Esta es una paráfrasis y fragmentos del libro mencionado. Es claro que si a Rius le quitamos los monitos y algunas palabras coloquiales, queda un texto que sigue teniendo profundidad y fuerza argumentativa. La reflexión sobre la opresión de la mujer, en concreto a través de la moda, no ha sido suficientemente abordada por quienes dicen defender a las mujeres... De hecho, muchas veces ni siquiera la han advertido.
Antes de la Revolución francesa, en el siglo XVIII, el atuendo femenino era muy recatado, al contrario del masculino, lo cual es congruente con una sociedad pensada para los privilegios masculinos. Después llega el puritanismo de la Inglaterra victoriana.
"Es a partir de esa época que el hombre renuncia al viejo privilegio de 'exhibidor' de su cuerpo vestido y cede a la mujer ese papel que, con más o menos modificaciones, sigue llevando hasta la fecha. (...) Empieza el siglo con la discreta exhibición de media pantorrilla." (334) Y poco a poco se va descubriendo más.
"La mujer ha así conquistado el derecho a exhibirse gratis y a utilizarse como objeto. Pero también su cuerpo ha pasado a ser -gracias a la moda- un medio de vida. ¿Cuántas actrices no se han hecho millonarias con su cuerpo? ¿Cuántas mujeres analfabetas, pobres e ignorantes (no) han pescado marido gracias a la correcta exhibición de su cuerpo? Pero, liberada del corsé y la represión religiosa, la mujer pasa, sin darse cuenta, a otro tipo de opresión que es la esclavitud de la moda."(336) "La mujer -y en ciertos casos también el hombre- vive enajenada por la moda impuesta por la sociedad de consumo por medio de los medios de comunicación."(338)
"Ex-esclava de la religión, la mujer ha caído en una esclavitud peor de la sociedad de consumo (la nueva religión) vendiendo baratísimo su cuerpo para anunciar toda clase de artículos, desde estufas hasta cigarros y alcohol"
"Ya no sólo la mujer, sino el cuerpo de la mujer se ha convertido en objeto de consumo: la mujer al servicio del hombre... y de la sociedad de consumo..." (341) "La moda no es, ni ha sido, ni será nunca revolucionaria. Por el contrario, solo es símbolo e instrumento de alienación" (346)
Rius, Esa idiotez llamada moda, en Todo Rius, Tomo 2, Grijalbo, México, 2006.
viernes, 26 de marzo de 2010
Alicia de Tim Burton: guerrera, capitalista, de Disney...
Tim Burton se ha dedicado cada vez más a hacer películas para darks y emos gringos o agringados, con una mínima conciencia crítica y muchos clichés. Su versión de Alicia en el país de las Maravillas es de los mejores ejemplos. El genial humor absurdo de la novela de Lewis Carroll sólo aparece de manera ocasional. Y el punto no es que la película deba imitar al libro, pues todo artista es independiente. El punto es que la cinta es mediocre, excepto por sus efectos visualees.
Esta Alicia es una heroína épica más que una niña curiosa, el amor platónico del Sombrerero... y finalmente una imperialista británica que extenderá su poder en Asia. Es decir, tiene el discurso dominante de la mujer neoliberal que el sistema promueve como parte de su "liberación" (en este caso, claramente definida al rechazar un matrimonio impuesto).
Esta Alicia es una heroína épica más que una niña curiosa, el amor platónico del Sombrerero... y finalmente una imperialista británica que extenderá su poder en Asia. Es decir, tiene el discurso dominante de la mujer neoliberal que el sistema promueve como parte de su "liberación" (en este caso, claramente definida al rechazar un matrimonio impuesto).
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domingo, 21 de febrero de 2010
El veneno al lavabo
Me di cuenta de que tenía mucho veneno. ¡Y cómo no! Todos tenemos. Pero hay que sacarlo, aunque también tenga cierto sabor adictivo. Cierto tipo de metal y ciertas ideas me atrajeron porque me ayudaban a sacarlo, aunque al mismo tiempo me lo provocaban más. Ya fue demasiado. "Sacar" al veneno estimulando el placer malsano no es sacarlo del todo, sino regenerarlo. Ya no los voy a odiar, no vale la pena. Que se pudran ellos solos. Es hora de purificar, de que haya más congruencia.
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viernes, 12 de febrero de 2010
El cambio de vida del señor Verdoux
Acabo de ver la película Monsieur Verdoux de Chaplin. Después de un buen rato de verlo hacerla de villano chistoso, viene la parte genial. Cuando conversa con la vagabunda a la que quería matar para experimentar un nuevo veneno. Hablan del amor, en el cual Verdoux no cree, pues él sólo seducía a las mujeres para quedarse con su dinero. Al ver que ella sí cree, ver que puede haber alguien en este mundo que viva y piense diferente, y sea noble y más pleno que él, con todo su dinero e inteligencia, decide quitarle la copa envenenada, pretextando que tiene un pedazo de corcho.
Cuando se va a retirar, él le da mucho dinero. Ella llora porque queda conmovida por su generosidad. Le dice que ya que había dejado de tener fe y de creer en el ser humano, lo encuentra a él y entonces vuelve a creer. A lo que él responde, sabiendo que es un criminal:
—Do not believe too much. This is a ruthless world and one must be ruthless to cope with it.
—That isn’t true. It’s a blundering world and a very sad one, yet kindness can make it beautiful.
—You’d better go before your philosophy corrupts me.
(—No creas demasiado. Este es un mundo despiadado y uno debe ser despiadado para sobrellevarlo.
—Eso no es cierto. Es un mundo tremendamente equivocado y muy triste, pero la amabilidad lo puede hacer hermoso.
—Mejor vete antes de que tu filosofía me corrompa.)
