Para el budismo, el lenguaje ostenta un carácter limitado, consecuencia de su origen humano. Las palabras no tienen valor intrínseco, no se asientan sobre un poder superior. El lenguaje es asunto convencional: no existen palabras o secuencias que "correspondan" a algún tipo de realidad independiente. (...) Nagarjuna, sabio tibetano, lo expresaba de forma radical: el lenguaje jamás puede capturar el modo en que algo es de verdad. (...) Las palabras son incapaces de expresar una verdad definitiva (el lenguaje tiene un valor muy relativo).
En cambio, las palabras que pueden permitir la iluminación no conocen límite
Alberto Silva, El libro del haiku, Visor, Madrid, 2008, p. 458 y 460.