Ventana a un probable futuro próximo, Los que deambulan sin sentido no es sólo una “novela de zombis”, como pareciera indicar el título, la portada y la moda por la que pasa este momento. Y eso se puede percibir desde las primeras páginas, en las que el retrato del mundo actual es horriblemente realista: superpotencias enfrentadas desplegando todo su poderío mediático, económico y militar a costa de masas humanas explotadas y manipuladas e incluso a costa de las mismas superpotencias, que no son más que la representación de las pasiones egoístas de una minoría.
El zombi es la imagen del mundo desgastado en el cual vivimos, que se cae a pedazos, enfermo de rencores y descuidos, egoísmos y traiciones. Es la máxima expresión de la entropía andante, del desgaste en forma humana. […] El zombi es el reflejo de la sociedad que lo ha engendrado. Es un ser que no piensa, desea, y ese deseo entraña una carencia, pero que no es la escasez de algo indispensable, sino de una necesidad impuesta. Aquello que busca no le es vital. Puede vivir sin la carne humana, pero la desea como si en ello se le fuera la existencia. La desea con un apetito incansable, la consume compulsivamente, aunque luego la deje a medias, porque es un ser de proyectos inacabados. Por eso quien escribió esto puede concluir que los zombis somos nosotros. La moda de los zombis es una morbosa fascinación por nuestra monstruosidad, más que física, ontológica.
La guerra atraviesa toda la novela y a todos los personajes (¿no es así también en este mundo y en particular en este país?), nadie escapa a ella, desde el soldado hasta la madre o la pareja posesivas, los deportistas y empleados de oficina, la “gente bien”, los religiosos, quienes buscan evadir la realidad, los magnates titiriteros, los pobres, los científicos… Los golpes brutales de una realidad que muchos habían querido ignorar o postergar demuelen los proyectos de vida. A algunos esta oscura iluminación los lleva a ser mejores seres humanos, más valientes, congruentes y solidarios; muchos van sobrellevando las crisis, yendo a la deriva y sin cambiar esencialmente, conservando su egoísmo como si fuera lo más valioso de la vida, y otros aprovechan esta coyuntura para seguir siendo monstruos, pero ahora en su máxima expresión de estupidez, sin darse cuenta de que persistir en ese camino no les traerá felicidad y ni siquiera beneficios perdurables, sino que acrecentará el infierno. Obra que recuerda el también brillante y crudo Ensayo sobre la ceguera de Saramago. ¿Quiénes son los zombis? ¿quiénes son los ciegos? ¿son los otros, alguien a quien temer o compadecer?
Al final parece haber una luz, ¿pero cuánto puede durar si quienes la emiten no plantean otras formas de relacionarse y organizarse política y económicamente, que de verdad eviten que se repita la historia como ya se ha repetido (de ahí las referencias a la historia y a las mitologías antiguas), que cambien el rumbo hacia una vida de verdad hermosa, justa y placentera para el ser humano?
Septiembre de 2013
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sábado, 2 de enero de 2016
Reseña de "Glosar rupestre" de Jorge Aguilera
Quiero comentar Glosar rupestre (Verso destierro, México, 2014) de Jorge Aguilera López, aunque en este momento tengo más intuiciones que claridad. Lo intentaré porque sé que hay que glosar (sin glosas la lengua no evolucionaría y la poesía tampoco) y que a veces no queda más que confiar en la intuición, porque esta poesía es como una mosca, “ángel de día” de formas a menudo surrealistas, que no se deja atrapar. Versos prosaicos y sublimes que resisten al burocratismo cuantitativo, que “cuentan lo que tienen que contar”, lo que de verdad importa, que pugnan porque “la estupidez no venza”; palabras que huelen, no a sermón de iglesia, sino a una filosofía viva en el cuerpo que declara que “la ontología está en tus ojos, la ética en tus manos, la epistemología en tu boca”; una Eva que no necesita de la serpiente para ser libre; un Dios muerto pero presente que no puede impedir la blasfemia, lo sagrado más vasto, el amor; un sujeto “atañéndose en el presente como ruta”, que a pesar del llanto espera la llegada de la luz y se levanta, que cree haberse curado de la literatura pero que más bien se ha curado de los parásitos que la vuelven mercancía simbólica, pues para él poesía y revolución confluyen en un mismo cauce.