Con el paso del tiempo, Verdoux no puede detener la inercia de su forma de vida, pero sus crímenes ya no le salen tan bien como antes. Llega el momento en que decide dejarse atrapar por la policía. Es juzgado. El fiscal dice que su cerebro lo usó para matar mujeres en masa y es un ser abominable que merece morir. Él responde que, en efecto, tiene cerebro, y lo usó honestamente durante los treinta y cinco años en que sirvió a un banco, contando el dinero de otros. Después lo despidieron cuando consideraron que ya no querían seguir pagándole y que ya no era tan necesario, y entonces se dedicó a hacer lo que sus patrones hacían: quedarse con el dinero de otros aprovechándose de su confianza. En cuanto a los crímenes en masa, ¿no es algo que la sociedad alienta?, se pregunta. ¿Qué no se construyen bombas para matar a miles de personas inocentes, con toda la inteligencia de la ciencia? Los últimos momentos, en la celda, los pasa tranquilamente y con una actitud cínica, reconociendo su culpa pero al mismo tiempo señalando la hipocresía de la sociedad que lo condena. Quienes quieren redimirlo o beneficiarse de algún modo de su tragedia resultan retratados por las palabras irónicas de Verdoux: el reportero, el sacerdote y los policías.
En realidad, la vida de este personaje es como la de muchas personas: llena de insatisfacciones y banal. La diferencia es que fue más descarado, más honesto consigo mismo en esa carrera estúpida. Al final se da cuenta de esto y renuncia a esa vida. La consecuencia de sus actos será que no sólo renunciará a esa vida, sino desgraciadamente a toda la vida. Es el resultado lógico de las muchas vidas que él quitó sin consideración y de un sistema estricto con los de abajo. Además, en esta película Chaplin no mantiene ni inicia un romance. Está solo. No obstante, los últimos días parece sereno y purificado. Ya no es una sonrisa de triunfo egoísta la de su rostro, sino la de alguien que ha descubierto un saber realmente precioso.
Cuando se va a retirar, él le da mucho dinero. Ella llora porque queda conmovida por su generosidad. Le dice que ya que había dejado de tener fe y de creer en el ser humano, lo encuentra a él y entonces vuelve a creer. A lo que él responde, sabiendo que es un criminal:
—Do not believe too much. This is a ruthless world and one must be ruthless to cope with it.
—That isn’t true. It’s a blundering world and a very sad one, yet kindness can make it beautiful.
—You’d better go before your philosophy corrupts me.
(—No creas demasiado. Este es un mundo despiadado y uno debe ser despiadado para sobrellevarlo.
—Eso no es cierto. Es un mundo tremendamente equivocado y muy triste, pero la amabilidad lo puede hacer hermoso.
—Mejor vete antes de que tu filosofía me corrompa.)
Con el paso del tiempo, Verdoux no puede detener la inercia de su forma de vida, pero sus crímenes ya no le salen tan bien como antes. Llega el momento en que decide dejarse atrapar por la policía. Es juzgado. El fiscal dice que su cerebro lo usó para matar mujeres en masa y es un ser abominable que merece morir. Él responde que, en efecto, tiene cerebro, y lo usó honestamente durante los treinta y cinco años en que sirvió a un banco, contando el dinero de otros. Después lo despidieron cuando consideraron que ya no querían seguir pagándole y que ya no era tan necesario, y entonces se dedicó a hacer lo que sus patrones hacían: quedarse con el dinero de otros aprovechándose de su confianza. En cuanto a los crímenes en masa, ¿no es algo que la sociedad alienta?, se pregunta. ¿Qué no se construyen bombas para matar a miles de personas inocentes, con toda la inteligencia de la ciencia? Los últimos momentos, en la celda, los pasa tranquilamente y con una actitud cínica, reconociendo su culpa pero al mismo tiempo señalando la hipocresía de la sociedad que lo condena. Quienes quieren redimirlo o beneficiarse de algún modo de su tragedia resultan retratados por las palabras irónicas de Verdoux: el reportero, el sacerdote y los policías.
En realidad, la vida de este personaje es como la de muchas personas: llena de insatisfacciones y banal. La diferencia es que fue más descarado, más honesto consigo mismo en esa carrera estúpida. Al final se da cuenta de esto y renuncia a esa vida. La consecuencia de sus actos será que no sólo renunciará a esa vida, sino desgraciadamente a toda la vida. Es el resultado lógico de las muchas vidas que él quitó sin consideración y de un sistema estricto con los de abajo. Además, en esta película Chaplin no mantiene ni inicia un romance. Está solo. No obstante, los últimos días parece sereno y purificado. Ya no es una sonrisa de triunfo egoísta la de su rostro, sino la de alguien que ha descubierto un saber realmente precioso.
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miércoles, 10 de febrero de 2010
Arte y vida
El arte es un sistema burgués, como lo puede ser la ciencia. En sociedades no burguesas no se tenían estos conceptos, aunque hubiera música, poesía, inventos, conocimientos, no se concebían como arte o ciencia. En realidad, a estas alturas, es imposible volver atrás, además de que hacerlo no sería necesariamente provechoso.
Así pues, nos encontramos con el arte que es un sistema burgués, de dominación, donde el culto de la academia sobre todo en el canon occidental, ejerce el poder y determina qué es y qué no es arte. Las vanguardias de principios del siglo XX se opusieron a esto en mayor o menor medida. Algunos vanguardistas querían sacar al arte de las definiciones burguesas, instalarlo en las vidas de los no iniciados. Arte podía ser un mingitoro firmado, algo cotidiano y no solemne ni bello en el sentido clásico. Aprendieron también de los niños, que son creadores por naturaleza, para quienes la creación es parte del juego.
