentos eficaces. "La mística [dice] conviene a las ideas que, según el principio nietzscheano, habitan las cimas, donde el aire es frío, vivo y cortante, donde no se temen las virtudes del viento de invierno, el rigor y la rareza, es decir, los valores que importan." (p. 125) Lo humorístico que caracteriza al cinismo filosófico y a la crítica no niega lo sublime de un pensamiento que aspira a esas cumbres, de un esfuerzo que valga la pena.
6) Invita a los rebeldes del nuevo siglo a retomar al Mayo del 68, que tomó las calles y las universidades, que buscaba la democratización y la solidaridad de estudiantes con trabajadores y que fue reprimido, sancionado o trivializado por el sistema. De esa represión (que en México se padeció mucho más a pesar de haber sido menos radical el movimiento) e intento de desacreditación a partir de los errores y las mentiras, se reforzó el conservadurismo, y de esa trivialización, se gestó el pensamiento único, débil y banal de la sociedad de consumo que hoy impera pregonando un falso hedonismo de la insatisfacción. Contra esto y el colaboracionismo de "intelectuales" defensores del sistema, la continuación de la organización del 68. En México, a mi parecer, lo mismo que en otras partes del mundo, por fin esto está sucediendo, y con mayor fuerza a pesar de las "profecías" derrotistas del neoliberalismo.
Retoma las vidas e ideas de Blanqui, Nietzsche, Diógenes, Proudhon, Antelme, Foucault, Deleuze, Pelloutier, Bourdieu y Marx, entre otros, aunque criticando mucho a este último.
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martes, 8 de mayo de 2012
La belleza de consumo
Umberto Eco, Historia de la belleza
Los que acuden a visitar una exposición de arte de vanguardia, compran una escultura “incomprensible” o participan de un happening van vestidos y peinados según los cánones de la moda, llevan vaqueros o ropa de marca, se maquillan según el modelo de belleza propuesto por las revistas de moda, por el cine, por la televisión, es decir, por los medios de comunicación de masas. Siguen los ideales de belleza del mundo del consumo comercial, contra el que el arte de las vanguardias ha luchado durante más de cincuenta años. ¿Cómo hay que interpretar esta contradicción? Sin pretender explicarla: es la contradicción típica del siglo XX.
Los que acuden a visitar una exposición de arte de vanguardia, compran una escultura “incomprensible” o participan de un happening van vestidos y peinados según los cánones de la moda, llevan vaqueros o ropa de marca, se maquillan según el modelo de belleza propuesto por las revistas de moda, por el cine, por la televisión, es decir, por los medios de comunicación de masas. Siguen los ideales de belleza del mundo del consumo comercial, contra el que el arte de las vanguardias ha luchado durante más de cincuenta años. ¿Cómo hay que interpretar esta contradicción? Sin pretender explicarla: es la contradicción típica del siglo XX.
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jueves, 19 de abril de 2012
Fragmentos merol de Paradise Lost de John Milton