Septiembre de 2014.
Septiembre de 2014.
viernes, 1 de enero de 2016
Una charla con César Aira. Isaura Contreras, Abraham Sánchez y Elisa Vizcaíno
http://luvina.com.mx/foros/index.php?option=com_content&task=view&id=365
Tesis "Lo salvaje en la poesía de Francisco Hernández"
http://132.248.9.195/pd2007/0616378/Index.html
Irene Selser. El haiku y la militancia. El haiku en tres poetas contemporáneos. Tercera entrega
http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=2852:el-haiku-en-tres-poetas-contemporos-3-irene-selser-el-haiku-y-la-militancia&catid=1025:no-61&Itemid=154
Una taza de café con Francisco Hernández. El haiku en tres poetas contemporáneos. Segunda entrega
http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index2.php?option=com_content&task=view&id=2812&pop=1&page=0&Itemid=115
Raúl Renán: guerrero del lápiz. El haiku en tres poetas contemporáneos. Primera entrega
http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=2775&Itemid=115
Tesis "Recreación de la novela en la obra de César Aira"
http://es.scribd.com/doc/88515228/Abraham-Sanchez-Guevara-Recreacion-de-la-novela-en-la-obra-de-Cesar-Aira#scribd
Tesis "Reflexiones en torno al haiku hispanoamericano"
http://www.academia.edu/8339658/Reflexiones_en_torno_al_haiku_hispoanoamericano
Reseña de "Cucos"
Elisa me preguntó qué pienso cuando oigo Cucos (Ficticia, México, 2015). Pienso en animalitos, como cucús, cuyos o cocuyos. Cada uno de estos cuentos cortos tiene vida propia, es tan orgánico que cada palabra, incluso cada letra (como cuando dice que las palab se las llev el…), tiene una función, mucho más que en la mayoría de los libros. Y es que las pocas y certeras palabras (que también debería aplicarse a los grandes discursos…), con el peso de un balín, con la intensidad de una granada, deben hacer estallar el lenguaje y la misma sociedad, derrumbando las ilusiones (particularmente las palabras ilusorias) o disparando instantáneas del momento en el que la realidad resplandece más, a través del acto ilusionista de la literatura.
La brevedad como negatividad nos acerca al vacío, el no ser, la muerte o el ser inacabado, malhecho, ya sea por el ego, el conformismo, la impostura, la crueldad, la misma vulnerabilidad humana, y que Elisa nos los muestra con dureza, pero también con humor, ternura y erotismo. Ese vacío e imperfección, señalados por Homero, Cervantes, Nietzsche, Rulfo, Samperio, entre otros que la autora invita, es precisamente lo que, si enfrentamos y valoramos debidamente, nos puede permitir transfigurarnos en cualquier aspecto.
No quisiera tropezar, más de lo que quizá ya hice, por lo que me despido recomendando la lectura de los Cucos.
La brevedad como negatividad nos acerca al vacío, el no ser, la muerte o el ser inacabado, malhecho, ya sea por el ego, el conformismo, la impostura, la crueldad, la misma vulnerabilidad humana, y que Elisa nos los muestra con dureza, pero también con humor, ternura y erotismo. Ese vacío e imperfección, señalados por Homero, Cervantes, Nietzsche, Rulfo, Samperio, entre otros que la autora invita, es precisamente lo que, si enfrentamos y valoramos debidamente, nos puede permitir transfigurarnos en cualquier aspecto.
No quisiera tropezar, más de lo que quizá ya hice, por lo que me despido recomendando la lectura de los Cucos.
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