Pienso que ya que se entiende aún hoy en día al arte como producir algo bello, podríamos hacer arte y belleza más allá de las concepciones burguesas. De hecho eso sucede frecuentemente, pero no estamos concientes. Arte puede ser hacer de comer para un ser amado, aunque el platillo no sea una obra maestra de la gastronomía, aunque nadie lo considere así, no se le tome fotos ni quede ningún rastro de él. Es arte en tanto que es algo que crea belleza y es una experiencia que conmueve a los participantes. Si muchas veces no se valora, es otra cosa. Uno puede estar frente a una pintura de Picasso y no valorarla por no tener el decodificador, el contexto, o simplemente el gusto e interés. Pero esa obra es arte de cualquier modo.
Si nos dedicáramos a hacer arte de todos o muchos de nuestros actos más cotidianos, el mundo se convertiría en una especie de paraíso, descubriríamos que podemos ser genios aunque no hagamos un soneto, no toquemos un instrumento o no usemos pinceles. Y lo seríamos sin pretenciosidad, por amor al arte, al acto mismo. Sé que eso no sucederá a nivel masivo. Eso es una utopía. Pero sí puede despertarse poco a poco esa conciencia creadora y transformadora de la realidad.
Así pues, nos encontramos con el arte que es un sistema burgués, de dominación, donde el culto de la academia sobre todo en el canon occidental, ejerce el poder y determina qué es y qué no es arte. Las vanguardias de principios del siglo XX se opusieron a esto en mayor o menor medida. Algunos vanguardistas querían sacar al arte de las definiciones burguesas, instalarlo en las vidas de los no iniciados. Arte podía ser un mingitoro firmado, algo cotidiano y no solemne ni bello en el sentido clásico. Aprendieron también de los niños, que son creadores por naturaleza, para quienes la creación es parte del juego.
Pienso que ya que se entiende aún hoy en día al arte como producir algo bello, podríamos hacer arte y belleza más allá de las concepciones burguesas. De hecho eso sucede frecuentemente, pero no estamos concientes. Arte puede ser hacer de comer para un ser amado, aunque el platillo no sea una obra maestra de la gastronomía, aunque nadie lo considere así, no se le tome fotos ni quede ningún rastro de él. Es arte en tanto que es algo que crea belleza y es una experiencia que conmueve a los participantes. Si muchas veces no se valora, es otra cosa. Uno puede estar frente a una pintura de Picasso y no valorarla por no tener el decodificador, el contexto, o simplemente el gusto e interés. Pero esa obra es arte de cualquier modo.
Si nos dedicáramos a hacer arte de todos o muchos de nuestros actos más cotidianos, el mundo se convertiría en una especie de paraíso, descubriríamos que podemos ser genios aunque no hagamos un soneto, no toquemos un instrumento o no usemos pinceles. Y lo seríamos sin pretenciosidad, por amor al arte, al acto mismo. Sé que eso no sucederá a nivel masivo. Eso es una utopía. Pero sí puede despertarse poco a poco esa conciencia creadora y transformadora de la realidad.
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domingo, 20 de diciembre de 2009
Mata la navidad, celebra el existir
No necesito de la navidad, ni del 14 de febrero,
para decirte que te quiero,
de hecho no los necesito para nada más tampoco.
No necesito comprarte nada.
No necesito vestirme como dicen que debo hacerlo,
ni ir a París o algo parecido,
ni ser musculoso, eso creo,
o hacer muchos chistes y tener una barbilla determinada
y unos ojos determinados.
Eso creo.
Mata la navidad, celebra el existir.
¿Es que el ser humano es tan fácil de domesticar,
y le dicen todo lo que debe hacer, hasta cuándo, cómo y a quién querer?
La respuesta es obvia, pero quería preguntar de todos modos.
Para decirlo en términos que todos entendamos (espero):
para mí siempre es navidad y 14 de febrero.
Con la DIFERENCIA
de que no puedo creer en ese tipo de celebraciones,
inventadas por unos comerciantes
(la iglesia es una gran comerciante también, y de las peores),
que en los millones de esclavos que las practican,
a veces expresan amor
y muchas veces, varias toneladas de hipocresía y simplemente moda.
Mata la navidad, celebra el existir.
La gracia
El amor
La paz
se ofrecen
y se cultivan
no se compran.
Sus ritmos son como los de las aves migratorias o las canciones honestas:
No esperan que otros les digan cuándo empezar.
Y su fuerza puede ser más grande que la de todos los volts de un mall,
y hacer florecer en plena oscuridad.
*Por cierto, veo que en 2007 publiqué otra cosa antinavideña jaja.
** Por cierto, todos los abrazos de buena fe son siempre bien recibidos.
para decirte que te quiero,
de hecho no los necesito para nada más tampoco.
No necesito comprarte nada.
No necesito vestirme como dicen que debo hacerlo,
ni ir a París o algo parecido,
ni ser musculoso, eso creo,
o hacer muchos chistes y tener una barbilla determinada
y unos ojos determinados.
Eso creo.
Mata la navidad, celebra el existir.
¿Es que el ser humano es tan fácil de domesticar,
y le dicen todo lo que debe hacer, hasta cuándo, cómo y a quién querer?
La respuesta es obvia, pero quería preguntar de todos modos.
Para decirlo en términos que todos entendamos (espero):
para mí siempre es navidad y 14 de febrero.
Con la DIFERENCIA
de que no puedo creer en ese tipo de celebraciones,
inventadas por unos comerciantes
(la iglesia es una gran comerciante también, y de las peores),
que en los millones de esclavos que las practican,
a veces expresan amor
y muchas veces, varias toneladas de hipocresía y simplemente moda.
Mata la navidad, celebra el existir.
La gracia
El amor
La paz
se ofrecen
y se cultivan
no se compran.
Sus ritmos son como los de las aves migratorias o las canciones honestas:
No esperan que otros les digan cuándo empezar.