Ilustración de John Martin
Libro I
95. Nor what the Potent Victor in his rage
96. Can else inflict, do I repent or change,
97. Though changed in outward luster; that fixed mind
98. And high disdain, from sense of injured merit,
99. That with the mightiest raised me to contend,
100. And to the fierce contention brought along
101. Innumerable force of spirits armed
102. That durst dislike his reign, and me preferring,
103. His utmost power with adverse power opposed
104. In dubious battle on the plains of Heaven,
105. And shook his throne. What though the field be lost?
106. All is not lost; the unconquerable will,
107. And study of revenge, immortal hate,
108. And courage never to submit or yield:
109. And what is else not to be overcome?
110. That glory never shall his wrath or might
111. Extort from me. To bow and sue for grace
112. With suppliant knee, and deify his power,
113. Who from the terror of this arm so late
114. Doubted his empire, that were low indeed,
115. That were an ignominy and shame beneath
116. This downfall
587. Thus far these beyond
588. Compare of mortal prowess, yet observed
589. Their dread commander: he above the rest
590. In shape and gesture proudly eminent
591. Stood like a tower; his form had yet not lost
592. All her original brightness, nor appeared
593. Less then archangel ruined, and the excess
594. Of glory obscured: As when the sun new risen
595. Looks through the horizontal misty air
596. Shorn of his beams, or from behind the moon
597. In dim eclipse disastrous twilight sheds
598. On half the nations, and with fear of change
599. Perplexes monarchs.
Libro II
247. How wearisome
248. Eternity so spent in worship paid
249. To whom we hate! Let us not then pursue,
250. By force impossible, by leave obtained
251. Unacceptable, though in Heaven, our state
252. Of splendid vassalage; but rather seek
253. Our own good from ourselves, and from our own
254. Live to ourselves, though in this vast recess,
255. Free and to none accountable, preferring
256. Hard liberty before the easy yoke
257. Of servile pomp. Our greatness will appear
258. Then most conspicuous when great things of small,
259. Useful of hurtful, prosperous of adverse,
260. We can create, and in what place soe'er
261. Thrive under evil, and work ease out of pain
262. Through labor and endurance.
910. Into this wild abyss,
911. The womb of nature, and perhaps her grave,
912. Of neither sea, nor shore, nor air, nor fire,
913. But all these in their pregnant causes mixed
914. Confusedly, and which thus must ever fight,
915. Unless the Almighty Maker them ordain
916. His dark materials to create more worlds,
917. Into this wild Abyss the wary Fiend
918. Stood on the brink of Hell and looked a while,
919. Pondering his voyage; for no narrow frith
920. He had to cross. Nor was his ear less pealed
921. With noises loud and ruinous (to compare
922. Great things with small) than when Bellona storms
923. With all her battering engines, bent to rase
924. Some capital city; or less than if this frame
925. Of Heaven were falling, and these elements
926. In mutiny had from her axle torn
927. The steadfast Earth. At last his sail-broad vans
928. He spread for flight, and, in the surging smoke
929. Uplifted, spurns the ground; thence many a league,
930. As in a cloudy chair, ascending rides
931. Audacious; but, that seat soon failing, meets
932. A vast vacuity. All unawares,
933. Fluttering his pennons vain, plumb-down he drops
934. Ten thousand fathom deep, and to this hour
935. Down had been falling, had not, by ill chance,
936. The strong rebuff of some tumultuous cloud,
937. Instinct with fire and nitre, hurried him
938. As many miles aloft.
951. At length a universal hubbub wild
952. Of stunning sounds, and voices all confused,
953. Borne through the hollow dark, assaults his ear
954. With loudest vehemence. Thither he plies
955. Undaunted, to meet there whatever power
956. Or spirit of the nethermost Abyss
957. Might in that noise reside, of whom to ask
958. Which way the nearest coast of darkness lies
959. Bordering on light; when straight behold the throne
960. Of Chaos, and his dark pavilion spread
961. Wide on the wasteful deep! With him enthroned
962. Sat sable-vested Night, eldest of things,
963. The consort of his reign; and by them stood
964. Orcus and Ades, and the dreaded name
965. Of Demogorgon; Rumour next, and Chance,
966. And Tumult, and Confusion, all embroiled,
967. And Discord with a thousand various mouths.
968. To whom Satan, turning boldly, thus:, Ye powers
969. And spirtis of this nethermost Abyss,
970. Chaos and ancient Night, I come no spy
971. With purpose to explore or to disturb
972. The secrets of your realm; but, by constraint
973. Wandering this darksome desert, as my way
974. Lies through your spacious empire up to light,
975. Alone and without guide, half lost, I seek,
976. What readiest path leads where your gloomy bounds
977. Confine with Heaven; or, if some other place,
978. From your dominion won, the Ethereal King
979. Possesses lately, thither to arrive
980. I travel this profound. Direct my course:
981. Directed, no mean recompense it brings
982. To your behoove, if I that region lost,
983. All usurpation thence expelled, reduce
984. To her original darkness and your sway
985. (Which is my present journey), and once more
986. Erect the standard there of ancient night.
Libro III
540. Satan from hence, now on the lower stair,
541. That scaled by steps of gold to Heaven-gate,
542. Looks down with wonder at the sudden view
543. Of all this world at once. As when a scout,
544. Through dark and desert ways with peril gone
545. All night, at last by break of cheerful dawn
546. Obtains the brow of some high-climbing hill,
547. Which to his eye discovers unaware
548. The goodly prospect of some foreign land
549. First seen, or some renowned metropolis
550. With glistering spires and pinnacles adorned,
551. Which now the rising sun gilds with his beams:
552. Such wonder seized, though after Heaven seen,
Libro IV
520. hence I will excite their minds
521. With more desire to know, and to reject
522. Envious commands, invented with design
523. To keep them low, whom knowledge might exalt
524. Equal with Gods
917. Courageous Chief,
918. The first in flight from pain, hadst thou alleged
919. To thy deserted host this cause of flight,
920. Thou surely hadst not come sole fugitive.
921. To which the fiend thus answered, frowning stern.
922. Not that I less endure, or shrink from pain,
923. Insulting angel! well thou knowest I stood
924. Thy fiercest, when in battle to thy aid
925. The blasting volleyed thunder made all speed,
926. And seconded thy else not dreaded spear.
927. But still thy words at random, as before,
928. Argue thy inexperience what behooves
929. From hard assays and ill successes past
930. A faithful leader, not to hazard all
931. Through ways of danger by himself untried:
932. I, therefore, I alone first undertook
933. To wing the desolate abyss, and spy
934. This new created world, whereof in Hell
935. Fame is not silent, here in hope to find
936. Better abode, and my afflicted Powers
937. To settle here on earth, or in mid air;
938. Though for possession put to try once more
939. What thou and thy gay legions dare against;
940. Whose easier business were to serve their Lord
941. High up in Heaven, with songs to hymn his throne,
942. And practiced distances to cringe, not fight
Libro V
853. That we were formed then sayest thou? and the work
854. Of secondary hands, by task transferred
855. From Father to his Son? strange point and new,
856. Doctrine which we would know whence learned: who saw
857. When this creation was? rememberest thou
858. Thy making, while the Maker gave thee being?
Libro IX
494. toward Eve
495. Addressed his way: not with indented wave,
496. Prone on the ground, as since; but on his rear,
497. Circular base of rising folds, that towered
498. Fold above fold, a surging maze, his head
499. Crested aloft, and carbuncle his eyes;
500. With burnished neck of verdant gold, erect
501. Amidst his circling spires, that on the grass
502. Floated redundant: pleasing was his shape
503. And lovely; never since of serpent-kind
504. Lovelier, not those that in Illyria changed,
505. Hermione and Cadmus, or the god
506. In Epidaurus; nor to which transformed
507. Ammonian Jove, or Capitoline, was seen;
508. He with Olympias; this with her who bore
509. Scipio, the heighth of Rome. With tract oblique
510. At first, as one who sought access, but feared
511. To interrupt, side-long he works his way.
512. As when a ship, by skilful steersmen wrought
513. Nigh river's mouth or foreland, where the wind
514. Veers oft, as oft so steers, and shifts her sail:
515. So varied he, and of his tortuous train
516. Curled many a wanton wreath in sight of Eve,
517. To lure her eye; she, busied, heard the sound
518. Of rustling leaves, but minded not, as used
519. To such disport before her through the field,
520. From every beast; more duteous at her call,
521. Than at Circean call the herd disguised.
522. He, bolder now, uncalled before her stood,
523. But as in gaze admiring: oft he bowed
524. His turret crest, and sleek enameled neck,
525. Fawning; and licked the ground whereon she trod.
526. His gentle dumb expression turned at length
527. The eye of Eve to mark his play; he, glad
528. Of her attention gained, with serpent-tongue
529. Organic, or impulse of vocal air,
530. His fraudulent temptation thus began.
570. I was at first as other beasts that graze
571. The trodden herb, of abject thoughts and low,
572. As was my food; nor aught but food discerned
573. Or sex, and apprehended nothing high:
574. Till, on a day roving the field, I chanced
575. A goodly tree far distant to behold
576. Loaden with fruit of fairest colors mixed,
577. Ruddy and gold: I nearer drew to gaze;
578. When from the boughs a savory odor blown,
579. Grateful to appetite, more pleased my sense
580. Than smell of sweetest fennel, or the teats
581. Of ewe or goat dropping with milk at even,
582. Unsucked of lamb or kid, that tend their play.
583. To satisfy the sharp desire I had
584. Of tasting those fair apples, I resolved
585. Not to defer; hunger and thirst at once,
586. Powerful persuaders, quickened at the scent
587. Of that alluring fruit, urged me so keen.
588. About the mossy trunk I wound me soon;
589. For, high from ground, the branches would require
590. Thy utmost reach or Adam's: Round the tree
591. All other beasts that saw, with like desire
592. Longing and envying stood, but could not reach.
593. Amid the tree now got, where plenty hung
594. Tempting so nigh, to pluck and eat my fill
595. I spared not; for, such pleasure till that hour,
596. At feed or fountain, never had I found.
597. Sated at length, ere long I might perceive
598. Strange alteration in me, to degree
599. Of reason in my inward powers; and speech
600. Wanted not long; though to this shape retained.
601. Thenceforth to speculations high or deep
602. I turned my thoughts, and with capacious mind
603. Considered all things visible in Heaven,