Y su fuerza puede ser más grande que la de todos los volts de un mall,
y hacer florecer en plena oscuridad.
*Por cierto, veo que en 2007 publiqué otra cosa antinavideña jaja.
** Por cierto, todos los abrazos de buena fe son siempre bien recibidos.
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sábado, 10 de octubre de 2009
Declaración de los derechos del hombre (¡y de la mujer!)
Tiene derecho a permanecer en silencio
Tiene derecho a decir cosas cómodas
Tiene derecho a ser normal y creerse especial
Tiene derecho a sentirse superior a los de otro color, país o forma de nariz
Tiene derecho a imitar lo que todos hacen
Tiene derecho a trabajar mucho
Tiene derecho a comprar
Tiene derecho a vender
Tiene derecho legítimo a tratar de abusar del otro
Tiene derecho a consumir drogas legales
Tiene derecho a portarse bien
Tiene derecho a votar
Tiene derecho a casarse, tener hijos y celebrar eso
Tiene derecho a creer en dios e idolatrar cosas y personas
Tiene derecho a tratar de complacer siempre a los demás
Tiene derecho a sentirse noble
Tiene derecho a sentirse insatisfecho de sí mismo
Tiene derecho a sentirse culpable y deprimido si no obedece perfectamente
Tiene derecho a decir cosas cómodas
Tiene derecho a ser normal y creerse especial
Tiene derecho a sentirse superior a los de otro color, país o forma de nariz
Tiene derecho a imitar lo que todos hacen
Tiene derecho a trabajar mucho
Tiene derecho a comprar
Tiene derecho a vender
Tiene derecho legítimo a tratar de abusar del otro
Tiene derecho a consumir drogas legales
Tiene derecho a portarse bien
Tiene derecho a votar
Tiene derecho a casarse, tener hijos y celebrar eso
Tiene derecho a creer en dios e idolatrar cosas y personas
Tiene derecho a tratar de complacer siempre a los demás
Tiene derecho a sentirse noble
Tiene derecho a sentirse insatisfecho de sí mismo
Tiene derecho a sentirse culpable y deprimido si no obedece perfectamente
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miércoles, 7 de octubre de 2009
La enfermedad de Madame Bovary
Había escuchado tantas tonterías sobre esta novela que no tenía ganas de leerla. Es increíble cómo la crítica (tanto académica como ordinaria, aunque la primera también puede ser muy ordinaria) puede tergiversar tanto un libro con sus interpretaciones banales, al grado de que realiza una especie de censura y de difamación de obras literarias que valen la pena, o al contrario, de promoción de verdadera basura.
Me animé a leerla porque Michel Onfray critica el bovarismo. Antes sólo había escuchado reivindicaciones de esta dama: que era una mujer valiente que se había atrevido a serle infiel a su esposo y era una especie de mártir de las feministas. Añadámosle a eso la extensión y minuciosidad de las novelas realistas del siglo XIX...
Cuando se genera controversia de un asunto sobre el cual todas las opiniones parecían coincidir, se genera necesariamente interés. Además, el tema de la moral y la libertad, en específico en su relación con el erotismo, es fundamental.
¿Es Emma Bovary una mujer valiente, atrevida y liberada? No lo suficiente. No se distingue mucho del resto de la sociedad, que también es crudamente criticada por Flaubert. Quizá la diferencia esencial entre ella y los demás consiste en su mayor desprecio por la vida y su tendencia a buscar el sufrimiento.
Todos los personajes son en mayor o menor grado farsantes, frívolos y cobardes.
Emma recuerda a otro personaje del escritor: Felicidad, de “Un corazón simple”: una chica abandonada que termina por aferrarse al amor de un perico e imaginar que le habla, aunque esté muerto. El caso de Emma es aún más grave, porque es abandonada en primer y último lugar por ella misma. Y teniendo todos los recursos, los desperdicia hasta quedar en la ruina económica y emocional.
El bovarismo consiste en estar permanentemente insatisfecho, anhelando lo que no se tiene y despreciando lo que se tiene, aunque antes haya sido muy deseado. Es una idealización de lo deseado, muy acorde, valga la redundancia, con las filosofías idealistas, que exaltan mundos ficticios y “superiores” en detrimento de lo inmanente y material (la “filosofía” perfecta para el consumismo y la sumisión). Al mismo tiempo, es frívola. Su hombre perfecto no sólo debe ser guapo y romántico, sino también rico y con maneras artistócratas.
El cristianismo es parte de la decoración grandilocuente y de la exaltación narcisista de imaginarse a uno mismo como mártir a pesar de su egoísmo. El amor cortés, que glorificaba el adulterio a finales de la Edad Media, y que era practicado por las élites (de hecho era obligatorio tener amantes en la herejía cátara, de donde parte, según una hipótesis), se vulgarizó en Occidente, como observa Denis de Rougemont, y ahora hasta la clase dominada puede darse esos lujos tortuosos y telenovelescos. Es necesario aclarar que este no es un comentario moralista contra el adulterio. La monogamia es en principio un orden “funcional” en la propiedad privada. No obstante, esa exaltación cortés y romántica del adulterio que sufre Emma sólo la lleva al ascetismo. Paradójico: que el erotismo se convierta en una forma de castigo al cuerpo y de vacío interior. El erotismo que practica Emma nunca la libera, sino que la esclaviza.
Por eso nada puede ser más descabellado que decir que Flaubert defendía el adulterio de Emma y que lo consideraba una forma de liberación femenina. Flaubert no lo condena, pues no es un escritor conservador, al menos en ese aspecto, pero tampoco lo exalta por sí mismo. Es capaz de comprender que tanto el matrimonio como el adulterio son sistemas de sumisión de los integrantes que, de hecho, son interdependientes.
La hija de Emma y Carlos crece en el abandono, mientras sus padres van muriendo presas de la estupidez y la ruina y el resto de los vecinos del pueblo vive en sus ilusiones mezquinas.
Me animé a leerla porque Michel Onfray critica el bovarismo. Antes sólo había escuchado reivindicaciones de esta dama: que era una mujer valiente que se había atrevido a serle infiel a su esposo y era una especie de mártir de las feministas. Añadámosle a eso la extensión y minuciosidad de las novelas realistas del siglo XIX...
Cuando se genera controversia de un asunto sobre el cual todas las opiniones parecían coincidir, se genera necesariamente interés. Además, el tema de la moral y la libertad, en específico en su relación con el erotismo, es fundamental.
¿Es Emma Bovary una mujer valiente, atrevida y liberada? No lo suficiente. No se distingue mucho del resto de la sociedad, que también es crudamente criticada por Flaubert. Quizá la diferencia esencial entre ella y los demás consiste en su mayor desprecio por la vida y su tendencia a buscar el sufrimiento.
Todos los personajes son en mayor o menor grado farsantes, frívolos y cobardes.
Emma recuerda a otro personaje del escritor: Felicidad, de “Un corazón simple”: una chica abandonada que termina por aferrarse al amor de un perico e imaginar que le habla, aunque esté muerto. El caso de Emma es aún más grave, porque es abandonada en primer y último lugar por ella misma. Y teniendo todos los recursos, los desperdicia hasta quedar en la ruina económica y emocional.
El bovarismo consiste en estar permanentemente insatisfecho, anhelando lo que no se tiene y despreciando lo que se tiene, aunque antes haya sido muy deseado. Es una idealización de lo deseado, muy acorde, valga la redundancia, con las filosofías idealistas, que exaltan mundos ficticios y “superiores” en detrimento de lo inmanente y material (la “filosofía” perfecta para el consumismo y la sumisión). Al mismo tiempo, es frívola. Su hombre perfecto no sólo debe ser guapo y romántico, sino también rico y con maneras artistócratas.
El cristianismo es parte de la decoración grandilocuente y de la exaltación narcisista de imaginarse a uno mismo como mártir a pesar de su egoísmo. El amor cortés, que glorificaba el adulterio a finales de la Edad Media, y que era practicado por las élites (de hecho era obligatorio tener amantes en la herejía cátara, de donde parte, según una hipótesis), se vulgarizó en Occidente, como observa Denis de Rougemont, y ahora hasta la clase dominada puede darse esos lujos tortuosos y telenovelescos. Es necesario aclarar que este no es un comentario moralista contra el adulterio. La monogamia es en principio un orden “funcional” en la propiedad privada. No obstante, esa exaltación cortés y romántica del adulterio que sufre Emma sólo la lleva al ascetismo. Paradójico: que el erotismo se convierta en una forma de castigo al cuerpo y de vacío interior. El erotismo que practica Emma nunca la libera, sino que la esclaviza.
Por eso nada puede ser más descabellado que decir que Flaubert defendía el adulterio de Emma y que lo consideraba una forma de liberación femenina. Flaubert no lo condena, pues no es un escritor conservador, al menos en ese aspecto, pero tampoco lo exalta por sí mismo. Es capaz de comprender que tanto el matrimonio como el adulterio son sistemas de sumisión de los integrantes que, de hecho, son interdependientes.
La hija de Emma y Carlos crece en el abandono, mientras sus padres van muriendo presas de la estupidez y la ruina y el resto de los vecinos del pueblo vive en sus ilusiones mezquinas.
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martes, 6 de octubre de 2009
Neta de saber e ignorar
Hay tres clases de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe y saber lo que no debiera saberse.
François de La Rochefoucauld
François de La Rochefoucauld
jueves, 17 de septiembre de 2009
Hundidos en la descomposición corporativa. Pero de la podredumbre también nace la vida
El documental The Corporation (Mark Achbar, Jennifer Abbott y Joel Bakan, 2003) explica claramente cómo las empresas capitalistas pasaron, de ser limitadas por los gobiernos y restringidas a una zona, a ser transnacionales prácticamente intocables y con el control de muchísimos recursos.
Hoy en día es fácil darse cuenta de cómo las grandes compañías son las que mandan en casi todos los aspectos de la vida: alimentación, salud, entretenimiento, vestido, comunicaciones, vivienda, política, sexualidad, arte, etcétera. Lo grave de la situación, y de lo que por desgracia mucha gente no se ha percatado, es
1) la manera terrible en la que obtienen los recursos y el poder,
2) el daño que causan en sí mismos muchos de los productos que nos venden y
3) que devolverle a la vida un poco de la dignidad que han ultrajado implica combatir todo el aparato social en el que estamos inmersos.
Todos estos aspectos ya han sido estudiados ampliamente por filósofos, sociólogos, economistas y científicos que han querido llegar al fondo de los problemas. Han dado varias alternativas, algunas de las cuales son utópicas (Marx así llamó a algunas propuestas socialistas de filósofos como Saint-Simon y Owen; ahora que para muchos el mismo Marx también es utópico).
Por supuesto, la pregunta ya no es por qué el mundo está tan mal ni por causa de quiénes, sino qué hacer para remediarlo. Y esa ha sido una buena pregunta desde hace mucho mucho tiempo.
El ser humano, sabiendo hablar y escribir, siendo supuestamente inteligente, teniendo memoria y objetos para conservar la memoria (libros, computadoras, fotografías, películas, edificios, esculturas...), parece no aprender de su historia colectiva, y a veces ni siquiera aprende de su historia individual.
De este modo, temas que para algunos ya están obsoletos y se han discutido desde hace siglos, siguen apareciendo como interrogantes, por el simple hecho de que la realidad demuestra no haber superado esa condición de miseria que tiene desde hace milenios.