604. Or Earth, or Middle; all things fair and good:
605. But all that fair and good in thy divine
606. Semblance, and in thy beauty's heavenly ray,
607. United I beheld; no fair to thine
608. Equivalent or second, which compelled
609. Me thus, though importune perhaps, to come
610. And gaze, and worship thee of right declared
611. Sovereign of creatures, universal dame!
678. Oh sacred, wise, and wisdom-giving Plant,
679. Mother of science, now I feel thy power
680. Within me clear; not only to discern
681. Things in their causes, but to trace the ways
682. Of highest agents, deemed however wise.
683. Queen of this universe, do not believe
684. Those rigid threats of death: ye shall not die:
685. How should you? by the fruit? it gives you life
686. To knowledge; by the threatener? look on me,
687. Me, who have touched and tasted; yet both live,
688. And life more perfect have attained than Fate
689. Meant me, by venturing higher than my lot.
690. Shall that be shut to Man, which to the Beast
691. Is open? or will God incense his ire
692. For such a petty trespass? and not praise
693. Rather your dauntless virtue, whom the pain
694. Of death denounced, whatever thing death be,
695. Deterred not from achieving what might lead
696. To happier life, knowledge of good and evil;
697. Of good, how just? of evil, if what is evil
698. Be real, why not known, since easier shunned?
699. God therefore cannot hurt ye, and be just;
700. Not just, not God; not feared then, nor obeyed:
701. Your fear itself of death removes the fear.
702. Why then was this forbid? Why, but to awe;
703. Why, but to keep ye low and ignorant,
704. His worshippers? He knows that in the day
705. Ye eat thereof, your eyes that seem so clear,
706. Yet are but dim, shall perfectly be then
707. Opened and cleared, and ye shall be as Gods,
708. Knowing both good and evil, as they know.
709. That ye shall be as Gods, since I as Man,
710. Internal Man, is but proportion meet;
711. I, of brute, human; ye, of human, Gods.
712. So ye shall die perhaps, by putting off
713. Human, to put on Gods; death to be wished,
714. Though threatened, which no worse than this can bring.
715. And what are Gods, that man may not become
716. As they, participating God-like food?
717. The Gods are first, and that advantage use
718. On our belief, that all from them proceeds:
719. I question it; for this fair earth I see,
720. Warmed by the sun, producing every kind;
721. Them, nothing: if they all things, who enclosed
722. Knowledge of good and evil in this tree,
723. That whoso eats thereof, forthwith attains
724. Wisdom without their leave? and wherein lies
725. The offence, that man should thus attain to know?
726. What can your knowledge hurt him, or this tree
727. Impart against his will, if all be his?
728. Or is it envy? and can envy dwell
729. In heavenly breasts? These, these, and many more
730. Causes import your need of this fair fruit.
731. Goddess humane, reach then, and freely taste.
794. Oh sovereign, virtuous, precious of all trees
795. In Paradise! of operation blest
796. To sapience, hitherto obscured, infamed.
797. And thy fair fruit let hang, as to no end
798. Created; but henceforth my early care,
799. Not without song, each morning, and due praise,
800. Shall tend thee, and the fertile burden ease
801. Of thy full branches offered free to all;
802. Till, dieted by thee, I grow mature
803. In knowledge, as the Gods, who all things know;
804. Though others envy what they cannot give:
805. For, had the gift been theirs, it had not here
806. Thus grown. Experience, next, to thee I owe,
807. Best guide; not following thee, I had remained
808. In ignorance; thou openest wisdom's way,
809. And givest access, though secret she retire.
Libro X
743. Did I request thee, Maker, from my clay
744. To mould me Man? did I solicit thee
745. From darkness to promote me, or here place
746. In this delicious garden? As my will
747. Concurred not to my being, it were but right
748. And equal to reduce me to my dust;
749. Desirous to resign and render back
750. All I received; unable to perform
751. Thy terms too hard, by which I was to hold
752. The good I sought not. To the loss of that,
753. Sufficient penalty, why hast thou added
754. The sense of endless woes? Inexplicable
755. Why am I mocked with death, and lengthened out
756. To deathless pain? How gladly would I meet
757. Mortality my sentence, and be earth
758. Insensible. How glad would lay me down
759. As in my mother's lap. There I should rest,
760. And sleep secure; his dreadful voice no more
761. Would thunder in my ears; no fear of worse
762. To me, and to my offspring, would torment me
763. With cruel expectation.
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lunes, 26 de marzo de 2012
En la playa
-Disculpa, ¿quieres bailar?
-Pero no traigo zapatos, ¿le importa?
El caballero cambió su sonrisa por una cara de asco y se marchó. La hermosa sirena bajó de la silla y con el coraje que genera una ofensa regresó a su espacio marino, ejecutó los movimientos más armónicos, imposibles de realizarse sobre la tierra, y nunca más paró de bailar.
Laura Elisa Vizcaíno
-Pero no traigo zapatos, ¿le importa?
El caballero cambió su sonrisa por una cara de asco y se marchó. La hermosa sirena bajó de la silla y con el coraje que genera una ofensa regresó a su espacio marino, ejecutó los movimientos más armónicos, imposibles de realizarse sobre la tierra, y nunca más paró de bailar.
Laura Elisa Vizcaíno
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