Podría criticarse del documental el no dar una alternativa clara ante el sistema capitalista actual. Pero esa es una exigencia mayúscula, pues ¿quién la tiene ahora? Eso sí, la cinta parece indicar que es posible un capitalismo “humano”, preocupado sinceramente (hay que subrayar esta palabra ante la moda pseudoecológica y orgánica que han adoptado las corporaciones y los gobiernos como una simple máscara bonachona) por los seres humanos y la naturaleza. Un capitalismo moderado. Eso, que se parece mucho a la socialdemocracia (impracticable por cierto en gran parte del planeta), es una falsa solución, una evasión. Una trampa para dar después la puñalada por la espalda. El capitalismo tiene un lado humano, porque está hecho por humanos, pero es justamente el lado monstruoso del ser humano. No ha habido un capitalismo no monstruoso. Y no lo puede haber. No nos hagamos ilusiones ni compremos su publicidad.
Me gustó, sobre todo, la última entrevista a Michael Moore, quien se ha merecido el respeto de la gente con sus programas y películas que siempre van mucho más allá del entretenimiento o la información, que pasan o buscan pasar a la acción social. Dice que pudiera parecer contradictorio que él haga películas donde ataque constantemente a las grandes empresas y lo que representan y que grandes empresas produzcan y distribuyan sus películas. Sabe perfectamente que lo financian porque hace productos vendibles y a ellos lo único que les interesa es vender. Además, creen que no habrá mayores consecuencias y que la gente se quedará en su sillón al terminar la película. A pesar de eso dice que está convencido de que mucha gente no se quedará solamente en su sillón. Algo pasa en sus cabezas, la indignación se acumula y crece, la chispa de la rebelión, aunque débil aún, no está apagada y es peligrosa para el sistema. Creo que esa es la meta que debe tener todo crítico del sistema en la actualidad. Una meta realista, pues no estamos en un momento de mucha fuerza del proletariado como para hacer la revolución que quisiéramos. Una meta que aunque parezca corta, es una grieta que crecerá.
Hoy en día es fácil darse cuenta de cómo las grandes compañías son las que mandan en casi todos los aspectos de la vida: alimentación, salud, entretenimiento, vestido, comunicaciones, vivienda, política, sexualidad, arte, etcétera. Lo grave de la situación, y de lo que por desgracia mucha gente no se ha percatado, es
1) la manera terrible en la que obtienen los recursos y el poder,
2) el daño que causan en sí mismos muchos de los productos que nos venden y
3) que devolverle a la vida un poco de la dignidad que han ultrajado implica combatir todo el aparato social en el que estamos inmersos.
Todos estos aspectos ya han sido estudiados ampliamente por filósofos, sociólogos, economistas y científicos que han querido llegar al fondo de los problemas. Han dado varias alternativas, algunas de las cuales son utópicas (Marx así llamó a algunas propuestas socialistas de filósofos como Saint-Simon y Owen; ahora que para muchos el mismo Marx también es utópico).
Por supuesto, la pregunta ya no es por qué el mundo está tan mal ni por causa de quiénes, sino qué hacer para remediarlo. Y esa ha sido una buena pregunta desde hace mucho mucho tiempo.
El ser humano, sabiendo hablar y escribir, siendo supuestamente inteligente, teniendo memoria y objetos para conservar la memoria (libros, computadoras, fotografías, películas, edificios, esculturas...), parece no aprender de su historia colectiva, y a veces ni siquiera aprende de su historia individual.
De este modo, temas que para algunos ya están obsoletos y se han discutido desde hace siglos, siguen apareciendo como interrogantes, por el simple hecho de que la realidad demuestra no haber superado esa condición de miseria que tiene desde hace milenios.
Podría criticarse del documental el no dar una alternativa clara ante el sistema capitalista actual. Pero esa es una exigencia mayúscula, pues ¿quién la tiene ahora? Eso sí, la cinta parece indicar que es posible un capitalismo “humano”, preocupado sinceramente (hay que subrayar esta palabra ante la moda pseudoecológica y orgánica que han adoptado las corporaciones y los gobiernos como una simple máscara bonachona) por los seres humanos y la naturaleza. Un capitalismo moderado. Eso, que se parece mucho a la socialdemocracia (impracticable por cierto en gran parte del planeta), es una falsa solución, una evasión. Una trampa para dar después la puñalada por la espalda. El capitalismo tiene un lado humano, porque está hecho por humanos, pero es justamente el lado monstruoso del ser humano. No ha habido un capitalismo no monstruoso. Y no lo puede haber. No nos hagamos ilusiones ni compremos su publicidad.
Me gustó, sobre todo, la última entrevista a Michael Moore, quien se ha merecido el respeto de la gente con sus programas y películas que siempre van mucho más allá del entretenimiento o la información, que pasan o buscan pasar a la acción social. Dice que pudiera parecer contradictorio que él haga películas donde ataque constantemente a las grandes empresas y lo que representan y que grandes empresas produzcan y distribuyan sus películas. Sabe perfectamente que lo financian porque hace productos vendibles y a ellos lo único que les interesa es vender. Además, creen que no habrá mayores consecuencias y que la gente se quedará en su sillón al terminar la película. A pesar de eso dice que está convencido de que mucha gente no se quedará solamente en su sillón. Algo pasa en sus cabezas, la indignación se acumula y crece, la chispa de la rebelión, aunque débil aún, no está apagada y es peligrosa para el sistema. Creo que esa es la meta que debe tener todo crítico del sistema en la actualidad. Una meta realista, pues no estamos en un momento de mucha fuerza del proletariado como para hacer la revolución que quisiéramos. Una meta que aunque parezca corta, es una grieta que crecerá.
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sábado, 5 de septiembre de 2009
Cambios
Yes there are two paths you can go by
But in the long run
There's still time to change the road you're on
Led Zeppelin, "Stairway to Heaven"
But in the long run
There's still time to change the road you're on
Led Zeppelin, "Stairway to Heaven"
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martes, 11 de agosto de 2009
Una buena definición de humano
El ser humano no es un animal racional, sino sólo capaz de razonar.
Jonathan Swift
Jonathan Swift
lunes, 10 de agosto de 2009
La religión, un ridículo compartido
La película Religulous (2008, traducida como Reli¿qué?) es simplemente genial. Bill Maher hace lo que Sócrates: conversar con la gente, preguntándole cosas de sus propias creencias usando la razón. No tardan muchos segundos en caer en las contradicciones o francas mentiras. Y es que, en efecto, las religiones y creencias esotéricas en general se blindan contra la inteligencia, pero ella es siempre más fuerte.
Ahí está la evidencia de las mentiras, sólo hay que querer verla. Moralmente, las religiones son misóginas, homofóbicas, racistas, genocidas, y los líderes religiosos enriquecidos, del mismo modo que los que ocupan cargos públicos. Todos ellos viven de engañar y someter a la gente. Históricamente, las religiones se copian mutuamente desde hace miles de años, no tienen nada de original, más que la combinación que hacen. Racionalmente, dicen cosas estúpidas, como la resurrección, el embarazo de una virgen, las razas superiores y pueblos elegidos, animales parlantes, caballos voladores, voces del cielo...
No tiene favoritismos, lo mismo cristianismo, judaísmo, islam, panteísmos, creencias en aliens. Es una película muy graciosa, extremadamente en ocasiones. Sin duda la combinación religión-ridículo del título en inglés es afortunada, pues los entrevistados son los mejores cómicos que he visto.
Pero el lado oscuro es insoslayable. Maher subraya la responsabilidad que tienen todos los creyentes, y no sólo los líderes corruptos. Incluso quienes creen a medias. Dice que del mismo modo que uno debe salirse de un partido político racista, uno debe salirse de las religiones, pues todas tienen mucha sangre y mentiras arrastrando. Ellas, en efecto, siempre relacionadas "casualmente" con políticos y hombres poderosos, son causantes de la destrucción que vive el planeta y sus habitantes. No podemos seguir apoyándolos. Es más, es urgente y necesario enfrentarlos.
Ahí está la evidencia de las mentiras, sólo hay que querer verla. Moralmente, las religiones son misóginas, homofóbicas, racistas, genocidas, y los líderes religiosos enriquecidos, del mismo modo que los que ocupan cargos públicos. Todos ellos viven de engañar y someter a la gente. Históricamente, las religiones se copian mutuamente desde hace miles de años, no tienen nada de original, más que la combinación que hacen. Racionalmente, dicen cosas estúpidas, como la resurrección, el embarazo de una virgen, las razas superiores y pueblos elegidos, animales parlantes, caballos voladores, voces del cielo...
No tiene favoritismos, lo mismo cristianismo, judaísmo, islam, panteísmos, creencias en aliens. Es una película muy graciosa, extremadamente en ocasiones. Sin duda la combinación religión-ridículo del título en inglés es afortunada, pues los entrevistados son los mejores cómicos que he visto.
Pero el lado oscuro es insoslayable. Maher subraya la responsabilidad que tienen todos los creyentes, y no sólo los líderes corruptos. Incluso quienes creen a medias. Dice que del mismo modo que uno debe salirse de un partido político racista, uno debe salirse de las religiones, pues todas tienen mucha sangre y mentiras arrastrando. Ellas, en efecto, siempre relacionadas "casualmente" con políticos y hombres poderosos, son causantes de la destrucción que vive el planeta y sus habitantes. No podemos seguir apoyándolos. Es más, es urgente y necesario enfrentarlos.
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miércoles, 5 de agosto de 2009
El ladrón de orquídeas (Adaptation) y el problema de escribir
Esta película cuenta la historia de un guionista (Charlie Kaufman —quien en la vida real es un importante guionista—, Nicholas Cage) que no sabe cómo adaptar un libro al cine. La novela se llama justamente El ladrón de orquídeas, y narra la experiencia de una reportera (Susan Orlean, Meryl Streep) que investiga el robo de orquídeas y termina fascinada con el ladrón (John Laroche, Chris Cooper), un patán que en su novela es retratado como un sabio filósofo que le revela a Susan el sentido de la existencia. Charlie es tímido y está acomplejado, se enamora de todas las mujeres y con ninguna tiene éxito. Es el inverso de su hermano gemelo Donald. Su hermano lo convence de seguir a Susan para averiguar más de su vida y descubren que es amante de Laroche y es adicta a una droga exótica que él le da. Charlie a su vez es descubierto mientras ellos tenían sexo y es perseguido a balazos por Susan, quien está dispuesta a matarlo con tal de que nadie se entere de esa parte de su vida. Se oculta con su hermano en el pantano, Laroche muere mordido por un cocodrilo y Donald muere por un balazo. Todo se aclara con la policía. Finalmente, Charlie se atreve a besar a una chica de la que está enamorado pero a la que nunca le dijo nada y, aunque ella tiene novio, le corresponde en los sentimientos. La cinta termina en que Charlie sabe cómo hacer la adaptación: hablará de sí mismo, de cómo se siente feliz porque es correspondido.
Lo que me pareció más interesante de esta película es que refleja el problema literario de sobre qué escribir. Charlie no sabe cómo hacer la adaptación. Está fascinado con la historia y con la autora, de quien se enamora platónicamente, sin conocerla. No sabe cómo empezar. En una conferencia sobre guionismo, el conferencista (Robert McKee, Brian Cox), dice que un guionista no debe hacerle perder el tiempo al espectador, sino que debe contar grandes historias que emocionen a la gente. Charlie dice que él no sabe qué contar, porque a él no le pasa nada grandioso y las cosas grandiosas casi no pasan en la vida real. McKee le dice que sí pasan. Hay guerras, traiciones, miseria, amor, cosas grandiosas y reales sobre las cuales escribir. Pero Charlie siente eso lejano de cualquier modo. Siente que escribir de eso es muy artificial y trillado, y por otro lado, tampoco le ve caso escribir de su existencia gris y frustrada ni evadirse inventándose una vida que no tiene nada que ver con la suya.
La novela de El ladrón de orquídeas cobra vida en la persecución que termina en dos muertes y en la ruina de la imagen de Susan Orlean como escritora brillante y sensible, pues es sólo una ambiciosa de doble moral. Esta película humaniza al escritor, encarnado en Charlie Kaufman, su hermano Donald (quien escribe novela policiaca), y en Susan. Ninguno de los tres es el gran genio en el sentido tradicional. Charlie no sabe cómo escribir ni cómo vivir, Donald sólo está a la caza de anécdotas originales y vacías, y Susan escribió un best-seller y es una farsante. Sin duda, me quedo con Charlie, quien al no tener una gran historia qué contar, nos cuenta su historia, profundamente humana y sincera, pues la literatura no consiste en realidad en contar historias emocionantes que nos hagan sentir que vivimos una aventura exótica y extrema y que nuestra vida se ha solucionado, o no tan sólo en eso. La literatura (y, en este caso, el cine también, arte en el que es aún más difícil encontrar reflexiones sobre el mismo quehacer de autor y espectador pues la inversión económica está centrada en entretener al pueblo), para Charlie Kaufman y para muchos artistas contemporáneos, es un espejo de lo que el ser humano es realmente, sin grandeza ni perfección, o con la grandeza de su sencillez y sus debilidades que, finalmente, conducen a la conciencia y al enfrentamiento de la vida misma.
Lo que me pareció más interesante de esta película es que refleja el problema literario de sobre qué escribir. Charlie no sabe cómo hacer la adaptación. Está fascinado con la historia y con la autora, de quien se enamora platónicamente, sin conocerla. No sabe cómo empezar. En una conferencia sobre guionismo, el conferencista (Robert McKee, Brian Cox), dice que un guionista no debe hacerle perder el tiempo al espectador, sino que debe contar grandes historias que emocionen a la gente. Charlie dice que él no sabe qué contar, porque a él no le pasa nada grandioso y las cosas grandiosas casi no pasan en la vida real. McKee le dice que sí pasan. Hay guerras, traiciones, miseria, amor, cosas grandiosas y reales sobre las cuales escribir. Pero Charlie siente eso lejano de cualquier modo. Siente que escribir de eso es muy artificial y trillado, y por otro lado, tampoco le ve caso escribir de su existencia gris y frustrada ni evadirse inventándose una vida que no tiene nada que ver con la suya.
La novela de El ladrón de orquídeas cobra vida en la persecución que termina en dos muertes y en la ruina de la imagen de Susan Orlean como escritora brillante y sensible, pues es sólo una ambiciosa de doble moral. Esta película humaniza al escritor, encarnado en Charlie Kaufman, su hermano Donald (quien escribe novela policiaca), y en Susan. Ninguno de los tres es el gran genio en el sentido tradicional. Charlie no sabe cómo escribir ni cómo vivir, Donald sólo está a la caza de anécdotas originales y vacías, y Susan escribió un best-seller y es una farsante. Sin duda, me quedo con Charlie, quien al no tener una gran historia qué contar, nos cuenta su historia, profundamente humana y sincera, pues la literatura no consiste en realidad en contar historias emocionantes que nos hagan sentir que vivimos una aventura exótica y extrema y que nuestra vida se ha solucionado, o no tan sólo en eso. La literatura (y, en este caso, el cine también, arte en el que es aún más difícil encontrar reflexiones sobre el mismo quehacer de autor y espectador pues la inversión económica está centrada en entretener al pueblo), para Charlie Kaufman y para muchos artistas contemporáneos, es un espejo de lo que el ser humano es realmente, sin grandeza ni perfección, o con la grandeza de su sencillez y sus debilidades que, finalmente, conducen a la conciencia y al enfrentamiento de la vida misma.
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miércoles, 17 de junio de 2009
La era de la fugacidad
Hace unos días conversaba con Valquiria Wey sobre la novela actual. A propósito de mi investigación sobre César Aira, quien tiene novelas de cien páginas que además corren a un ritmo vertiginoso. Ella decía que en la actualidad la gente ya no quiere leer novelas extensas. La vida ahora es tan acelerada, que leer novelotas es una actividad que contrasta mucho con lo demás, sobre todo en una sociedad tan audiovisual como la nuestra, donde a lo más uno está dos horas viendo una película que de hecho, si no es emocionante, abandona. Repliqué: ¿pero y los best-sellers? El Código da Vinci o Crepúsculo son novelas gruesas, y muchas veces constituyen continuaciones. "Novelas de alberca", me dijo, con toda razón. La gente las lee muchas veces para distraerse y tener tema de plática y hacerse los cultos actualizados, mientras puede estar de vacaciones. Son ciertamente literatura ligera, con suspenso pero sin profundidad. Pero aún así, ¿pasarse la tarde leyendo, como en el siglo XIX, cuando no había televisión? Eso, en efecto, ya se acabó. Yo mismo debo confesar que Aira me atrajo por su brevedad, entre otras cosas. Quízá estamos en una era en la que concentrarse durante un tiempo considerable (a veces quisiera que mis alumnos se concentraran al menos por cinco minutos) y aprehender historias largas cada vez es más anacrónico.
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